miércoles, 29 de mayo de 2013

Estados de ánimo



Unas veces me siento
como pobre colina
y otras como montaña
de cumbres repetidas.

Unas veces me siento
como un acantilado
y en otras como un cielo
azul pero lejano.

A veces uno es
manantial entre rocas
y otras veces un árbol
con las últimas hojas.
Pero hoy me siento apenas
como laguna insomne
con un embarcadero
ya sin embarcaciones
una laguna verde
inmóvil y paciente
conforme con sus algas
sus musgos y sus peces,
sereno en mi confianza
confiando en que una tarde
te acerques y te mires,
te mires al mirarme. 

                                                                       Mario Benedetti

domingo, 26 de mayo de 2013

Para esos momentos


     Llora, princesa, llora si es lo que tu corazón te reclama.      

     En las nubes pintaremos un te quiero con el humo de nuestros alientos. Escribiremos palabras deformes para dar forma a la vida. Sacaremos a pasear el perro de dientes afilados y caricias calientes. Jugaremos a la ambigüedad del salón de te. Nuestras carcajadas serán la medicina para aliviar injusticias de vida. En cada desvarío quedará impregnada una gota de amor. Hablar por hablar, desahogarse del trago amargo de la vida. Y mirar al cielo suplicando la felicidad de quien tantos cuentos dibujó con su sonrisa. 

     Llora, princesa, llora para limpiar angustias que los demás comprendemos. Y desde nuestras locuras al aire, buscaremos tu calma. Mañana reirás con nosotros, disfrutarás con nosotros, porque siempre estaremos esperando. 

     Mañana volverá a brillar el sol y tú con él. Y hoy, dos latidos de cada cuatro de nuestro corazón, son para tí.



lunes, 20 de mayo de 2013

Ese niño cabezota


     Lo de ser cabezota no se aprende, yo creo que siempre lo he sido. Dicen que es porque soy tauro, pero yo creo que es porque soy torpe y cuando consigo subirme en el burro no hay quien me apee. Ya me lo decía mi madre cuando subía y bajaba las escaleras a todo correr: "te has empeñado y algún día sacas la cabeza por la ventana". La ventana era una que había hacia la mitad de la escalera. Gracias a mi insistencia comprobé que los cristales también se pueden atravesar. Se quedan hechos añicos, pero atravesarlos, se atraviesan. Os lo aseguro con conocimiento de causa.

     Y esa cabezonería me ha acompañado toda la vida.

     Recuerdo algo que me ocurrió en 5º de EGB (en mis tiempos no había... ESO). A mi me daba por comprender las cosas más que por estudiarlas sin más; como ya he dicho antes, debido a mi torpeza e inutilidad como memorizador. Y así aprendí el tema de la electricidad. Aquello de que pasaban electrones de un átomo a otro y de ese modo se producía la corriente eléctrica. Según el libro de texto que utilizábamos en aquel curso, la corriente pasaba del polo positivo al negativo. Craso error el de aquel libro. No por el dato equivocado, sino por haberse puesto delante de mí. Porque yo no me iba a conformar. Y así se lo hice saber a mi profesora doña Ele (el nombre era más feo que ella, porque era mi amor platónico, como suele pasar con las profesoras). Le argumenté que si la corriente eléctrica eran electrones, éstos debían salir expulsados de donde había exceso de ellos, o sea, del polo negativo. Como puede deducirse, yo no era nadie para cambiar algo que aparecía en el libro. Así que me tenía que resignar. Pero eso no iba conmigo.

     Y apareció la preguntita de marras en un examen. 

     Ni corto ni perezoso, ni conforme y cabezón, mi contestación fue "El libro dice que la corriente eléctrica sale del polo positivo hacia el polo negativo. Pero está mal. Lo cierto es que salen del polo negativo en dirección al polo positivo."  Y la señorita Ele me calificó con un 4,5 a pesar de haber contestado correctamente a las demás preguntas.

     Pude ratificar, años después, que mi hipótesis era la correcta. Lástima no haber tenido Internet por aquel entonces.

     Pero suspendí aquel examen. Y me traumatizó hasta tal punto que, aún hoy, mi cabezonería me hace pensar que lo más importante es tener fe en los propios conceptos e ideas

     Gracias, doña Ele.
     




domingo, 19 de mayo de 2013

Mi viaje a Ítaca




     No me reiré como de mí se rieron, pero veo los trozos pasar y no siento lástima. Ni haré leña del árbol caído aunque conmigo se hicieron hogueras. Sólo lamento que cuando descubra arrodillada alguna cara de los que de mí se mofaron no sabré qué decir.

     La vida marca los ritmos y sólo hay que saber esperar con la cabeza alta, cuando sientes que la injusticia se cierne sobre ti. No perder jamás la dignidad y, ante afrentas y desdenes, creer en la propia verdad, a pesar de descréditos y rechazos.
     Ya lloré, ahora no hay lágrimas. Ya caí, pero me levanté enseguida. 
     Seguí navegando, a pesar de las tormentas, sin miedo a salir a la mar en una pequeña barcaza. Con muchas lanchas empecé travesías hasta tener un velero de tres palos. Y disfruté en cada uno de los viajes. 

     En algún tiempo pensé (defecto muy humano) en la venganza o el contraataque. Sí, no puedo negarlo. Pero fue tiempo perdido. Ahora, a toro pasado, veo que el tiempo que desperdicié en esa idea sólo era un freno para llegar a mi meta. Suerte que no fue demasiado.

     Sigo mi viaje a Ítaca.



sábado, 18 de mayo de 2013

El jardín de Utopía

  
    Quiero construir un jardín con corales donde los lamentos reposen sus pies cansados y se calienten con el abrazo de una palabra sin desgastar. Donde canten los grillos del recuerdo repiqueteante. Donde los pájaros del amor hagan nidos con pequeñas ramas de consuelo. Donde se crucen los arroyos de la amistad en cascadas de escalofríos espumosos. Donde las fuentes rían amarguras y alegrías desde el manantial del cariño. Donde una estrella de mar salude a sus hermanas del cielo y bailen una armonía de comprensión entre parterres de flores ardientes. Donde las rocas apoyen el tronco herido de una encina de hojas desprendidas. 
     Donde la oscuridad no impida sentir todo su esplendor y baste cerrar lo ojos para sumarse al gran festejo. 
     Y plantaré lealtades de pétalos morados, enredaderas de ánimos, sonrisas trepadoras y setos de generosidad. Lo regaré con sueños y lo protegeré de las plagas abonándolo con fe y confianza, que he oído que son fertilizantes únicos y efectivos.

     Creo que puede ser un hermoso jardín, aunque sean años los que tarde en florecer y haya que seguir cuidándolo día a día para que no pierda su belleza.


viernes, 17 de mayo de 2013

Soy ser


     Si quieres saber quién soy no mires mis pasos, mira mis ojos.
     En la punta de los dedos sostengo todo mi ser. 
     Y poco más que una brizna de polvo que vuela a cada instante, se desvanece y vuelve a caer. 
     Imperfecto como el silencio que aturde o la mañana que no llega. 
     Sutil como una caricia que no me roza.
     Lejano como el aire que me envuelve.
     Efímero como una gota de lluvia.
     Herido como la palabra ahogada entre los dientes.
     Oscuro como el eco de un rayo.
     Centelleante como un cristal clavado en la tierra.
     Simple como la espuma de un río que, movida por la corriente, se desvanece en un remolino.
     Tan pequeño como la flor de la manzanilla que brota en un campo de amapolas.
     Mi brillo no es de bala de fusil, ni mi sonido es el azote de un látigo.

     Y a cada paso, perdido, sentido, olvidado. Haciendo el camino.
   

miércoles, 15 de mayo de 2013

La puerta cerrada


Una maleta de sueños y un traje de olvido.
La puerta se cerró con un crujido.
La ventana aún abierta, hizo volar los visillos.

Sin mirar atrás, sintió en sus huellas el frío.
Mordió en sus labios un quejido.
Y se nublaron sus ojos por lo que pudo haber sido.

De tantos pasos y momentos construídos
una cama deshecha es testigo.
Gratitud y cariño volaron al aire de estío.

Vio la casa derrumbarse a la sombra de un suspiro.
Nadie pintaba sus muros, nadie regaba su tilos.
Alacenas y bodega agotaron el pan y el vino. 

Huyó del recuerdo, se embozó en su abrigo
y con la vista hacia el frente continuó su camino.





sábado, 11 de mayo de 2013

Tallo feo, verdeoscuro, de hojas diminutas.


     No era un tallo cualquiera, era feo, verdeoscuro, de hojas diminutas. Y había decidido brotar al borde de un camino, justo donde la curva hacía girar a los paseantes. Solitario y desprotegido nadie reparaba en él. Pisada a pisada sufría la desconsideración de los que no veían en él más que un vulgar hierbajo. El tallo feo, verdeoscuro y de hojas diminutas volvía a renacer de sus pequeños brotes empeñado en superar la dura prueba que le había tocado vivir en aquel recodo del camino.
     Hasta que un día un niño lanzó una piedra que fue a caer justo encima de él. Sintió el impacto de la roca pero no pudo hacer nada más que aguantar e intentar asomar su retoño, esta vez verdeclaro, por un lado del guijarro. Poco a poco fue rodeando la piedra y haciendo renacer nuevas hojas, verdeoscuras como el atardecer. 
     Al cobijo de la piedra nadie dejaba su huella en aquel rincón del camino. El tiempo iba pasando en sosiego de aquella senda. Y el tallo feo, verdeoscuro, de hojas diminutas, fue creciendo hasta convertirse en un gran roble que extendía sus brazos hacia el sol y observaba serenamente la curva del camino que, ante su majestuosidad, se había desplazado unos metros más allá.

     Así, el tallo feo, verdeoscuro, de hojas diminutas, llegó a ser el cobijo de paseantes que se aliviaban del sol y la admiración de todos.




viernes, 10 de mayo de 2013

La chova andorrera


     En mi continua búsqueda de dichos, retruécanos, chascarrillos y aforismos del pueblo, recuerdo uno que oí decir muchas veces en mi tierra toledana. "Va siempre como el cochino San Antón". No era una alusión a la limpieza, no penséis mal. Se referían a quien, como perrito sin amo, andorreaba continuamente. Andorrear, qué interesante palabra también.

     A lo que íbamos. El término "cochino San Antón" viene de una tradición que, según creo, ya no se estila. Estilar, otra palabra en desuso del vulgo. Y vulgo, otra más. 

     Retomo, que me desvío. En algunos pueblos había la costumbre de tener un cerdo de propiedad comunal al que se encargaba de dar de comer todo aquel que tenía algo que ofrecerle. El gorrino deambulaba durante todo el día por las calles del pueblo como un ciudadano más, parándose en la casa en la que le ofrecían algo de pitanza y viviendo a cuerpo de marrano. Únicamente preocupado de engordar. En algunos municipios el puerco se hacía su propio cobijo para la noche, pero en otros, se le abría la cochiquera de la casa que le pillaba más a mano al llegar la noche. Así iban pasando sus días, con una existencia libre entre los lugareños y adquiriendo esa fama de errante. Hasta que, cebado lo suficiente, se organizaba la matanza de la que disfrutarían todos vecinos. 

     De modo que, al igual que el puerco de vida callejera, aquel que se pasaba todo el día en la calle e ir sin rumbo era tildado de ser "como el cochino San Antón".

     Pues resulta que me han contado que ahora en mi pueblo no se ha perdido del todo la tradición y tienen un animalito que se pasea a sus anchas por todas partes, comiéndose bocadillos de colegiales, posándose en ventanas e incluso en el pelo de alguna señora espantada ante su visita. Una chova de refulgente pico rojo y negro plumaje. 

     ¿Se impondrá la costumbre de la Chova San Antón?    




martes, 7 de mayo de 2013

El yo de mi sombra


     Poco más que una sombra, eso somos.

    Arrastramos nuestra gallarda figura que se distorsiona al paso de cada uno de los badenes del camino. Pero que, como respuesta a cada uno de nuestros pasos, va tomando formas sinuosas dependiendo del punto de vista del observador e incluso del nuestro.
     De vez en cuando nos vemos en la lisura de una pared y creemos que esta es nuestra imagen, esbelta, tersa, perfecta. Pero ni esta es la realidad, porque todo depende de la luz que nos ilumine.
     Y así deambulamos buscando una pureza que sólo está en lo que somos. Y con lo que somos vamos proyectamos nuestro perfil dependiendo del punto de vista, de la luz, e incluso, del lugar donde se pose.

     Esa sombra que, el día que nuestro cuerpo nos abandone, sólo vivirá en el corazón de quienes la contemplaron, la sintieron, la odiaron y la amaron.

     Esa sombra que, en su imperfección, deja su huella efímera en cada recodo del camino. Y, en el momento íntimo en el que mi cuerpo se apoya para descansar, se funde en mí y somos uno, sombra y yo. 





lunes, 6 de mayo de 2013

Notas al margen de un suspiro


     ¿La felicidad? Sí, la busco en la realidad, en la comprensión de cuanto me rodea. Ni lamento los caminos emprendidos ni echo balones fuera. No me colocaré en el cómodo sillón de echar la culpa a mi alrededor. Quizá yo tenga la culpa y como tal, lo acato, apechugo y continúo. Vista al frente y "que me quiten lo bailado" o "que bailen lo que me han quitado". Pero yo sigo adelante, sin dejar que el fango de un mal día engulla mis pies. 
     Y, si hablo de sonreír, perseguir sueños y demás, ni es porque sea mejor persona, ni es por ir de "estupendo". Simplemente es porque pienso que una actitud positiva ayuda más que hundir la cabeza en el lodo o regodearme en el dolor de los demás. Así, un día más, salgo al mundo a buscar oportunidades. 

(Carta de un amigo al que encontré en un rincón de la noche)





domingo, 5 de mayo de 2013

Niño en blanco y negro


     Tenía unos ojos que, más que mirar, parecían tragarse el mundo. Su negrura brillaba como sólo puede hacerlo la vida por descubrir. Caminaba con sus pasitos cortos hacia un destino no marcado, acompasado y vivaz. En su mano apretaba un envoltorio brillante que había conseguido a cambio de una sonrisa a una señora que salía del supermercado.
     Unos pasos más allá, decidió que era el momento de desenvolver su regalo y dar buena cuenta de él. Como si de una ceremonia se tratase, no dijo nada, ni siquiera un suspiro. Sólo se sentó en un banco del parque y empezó a retorcer las orejas a aquel celofán que cubría el caramelo. El papel volvió a su mano y el contenido fue a parar a su boca.  Para él, aquello era la recompensa al sencillo detalle de una sonrisa. Todo un éxito para el niño que se sentía caminar solo en un mundo que no terminaba de encajar en su alma hecha de sueños.
     Saboreaba pausadamente con la vista clavada en el infinito, dibujando con su mente un universo futuro con colores sin estrenar y sensaciones de piel limpia.

     Poco imaginaba que no todos los aplausos que iba a recibir en el futuro serían tan dulces como aquel caramelo.




sábado, 4 de mayo de 2013

Hablar, decir, sentir.


     Hablar, decir, sentir.
     Desnuda el alma y sin máscaras refulgentes.
     Atravesando el paisaje donde las ramas golpean bosques de hojas codiciosas,
     caminando entre rocas y respirando los suaves aromas del borde del camino.

     Como un niño, con las manos vacías de armas blancas,
     se lanza al vacío sin red de oscuro trenzado.
     
     Y pone en su voz el deseo de una mirada,
     el sosiego de un oído atento,
     la magia de un café ante nosotros.

     Y habla, dice, siente.
     Sólo buscando la grandeza que da la sencillez,
     sin más anhelo que compartir los segundos, los minutos,
     las horas de un desconocido amigo.

     Como un niño.



viernes, 3 de mayo de 2013

Tren de vida


    Y vieron pasar el tren... mientras se entretenían con los carteles de la estación.

     El joven de ojos brillantes se dirigió a un hombre que, enfundado en una gabardina de color olvidado, observaba uno de los anuncios que colgaban en el andén. 
     -Feo, ¿verdad? 
     Y después apuntó sin decir nada a una extraña figura de un material que igual podía ser hierro que platino, y que yacía sobre un pedestal al final de una de las vías con una chapa de metal donde se leía "Esplendor".

     Esperó contestación mirando fijamente al hombre del gabán que, incómodo ante la situación, le dijo:
     -Si me lo quiere explicar, me lo explique. Si no, yo no adivino. Como comprenderá, me importa un pimiento.
 
     Cogió el bastón y siguió andando. El joven apresuró el paso y se volvió a colocar delante del hombre de desusado aspecto.
     -Disculpe, me gusta la cultura y me interesa, ¿no se lo he dicho? 
     -Sí me lo ha dicho. ... Me lo acaba de DECIR.

     El silencio cruzó por delante de los dos via-andantes, mientras el mayor miraba pacientemente a su alrededor. Al fin el muchacho volvió a retomar la conversación:
     -Bueno, lo comentaba porque como lleva un libro... 
     -¿Y qué? ¿Qué quiere usted? 
     -Nada, era por charlar un rato, es que he perdido el tren. 
     -Pues, en lugar de hablar tanto, esté atento.
     Su tierna mirada pareció suavizar la rotundidad de su contestación. El parlanchín volvió a la carga.
     -¿Usted acaba de llegar o está esperando algún tren? 
     -Yo siempre estoy de paso. De momento, disfruto de la estación.
     -¿Cómo puede disfrutar de esta estación? Es vieja, no es nada elegante ni exquisita.
     -Mientras pasen trenes por aquí...
     -No le veo yo mucho ánimo. Me da que usted se va a quedar siempre en este lugar, no le veo muy dispuesto a coger ningún tren.

     En ese momento, el joven se dio cuenta de que un tren estaba a punto de salir. Era el suyo. Corrió hacia él, pero las puertas se habían cerrado y ya estaba en marcha. Tuvo que volver a la taquilla a cambiar su billete. 
     Un rato después, mientras subía parsimoniosamente al tren que acababa de llegar, el hombre de aspecto desaliñado, vio cómo el muchacho seguía discutiendo con el funcionario de la taquilla. 

     Al asomarse por la ventanilla observó cómo el chico corría hacia el tren que ya había cerrado sus puertas y abandonaba la estación.




jueves, 2 de mayo de 2013

Mi pequeño tesoro

     De vez en cuando (no tanto como quisiera) toca hacer limpieza y colocación de cajones y armarios. Y, con esas, ayer descubrí, al fondo de un anaquel una caja olvidada del tiempo. Como si de un misterioso arcón en la profundidad de una isla olvidada se tratara.

     Expectación y deseo movían mis dedos en la ceremoniosa tarea de abrir unas entrañas que tantos años me esperaron dormidas.
     Una sonrisa de hojalata con su llave para darle cuerda mostraba sus bordes oxidados pero conservaba la nitidez de sus colores. Giré tres vueltas la llave, clac, clac, clac... y pude comprobar que todavía funcionaba. Debajo de ella, un plumier con lápices colores de puntas desgastadas me recordaban los infinitos sueños que dibujaron al compás de mis manos. El sacapuntas de cuchilla mellada difícilmente podía afilar las minas de colores que se ocultaban tímidas entre la madera. Su desuso lo había atrofiado. 

     Un Felipe (el de Mafalda) en miniatura, un cuaderno de bordes ensombrecidos, una armónica que no llegó a armonizar nada coherente, unas monedas de dos reales con agujerito y un descolorido telegrama. 

     Sé que a los más jóvenes estos objetos le sonarán a antediluvianos, pero formaron parte de mi vida de niño y me sirven para tener la medida de lo vivido. 

     ¡Cuántas cosas pasaron desde entonces, cuántas mejoraron y cuántas no volverán!


 

miércoles, 1 de mayo de 2013

¡Estamos que lo regalamos, oiga!


     Como en una extraña Torre de Babel, soy consciente de que hay personas que tienen su propio idioma. Pero hace tiempo que lo aprendí y hago como si hablase con un extranjero: traduzco y asimilo el significado. Porque hay expresiones que no significan lo mismo para todo el mundo. El "españovano" es un idioma curioso, porque utiliza las mismas palabras que el español pero está vacío de contenido. Aunque no se distingue a primera vista; es como un código en clave, y cuando has descifrado algunos mensajes ya tienes la plantilla con la que descodificar los siguientes.
     Me recuerda a los charlatanes que iban con el camión por los pueblos, abrían el portón y te vendían una figura en escayola (horrorosa) y te regalaban otra de "mármol puro legítimo de Carrara" (compitiendo en horterez con la anterior), una manta (de dudosa caricia), y un pasapurés. Me decía a mí mismo "la escayola no vale una mierda, pero los regalos sí que pueden ser útiles, ¿quién no tiene un cumpleaños cerca, o pasa frío en la cama, o se le atragantan los grumos de la crema de chirivías". Y entonces... ¡zas! picabas y comprabas la inútil figura de escayola. Pero, eso sí, te llevabas los regalos de relumbrón (que no usarías nunca).
     Así aprendí a pasar por mi propio pasapurés, el de las palabras, aquello que llegaba a mis oídos de quien te pretendía vender algo. Así comprendí que los charlatanes de probado hábito, cuanto me decían "soy tu incondicional", querían decir "soy tu incondicional, siempre que se cumplan las condiciones", o "en cuanto necesites mi apoyo, ahí estaré" querían decir "en cuanto necesites mi apoyo, me apoyaré en cualquier excusa para evadirte", o "avisa cuando actúes, que no me lo pierdo" querían decir "avisa cuando actúes, que me perderé con cualquier evasiva" y un sinfín de correspondencias léxicas. Hay mucho profesional de esto.

     Luego están los que tienen buenos productos, los que no necesitan pregonarlos y exponen su mercancía sin adornos. No es que no hablen de sus artículos, simplemente los muestran y los dejan probar. Y, curiosamente, son los productos de más calidad y los que más duran. De éstos sí que soy cliente. Aunque, de vez en cuando, me paro a escuchar al charlatán. Pero sin comprar, por supuesto.




lunes, 29 de abril de 2013

Bajo la tormenta



     Enredado entre los hilos del vacío,
     acaricio las palmas del deseo.
     Araño un trozo de luz que no veo
     y me hago con ella claros de estío.

     Donde el oscuro aliento del frío
     socaba los pasos de duras dudas,
     incrusto pisadas firmes y puras
     y esquivo la roca del desvarío.

     Del viento y la sonora tormenta
     cobijo mi alma en trizas ajada
     y palpo la vida que me alimenta.

     Canto con notas desvencijadas
     un profundo eco de marcha lenta
     y leves coros cubren la alborada.   





domingo, 28 de abril de 2013

Creo más, pero no me creo más.


     Crear es mirar con los ojos del corazón y dejarse llevar. Perder el miedo a fracasar y dejar que sea la imaginación quien hable. No puede haber creación si nos basamos únicamente en lo que ya está hecho. Hay que ir más allá. Si nos regimos únicamente por la efectividad, por lo que funciona, sólo estaremos copiando. Copiando lo que ya está hecho.

     Por eso me apasiona la gente que se atreve, que se moja, que inventa. Aunque se equivoque. Y también, ¿por qué no decirlo?, me producen cierto sarpullido los que van a lo seguro, los que viven de los laureles, los que se arriman a los palacetes del triunfo.

     La humildad es algo primordial para un artista, porque el día que la abandona, deja de crecer. Se dedica a repetir fórmulas que (en su convencimiento) lo hacen excelente, y denigran todo lo ajeno porque no le pueden enseñar nada. Es un modo de consumir la herencia, más o menos merecida, que posee. Sin recargar las arcas de la creatividad.  
     Y la generosidad. La entrega sin tabúes y sin intereses egoistas apoyados unicamente en el propio ego. Dar de uno mismo para crear, para sentir el sincero placer de compartir sensaciones. El respeto por el trabajo de los demás y la colaboración. 

     Hoy me he puesto un poco "profundo", pero no todos los días tiene uno la vena artística hinchada.
     ¡Qué le vamos a hacer!



sábado, 27 de abril de 2013

Paseando con la luna



     Esta noche he quedado con la luna.

     Tomaremos copas de estrellas con gotas de rocío y pasearemos entre los sueños con los pies descalzos. Sin hacer ruido, como cada noche. Buscando un apoyo entre las sombras de los árboles. Visitaremos a nuestro amigo el mar y le contaremos historias sin principio, cuentos sin fin y leyendas sin pasado. Tejeremos sábanas de cometas y pintaremos deseos sobre las rocas de la orilla. 
     Allí, los tres, disfrutaremos del vacío y llenaremos el silencio de palabras sin sonido. Mirándonos, observándonos, simplemente por el placer de perder el tiempo y la mirada en minutos eternos. Nos mecerá la nana susurrante de las olas y nuestros ojos se teñirán del brillo de la luna. ¿Qué puedo darles yo? Nada. Mi silencio del que escucha atento a cada instante, la nada de quien quiere abarcar el firmamento entre las palmas de sus manos. 

     Y, como cada noche, seguiremos el compás de las horas sin pedir nada, sin decir nada, sin tener nada. Sólo la oquedad del cielo.



martes, 23 de abril de 2013

No tengas nada en las manos




     No tengas nada en las manos
     ni una memoria en el alma,
     que -cuando un día tus manos
     pongan el óbolo último,
     cuando las manos te abran-,
     nada se te caiga de ellas.

     ¿Qué trono te quieren dar

     que Átropos no te lo quite?
     ¿Qué laurel que no se mustie
     en los arbitrios de Minos?
     ¿Qué horas que no te conviertan
     en la estatua de sombra?
     ¿Qué serás cuando, de noche,
     estés al fin del camino?

     Coge las flores, mas déjalas luego
     caer, apenas miradas.
     Al sol siéntate. Y abdica
     para ser el rey de ti mismo.


Fernando Pessoa



 

lunes, 22 de abril de 2013

Partida a ojos vistas


     Hacer por hacer, no. Pero tampoco decir por decir.

     Se lanzan los dados y se cuenta la cifra. Sin ardides ilusionistas que pretendan cambiar la partida.

     Muchas veces nos embarcamos en la volátil tarea de explicar lo magníficos que somos, los maravillosos objetivos que pretendemos, lo extraordinario que es quien nos da un beneficio y lo mediocre que resulta quien nos ha fallado o quien nos puede hacer sombra.

     Ardua faena para la que hace falta ser avispado en la palabra y diestro en la mentira.
     Hay quien lo llama don de gentes. Pero cuando la palabra no coincide con el gesto o con el comentario furtivo ajeno a las miradas, yo lo llamo falsedad.

     Quizá por mi carácter castellano, no soy muy dado al aleteo mariposil de alas desplegadas ante cualquiera. Puede que también sea por mi timidez. Pero el adorno pasional y la sonrisa impostada sólo me salen si las siento. Para simular sentimientos ya tengo mis personajes. Pero yo soy como soy y siento lo que siento.

     Por eso soy persona de pocas palabras, gesto espontáneo y mirada reposada.

     Admiro más un hecho que una intención, en el convencimiento de que un pequeño gesto puede valer más que mil promesas vanas. Y quien piense que me engaña, que me mire a los ojos.




domingo, 21 de abril de 2013

Manos de silencio


     Otro vuelo al amanecer, con el sol contorneando las palmas.
     En suaves giros buscó la nube que se esparcía
     como polvo de bellos sueños.

     Así eran mis manos en la frialdad del aire,
     dibujando caricias, acariciando alientos, alentando ideas.
     Y, en el golpe duro de palabras despiadadas
     cayó su vuelo al nido de la melancolía.

     Con el calor de la mañana
     asomó la paloma sus ajadas plumas
     y cruzó el espacio de halcones plagado.


miércoles, 17 de abril de 2013

Mañana será de día


     Volviendo otra vez a esas frases hechas o coletillas que tiene nuestro idioma, me viene a la mente una que se suele utilizar en su versión abreviada.
     Recuerdo que siempre me sorprendía cuando la oía pronunciar en toda su extensión. Es la famosa "mañana será de día", que se suele emplear cuando dejas de preocuparte por un asunto o cosa y lo dejas pospuesto hasta otro momento más propicio y clarificador. Generalmente el día siguiente.

     Pues resulta que hay una hierba que, por esas cosas del capricho culinario, es apreciada por su delicado sabor y sus múltiples combinaciones gastronómicas: el espárrago. Pero no deja de ser una hierba.
     El caso es que esta verdura crece de una raiz que, a lo largo de los años, va creando nuevos brotes que se cortan sin sacar la raiz, que a su vez será la encargada de parir nuevos brotes y, por tanto, nuevos espárragos. 
     Al permanecer varios años la mencionada planta en el mismo sitio, a su alrededor van creciendo todo tipo de hierbas que, por mucho que se esfuerce el agricultor en eliminarlas, siempre alguna parásita queda junto a la señora esparraguera. Por lo que, al recolectar la deliciosa verdura, hay que tener cuidado de no arrancar la raiz madre y, al mismo tiempo, asegurarse de que lo que se recolecta es un espárrago y no una romaza, una calabrujas, una juncia o cualquier hierbajo inservible.   

     Y ahora viene la explicación al latiguillo. 

     Hallábanse una vez una cuadrilla de jornaleros recolectando espárragos y había entre ellos una mujer a la que le faltaba un ojo. Llegada la hora en la que mengua la luz solar y el sol se adormece tras los oteros (algo poético había que poner), la señora de la "univisión" perdía su destreza en el reconocimiento de la planta y echaba a su serón todo tipo de matojos que nada tenían que ver con los apreciados espárragos.

     Así que, para evitar la ensalada de hierbajos en que se estaba convirtiendo la cosecha, el capataz decidió dar por concluida la faena con un "vamos a dejarlo. Mañana será de día y verá la tuerta los espárragos".




martes, 16 de abril de 2013

La medida del cariño


     El afecto que te tengo sólo es el resultado del que tú me has dado. A través de él camino y su ronco sonido mueve mis músculos. Ni me añores ni me huyas porque estoy donde quisiste que estuviera. El destino, que en su justicia invisible teje los hilos, nos llevará al lugar que será nuestro sitio. No hay compromisos ni reproches porque el hado será cabal con nosotros.

     Cariño, puede ser.
     Amor, también.
     Como un reflejo en el meandro calmo de un río,
     es el afecto que nos une. 

     Dedicado a tí, que te desvaneciste cuando compendiste que no era perfecto. 
     Te perdiste lo mejor de mí.
      



    

lunes, 15 de abril de 2013

Del cincel a la emoción



     Rocas hay muchas; algunas de inmediata belleza que cautivan cuando las ves por primera vez. Pero hacer una obra de arte en la roca ya es otro cantar. Esculpirla para crear algo bello se reserva para unos pocos. Sin duda, para elaborar una gran talla, conviene tener una piedra de gran tamaño en la que cincelar formas y líneas con toda la perfección de la que sea capaz el escultor. Aunque no todas las grandes rocas producen artísticas obras. Imponentes, sí, pero no necesariamente exquisitas.

     Se necesita un material que soporte los vaivenes del escoplo que dará una bella figura. Así, paso a paso se va formando la magnífica obra. Una roca que puede ser de perfecta estructura y magnífico colorido, pero que si no se labra con delicadas formas no dejará de ser un bloque muerto que no provocará ninguna emoción en quien la observe.

     Del mismo modo, el artista tampoco debe, embriagado del impaciente deseo de ver su obra terminada, conformarse con utilizar un material blando que permita una rápida talla. Habrá construido algo tan efímero como su esfuerzo.

    Y, ahora que lo pienso,... ¿estoy hablando de escultura o de arte dramático? 


lunes, 8 de abril de 2013

Chirivía de mis entretierras


     Llamarse Patata o Chufa no es nada halagüeño. A la par que vulgares, sus nombres resultan algo despectivos. Si eres una patata eres, más o menos, una porquería. ¡Buah, tu eres una patata! Vamos, que no, que no merece la pena ser una patata. Y con la chufa pasa tres cuartos de lo mismo. Sólo sirve para que te tomen a tu nombre. O sea, a chufa. Y que hagan chufas de tí no es muy agradable. O si te estrujan y te hacen horchata te quedas en nada.
     En cambio, llamarse Chirivía... eso sí que da caché. Esta es la prima rica de la zanahoria, porque ya de cuna le venía un nombre bastante ampuloso, Pastinaca Sativa, aunque se lo cambió por el nombre artístico de Chirivía. Sonoro donde los haya. "Ole con ole, la Chirivía", le dicen todos al pasar. Y eso enaltece, quieras que no. Su prima la pobre, no le puede hacer sombra, de hecho su nombre científico es bastante humillante: Daucus Carota. Nombre ignominioso, tanto como llamarse Caradura. En fin, que no le llegará nunca al estilazo de la Chirivía, toda elegante, toda fina. De la jet, vamos.
     Y no hablemos ya de la cebolla o el ajo. La una te hace llorar y el otro es pesado hasta decir basta. Eso de ser tan repetitivo no es una buena carta de presentación. Sé que hay muchos familiares que también hunden sus carnes en la tierra, pero ni un nabo, ni siquiera un remolacha me produce tanta fascinación como la chirivía.

     Por todo esto, tenía que admitirlo, y tenía que rendir culto a esta hortaliza de esbelto nombre: la chirivía. Si con pronunciar su nombre ya se te llena la boca del grácil cosquilleo de sus sílabas. 

     Es posible que esté enamorado de la chirivía. No lo negaré. Y lo grito a los cuatro vientos, ¡Chirivía! ¡Chirivía! ¡Chiriviiiiiia!




domingo, 7 de abril de 2013

Poderoso baladí



     Entre un si y un no pusiste una verja con espinas.
     Huiste del suave susurro de la verdad 
     y jugase con la algarabía del brillo deslumbrador.

     Quiero, sí.
     Renuncia, no.

     Bailaste al son de resonantes ritmos
     despreciando la cadencia de la sencilla cítara
     y, al compás de largas capas y oropeles,
     olvidaste la ceñidura del raído jubón.

     Luces, sí.
     Sombras, no.

     Entre visiones de estanpas al asombro burgués
     chocaron tus copas el vino más ventajoso
     y de mayor regocijo, despreocupado y efímero,
     salpicando de dudosas fragancias
     reputación y chanzas displicentes
     a menesterosos y golirardos de futuro incierto.

     Momento, sí.
     Incertidumbre, no.

     Y, entre síes y noes, cruel batalla libraron
     y los noes fueron síes que escuchaban en silencio.




    

viernes, 5 de abril de 2013

Sueño en blanco


          Te regalé un suspiro,
          me devolviste un quejido.

          Entre secas hojas de líneas rasgadas
          paseaba mi pluma hacia un final incierto
          de crudas palabras que se descolgaban de los renglones.
          Y, entre roncas letras, se quebró el aire.

          Hacia una nada de mudos lamentos
          caminó mi razón de sinrazón embriagada.
          Posé mi mirada en el opaco horizonte
          que atravesaba muros y distancias.

          Cayó mi trazo a través de una página
          cubierta de vacío y renglones por llenar.
          La sombra y la luz se fundieron 
          en un abrazo y calentaron su deseo.

          Todo por escribir, mucho por vivir,
          escalofríos por dibujar, y un lienzo por latir.




martes, 2 de abril de 2013

El sueño oscuro


     Había sido una noche de extraña tormenta. No había relámpagos, no había truenos, ni siquiera lluvia. Pero el color del cielo y el bronco ruido que hacía temblar las paredes le hacían presagiar algo devastador. 
     Corrió a cerrar las ventanas y puertas que, como impulsadas por una fuerza invisible, se resistían angustiosamente. Con toda la rapidez que pudo y tratando de no perder su entereza bloqueó todos los resquicios de la casa. La puerta trasera se oponía a bloquearse y, tras varios intentos frenados por esa fuerza que producía la sensación de estar en un universo de agua, optó por echar los dos cerrojos Fac a pesar de que el picaporte no llegaba a enclavarse.

     El sonido se hizo sordo y lejano, pero las paredes repetian vibrantemente el estruendo que se estaba produciendo en el exterior. Se cobijó en el sofá del salón y procuró que el zumbido que hacía estremecer todo a su alrededor no se apoderase de su entereza. Poco a poco el cansancio se apoderó de él hasta hacerle cerrar los ojos. 

     No sabe cuánto tiempo estuvo dormido, pero al despertar notó que el ruido había cesado fuera. Sólo oía algunos golpes secos y lejanos que parecían venir de la parte baja de la escalera. Se acercó despacio, con la prevención lógica hacia lo desconocido, y observó que los ruidos venían de detrás de la puerta oscura que cerraba una especie de armario que había bajo la escalera. Abrió la puerta y sintió el ronco gemido del aire de su interior. El sonido parecía surgir de todo aquel sombrío espacio. Sin origen concreto. De pronto observó cómo unas botas negras con brocados plateados y hebillas laterales aparecían entre la sombra. Recorrió con la mirada lo que deberían ser las piernas pero sólo pudo vislumbrar dos delgadas extremidades negras que acababan en una especie de cabeza de águila roja de plumaje ralo y caótico. 
     Sin pensar en las consecuencias e instintivamente, alargó su mano y sintió que una especie de zarpa huesuda se posaba sobre ella. Avanzó lentamente hacia la puerta que, no sabe cuánto tiempo atrás había cerrado con los dos cerrojos, y acompañó al extraño ser hacia el exterior. Mientras que, desde la puerta, veía cómo aquellas botas negras con brocados plateados se iban perdiendo en la bruma, siguió oyendo el tintineo de las hebillas que cada vez se hacía más  y más débil.
     Cerró la puerta y entró de nuevo en la casa donde sólo se apreciaba el silencio casi doloroso y el frío de una noche que había acabado al fin.

     Había descubierto qué se escondía en aquel armario que llamaba "del miedo". 




lunes, 1 de abril de 2013

Nada más allá


     Lucía saltó de la cama, la tremenda distancia que la separaba del frío suelo. Empeñada en volar en su sábana mágica había olvidado que en la tierra todo debía tener sentido. Avanzó unos pasos hasta la ventana que, con los ojos cerrados, seguía ajena al mundo de fuera. Con el esfuerzo que supone el temor a encontrarse con el mismo muro de otras veces, abrió las quejumbrosas hojas de madera cuarteada. Allí estaba, el paisaje con el que tantas veces había pasado horas y horas en conversación. Hablando en silencio. Nada se movía. Alguna rama o algún tallo que armonizaban su baile al son del viento, o algún pájaro que bordaba su invisible dibujo en el cielo. 

     No podía comprender cómo tanta belleza y tanta paz había sido olvidada por el otro mundo, el de las prisas, de las responsabilidades, de los compromisos, el del rencor. Un mundo enfermo con el peor de los males, el materialismo. En el otro mundo todo tenía una justificación. Cuando había que explicar algo, la razón más contundente era el dinero.

     Para Lucía hoy todo eran preguntas. Y el campo callaba; sólo el rocío parecía contestar con las lágrimas que cubrían el verdor inmóvil. Lucía no tenía nada, sólo a sí misma. Y aquella tierra dura, herida por el tiempo, parecía agotada de soportar el egoísmo humano. Allí todo era armonía y convivían la roca más dura con el más tierno brote de una tímida flor. Callaba. El silencio de un llanto ahogado. 

     Lucía lo miró con tristeza y alargó su mano. Sintió la caricia de una brisa triste. Recibió el tímido aroma de fragancias solitarias. Desesperanza. Volvió a su cama y se entregó de nuevo a sus sueños. 



domingo, 31 de marzo de 2013

Envidia, dia a dia

    
Cuentan la historia, señores,
del Conde de Cucamonas;
es Conde lo que amontona
y atesora sus rencores.

Avaro en fe y parabienes
no da ni los buenos días,
y con sus miradas frías
un experto es en desdenes.

Oculto en calleja umbría
observa solaces ajenos
ardiendo en su pecho truenos
de inquina. ¡Qué algarabía!

¿Por qué aquestos pordioseros
-se pregunta el susodicho-
pueden holgar a capricho?
Si yo no puedo, ellos menos.

Andábase en tal cuita
aquel Conde en su gatera,
que tropezando en la acera
al suelo se precipita.

¡Mal haya la suerte mía,
que de desdichas me anega!
¡Ahora a mi inquina agrega
este dolor! ¡Aciago día!

Aplicaos, pues, este cuento
del Conde de Cucamonas.
Que al final te desmorronas
si resquemor usas de ungüento.


                                      Eduardo Gutiérrez