miércoles, 9 de julio de 2014

Cuadro descolorido




Las flores de los cometas 
disfrazan su luz entre los rizos del viento.
Y ver la luna pasar, ondeante, 
como bandeja de lirios refulgentes.

Pasan los minutos livianos, 
sin besos en los labios, 
sin palabras en los ojos.

El rocío se ha hecho dueño 
del tallo ajado de una amapola solitaria, 
más allá del chirrido de los grillos.
Frío en el calor de la mañana 
que despereza arrugas descreídas.

Mirada desenfocada 
hacia un lejano presente 
y susurros estridentes 
en un vacío de los huesos.

Paisajes de un cuadro descolorido 
que reposa frente a párpados asombrados.




viernes, 28 de marzo de 2014

Teatro sin nombre





    Ayer, día 27 de marzo, en lógica armonía con el Día Mundial del Teatro, acudí a presenciar la correspondiente obra teatral. No diré el nombre de la misma para no hacer mella ni influir en los espectadores que, a buen seguro, asistirán en un futuro a ella. 
     Fue una función curiosa, por buscarle un adjetivo a la sensación que tuve desde el patio de butacas. Sé que mi conocimiento del medio y de lo que se vive entre cajas me da una visión un tanto peculiar que no tienen por qué compartir los demás espectadores. 
     El texto era bueno pero, quizá por la búsqueda de elementos efectistas, la adaptación quedaba bastante deslavazada. Con algunas lagunas argumentales suplidas con artificios difícilmente digeribles. 

     Puedo decir que los actores habían trabajado mucho para desempeñar su papel, y eso se notaba. Hecho éste que admiro y al que reconozco su extraordinario valor. Pero no me pareció que hiciesen una interpretación magistral debido a algún lapsus observado y a alguna improvisación de la que tuvieron que echar mano. Falta de escucha; en ciertos momentos parecían confluir monólogos en lugar de crear diálogos entre dos o más personajes. Altibajos en cuanto a la credibilidad de la línea argumental.

     Fallos demasiado habituales de dirección. Donde el productor dicta algunas pautas y el director no se sabe imponer como debería. Hay criterios y criterios. 

     La escenografía era suntuosa pero personalmente me pareció que le faltaba uniformidad. Quizá influído por mi experiencia en estos menesteres, me despistó que algunas riostras mal colocadas hicieran tambalearse los paneles, provocando una sensación antinatural. Magnífica la puesta en escena, apoyada en una buena producción, pero sólo conseguía distraer el desarrollo de la historia. Los detalles generales estaban cuidados, pero vi poca preocupación por los pequeños elementos del atrezzo.

     La iluminación era funcional, pero por momentos dejaba entrever algo de improvisación cuando dejaba a oscuras elementos importantes para el público. Por ello la escena quedaba turbia y llena de desconcertantes sombras. 

     Evidentemente, uno tiene una visión bastante peculiar del arte de Talía, porque los aplausos sonaron estruendosamente, aunque yo me debatía en la duda de saber si había visto una tragedia con algún punto de humor (que no me hizo reír), o una comedia de gracia dudosa. Pero el público disfrutó del espectáculo, lo vivió y el éxito fue incuestionable. No tenía sentido llevar la contraria a una platea que vitoreó el montaje. Yo sólo podía contestar con ese comentario tan recurrente cuanto te hacen la embarazosa pregunta: “como actor es una gran persona”. 

     Espero que todo fuera consecuencia de la tensión del estreno, y que, después de algunas representaciones, la obra adquiera empaque y se subsanen estas carencias.

     De todos modos no me arrepiento de haber pagado la entrada.




jueves, 6 de marzo de 2014

Amor, sin condición


Gotas del amor nacido
entre los dedos del frío.
Esparcidas en la orilla,
simiente del nuevo río.

Tanto amor antaño fluyó
como hogaño es ya ido,
mezclado con los deseos
de un sempiterno suspiro.

En una clara mirada
se adivina el desvarío
de un carnaval de palabras,
de un corazón encogido.

Besos que al aire lanzó
entre sábanas de estío
que alzan desde la razón
el recuerdo ya vivido.

Y evoca, ya con la edad,
el gozo de haber tenido
manantiales que entregar
a quien se perdió en el olvido.

No lamenta lo entregado,
porque más ha recibido,
y sabe que cuanto más dió
más hogueras ha encendido.

Lamentar, exigir, reclamar,
no son términos de amor,
porque quien ama a la Tierra,
sin ansia de posesión
aunque vengan huracanes,
y vea el mar embravecido,
buscará un rayo de sol
para alumbrar su camino.



domingo, 2 de febrero de 2014

Mi Celia, nuestra Celia


     De pronto mi mente se traslada muchos años atrás, sentado en la oscuridad de una sala de doblaje, mirando, admirando y empapándome de cada matiz que su voz provocaba.
     En un torbellino de imágenes y sonidos, mi pensamiento repasa a toda velocidad los momentos que con ella viví. Lo que me enseñó, lo que me animó y lo que me cuidó. Estar con ella era para llevar una libreta y apuntar cada palabra que decía, porque hablaba una grande del mundo del doblaje.

     También aprieto los dientes al recordar uno de los momentos más angustiosos que he vivido en el doblaje cuando, en tu última convocatoria conmigo, me dijiste "dame en el hombro cuando tenga que empezar", porque tu vista ya no te respondía. Y ese fue el último día que compartimos atril.

     Pero me quedo con los grandes momentos, tus consejos, tu respeto con el joven director que (osadía la mía) tenía que dirigirte en trabajos como aquella serie "¿Quién es el jefe?" en la que compartimos tantas horas de sala. Dale un beso a Valle, que también compartió este trabajo, cuando te la encuentres allá arriba.
     Y me quedo con uno de los mejores consejos que me han dado en la vida cuando, en un ataque de admiración, después de una de tus magistrales interpretaciones te pregunté "mami, me impresiona tu seguridad, ¿tu no te pones nerviosa delante del micro?". Te volviste y me dijiste, "claro que sí, y recuerda: cuando no te pongas nervioso delante del micrófono, déjalo hijo, vete, porque estarás acabado".

     Fuiste tu quien, en un momento en el que me acobardé ante un actor indisciplinado, te acercaste y me dijiste al oído "¿quién es el director aquí?". Siempre elegante, siempre atenta, enseñando con cada gesto, apoyando con cada mirada. 

     Hoy mi voz se queda en silencio cuando recuerdo la tuya, y sólo quiero hablar cerrando los ojos para revivir cada momento que hemos compartido.

     Adiós, Celia Honrubia. Hasta siempre, Grande entre las Grandes. Mi estrella.



viernes, 3 de enero de 2014

No culpes a nadie



Nunca te quejes de nadie, ni de nada, 
porque fundamentalmente tú has hecho 
lo que querías en tu vida. 

Acepta la dificultad de edificarte a ti 
mismo y el valor de empezar corrigiéndote. 
El triunfo del verdadero hombre surge de 
las cenizas de su error. 

Nunca te quejes de tu soledad o de tu suerte, 
enfréntala con valor y acéptala. 

De una manera u otra es el resultado de 
tus actos y prueba que tu siempre 
has de ganar.. 

No te amargues de tu propio fracaso ni 
se lo cargues a otro, acéptate ahora o 
seguirás justificándote como un niño. 

Recuerda que cualquier momento es 
bueno para comenzar y que ninguno 
es tan terrible para claudicar. 

No olvides que la causa de tu presente 
es tu pasado así como la causa de tu 
futuro será tu presente. 

Aprende de los audaces, de los fuertes, 
de quien no acepta situaciones, 
de quien vivirá a pesar de todo, 
piensa menos en tus problemas 
y más en tu trabajo y tus problemas 
sin eliminarlos morirán. 

Aprende a nacer desde el dolor y a ser 
más grande que el más grande de los obstáculos, 
mírate en el espejo de ti mismo 
y serás libre y fuerte y dejarás de ser un 
títere de las circunstancias porque tú 
mismo eres tu destino. 

Levántate y mira el sol por las mañanas 
y respira la luz del amanecer. 

Tú eres parte de la fuerza de tu vida, 
ahora despiértate, lucha, camina, 
decídete y triunfarás en la vida; 
nunca pienses en la suerte, 
porque la suerte es: 
el pretexto de los fracasados…

                                                  "Pablo Neruda"


lunes, 30 de diciembre de 2013

Malos tiempos


     Si Tomás Moro levantara la cabeza se daría cuenta de que hemos metido sus libros en lo más profundo de un cajón y lo hemos llevado a lo más oscuro del desván.

     Quizá, asustados y golpeados por la época que nos toca vivir, intentamos salvar los muebles y centrar nuestra vida en todo lo material. Cruel degeneración conceptual. No se lleva la utopía, y aquel que la cultive no dejará de ser un bicho raro en período de extinción. Todo se mide en relación al efecto económico producido.
     Malos tiempos para el idealismo.

     No hablar por miedo a perder lo (poco) que tenemos. No levantar la voz si no es en grupo. Asentir como siervos a las indicaciones del patrono. Opinar según las normas establecidas y con enemigos prediseñados. Y lo que es peor, rebelarnos sólo si tenemos la garantía de no salir mal parados.
     Malos tiempos para la poesía.

     Y, en un ejercicio de prestidigitación y contorsionismo, compramos carísimos perros con pedigrí mientras otros mueren tristemente en perreras; enarbolamos soflamas antixenófogas mientras escupimos al vecino por no ser de nuestra categoría social; luchamos por el derecho a la educación mientras se lo negamos a los que pueden ser nuestra competencia laboral; hablamos de dignidad profesional mientras consentimos abusos en nuestro puesto de trabajo; sufrimos por los necesitados mientras nosotros nos hartamos de hacer horas extra para comprarnos el mejor coche y la mejor ropa.
      Malos tiempos para la solidaridad.

     Admitimos mal a los que hablan de Dios mientras exigimos libertad de religión; llamamos cursis a los que llevan su diálogo hacia los sentimientos; denostamos a los que no tienen nuestra misma tendencia friki y nos fijamos más en quién opina que en su opinión.
     Malos tiempos para la filantropía.

     Mal vamos, mal estamos, mal seguiremos si no nos atrevemos a tener opinión propia. Más allá de los panfletos de redes y mítines mediáticos. Vivimos en la sociedad de la imagen, e intentamos dar la imagen ética de quien socialmente es bienquisto. Nadie saca los pies del tiesto. Todos correctísimos.

     Malos tiempos.

     Esperemos que el 2014 nos traiga algún cambio.




sábado, 28 de diciembre de 2013

Pronto, de estreno


     Me he comprado un año nuevo.

     Tenía un 2013 que estaba muy usado y lo tengo que cambiar. No es que esté descontento de él. Al contrario, me ha sido muy útil durante sus 365 días. Pero ya he exprimido todo lo que daba de sí y necesito cambiarlo.
     Demasiado ha soportado el pobre. Me ha hecho conocer gente maravillosa que me ha cuidado, dado cariño y con los que he compartido grandes momentos. También ha conseguido que me reencontrase con seres queridos y afianzar amistades de muchos años. Y, como de todo se aprende, incluso me ha ofrecido personas egoístas, interesadas y poco comprensivas que me han demonizado cuando no les he dado lo que ellos querían. De todo ha habido: afines y desafines (musicales, incluso). Gracias por todo ello, por el cariño recibido, por la energía que los buenos amigos me han insuflado y por las bofetadas de los incompatibles que me han hecho más duro y más seguro de mí mismo.
     Hoy me decía un amigo que "con los años se te va la necesidad de dar explicaciones". Sin duda, este 2013 se ha llevado gran parte de esa necesidad. Por eso creo que ha sido un año aprovechado.

     Ahora estoy desembalando el nuevo año. Un flamante 2014 que viene envuelto en papel brillante. A estrenar, completo y sin ningún desperfecto. Como cuando se estrenaba un cuaderno en el colegio, estoy dispuesto a escribir los renglones más rectos y a utilizar la letra más impecable. Quizá se me tuerza algún párrafo, pero sé que la ilusión, los proyectos y la gente que tengo a mi lado van a conseguir que viva doce meses magníficos. La ventaja de este 2014 es que viene con unas instrucciones claras y no voy a estropearlo usando el combustible del odio, ni arrastrarlo por el barro de la mediocridad, ni golpearlo con tonterías ni memeces. Además lo voy a mantener impoluto con el abrillantador de la verdad.

     Bienvenido, 2014, juntos lo vamos a pasar bien.


  

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Hacia algún lugar



Caminar entre la niebla
hacia un vacío de espuma,
que penetra en la piel y niega
al alma con su negrura.

Hacia un espacio sin mar,
cubierto de plumas invisibles,
que ciegan el dulce mirar
entre los vientos sutiles.

Y alejarse de mortales,
sueños, palabras y bienes,
flotar en la nada que tiene
quien perdió pisadas y andares.

Lejos de cuanto tocó
con sus manos cada día,
y cerca de la poesía
que le da su corazón.

Volar, sentir, vaciarse,
en la oquedad del silencio.
Oler, perdido el aliento,
el gusto de no haber hambre.

Y allí, plantar su morada,
entre ríos susurrantes
que al despertar la mañana
arrastren tantos pesares.


 
 

sábado, 7 de diciembre de 2013

¿Y si todo ha sido un sueño?





     Figo era un abrigo que había tenido una vida azarosa y, a pesar de ello, se negaba a convertirse en trapos de taller.
     Sí, ya sé que los abrigos no tienen vida, pero Figo sí. No sabía por qué ni cómo, pero él no era una prenda inanimada como cualquier atuendo que se precie.

     El abrigo Figo no fue fabricado en una de esas industrias donde se hacen miles de trajes todos iguales, ni había surgido de la lúcida visión de un afamado diseñador. Figo había venido a la vida cuando fue elaborado por las dulces manos de una costurera que no podía permitirse el lujo de comprarle una pelliza a su marido. Y así, día a día, confeccionó el que consolaría del frío a su esposo.
     Figo tampoco era de un tejido noble. Siempre añoró ser de alpaca o de crepé o, incluso, de castor, pero era simplemente de paño. Lo más asequible que la modista encontró. 
     Sin embargo, tenía algo que le hacía diferente y que llamaba la atención a cuantos lo veían. Por eso, quizá, es por lo que su vida no se limitó a ser una indumentaria cualquiera, y se prolongó más allá de su primer propietario. Fue pasando de mano en mano, (bueno, de cuerpo en cuerpo), vistiendo a egregios e ignotos, descubriendo venturas y miserias. Tanto de unos como de otros. En esto el azar no hace distingos.

     Lo que más le incomodaba eran esos momentos en los que su dueño, prescindiendo de su calidez, lo dejaba abandonado junto a otros congéneres en un utensilio que llamaban percha. Las había individuales, pero cuando le tocaba una de esas comunitarias, sufría con el contacto casi sexual con gabanes de olor incómodo, femeninos abrigos de molesta velludez, y demás variantes. Pero, sobre todo, le trastornaba la pasiva existencia de sus compañeros. Seres sin emoción ni sustancia. Condenados a colgar inertes hasta que los volvieran a exponer al gélido ambiente de la calle.
   
     Hasta que un día, en un probador de una sastrería, conoció a un pantalón que vivía,... sí, vivía su misma suerte. Era un pantalón de franela que había ido pasando de mano en mano, o más bien de piernas en piernas. También era capaz de sentir, y no se conformaba con ser un objeto más en el armario del amo de turno. Se miraron... insisto, al modo en que se pueden mirar los vestidos... y comprendieron que estaban hechos el uno para el otro. Figo el abrigo no podía huir porque no tenía piernas, y Aarón el pantalón nunca pudo escaparse porque... ¿adónde iban unas perneras sin cuerpo? Sería chocante, ¿no?

     Y, con las mismas, vamos, consigo mismos, se escabulleron de aquel probador. Consiguieron dar esquinazo al dependiente y a ambos dueños y decidieron emanciparse.

     Al poco encontraron a otro amigo que se unió a ellos: Lutero el sombrero. Un bombín serio y discreto que había coronado sienes para todos los gustos y que también estaba harto de proteger sesos de muy dudosa actividad.

     Así, los tres, empezaron a disfrutar de la vida libre y autosuficiente. Paseaban de noche entre las sombras celestes y se asomaban a los escaparates y a los parques solitarios.

     Si alguien los ve, que les salude. 
     Figo, Aarón y Lutero siempre lo agradecerán con una sonrisa en sus pliegues.



lunes, 2 de diciembre de 2013

Autorretrato



Donde la hierba es baldía
y el polvo saluda a su paso
con la melancolía del viento.

Donde una gota aliviada
del sudor del trabajo acabado
penetra en el surco rudo.

Donde los atardeceres
alargan las sombras 
hasta rozar sus caderas.

Donde un silbido lejano
hace girar la cabeza
sin encontrar rostro ni miradas.

Donde se detiene el paso
en busca de una línea
que marque el horizonte.

Donde no hay nombre
que defina la senda
de la dirección o el camino.

Ahí estoy yo, discreto,
sin dueño ni destino.

Sin bastones que me arañen
ni arados que me cincelen.

Ni avenida ni sendero,
ni mar, laguna, ni río.

Solitario cruce de caminos.


    


jueves, 21 de noviembre de 2013

Con tu sonrisa te has llevado la nuestra


     Hay voces impostadas y voces naturales. 
     La de Marta era natural porque esa dulzura, esa paz y esa delicadeza salían de una mujer que era eso. 
     Siempre te tuve como ejemplo porque nos enamorabas a todos con tu calidez. Siempre una palabra de aliento, siempre un gesto amable, siempre tu contagiosa bondad. Siempre Marta.

     Te he hecho llorar, reír (tu risa era única), emocionarte, cantar... y hemos llorado, reído, emocionado y cantado juntos. Era nuestro juego en el atril. Y luego, entre cafés, esperas y despedidas, hemos compartido vivencias e ilusiones.

     No olvidaré los ánimos que me has dado en este mundo de locos en el que me ha dado por pasar por la cuerda floja. Tu constante interés por mis historias de teatro, por mis películas.

     Y esa mirada tuya, penetrante, que preguntaba sin preguntar, que acompañaba al “¿Cómo estás?” de tu preciosa voz, con la pausa y la fijeza de quien se interesa realmente. Eso es algo que has dejado grabado en mi alma y que siempre recordaré. 

     Ahora entiendo que me dijeses la última vez “Bueno,... no muy bien, pero se pasará”. No se pasó, Marta, y nos ha separado. A mi y a mis compañeros. 

     Por eso no quiero pensar en la muerte, quiero pensar en la vida. En la vida que nos diste, lo que nos hiciste disfrutar y lo que aprendimos de ti. Tanto como persona como profesionalmente. 

     Descansa en paz, compañera, descansa en paz, amiga.

     Descansa en paz, Marta García.


martes, 12 de noviembre de 2013

Lo que esconden las nubes



     Las nubes, como el alma humana ocultan un cielo azul plagado de universos desconocidos. Tanto si las miras desde abajo, como si las miras desde arriba. Desde su liviano aspecto de algodón, sólo penetrable tras empaparse con su neblina, guardan los misterios más sorprendentes.
     La experiencia te hace conocer el efecto de esas nubes por su aspecto, su movimiento, su color. Aunque a veces un cirro se convierta en un cúmulo y veas cómo una grácil pincelada blanca se convierte en una tormentosa masa gris.
     Así pasa con el alma humana. Suaves y delicadas formas cobijan los sentimientos más dispares, en ocasiones ni conocidos por esas mentes, en su delicado y etéreo vuelo.
     He conocido personas que defendían el altruismo a ultranza (curiosa aliteración), atacando incluso a quien obtenía beneficio de una actividad lúdica. Eres actor, pero, ¿en qué trabajas? Y he visto cómo olvidaban sus soflamas cuando, en un espasmódico movimiento, el viento cambiaba su dirección y les permitía para sacar unos cuartos de ese hecho. De estratos a estratocúmulos.
     También he observado humanos humillados (otra aliteración) que sufrían los embates del mar de la injusticia en sus inicios y, una vez sobre tierra, sobrevolando paisajes más calmos y confortables, acometían contra otros en un alarde de majestuosidad indiferente.  Los cúmulos convertidos en cumulonimbos desatando rayos y truenos en pos de la lluvia.
     He visto a los que, a modo de estratos, planeaban plácidamente (no podía faltar la paronomasia) sin la ampulosidad de los que ocultan el sol, con el recato de quien se alza a baja altura. Sin embargo, un cambio de presión los eleva y, puesto que su visión cambia, miran altivamente a quienes se encuentran por debajo.
     Luego están los que menosprecian a las nubes menores, quienes creen ser autosuficientes, quienes temen viajar con nubes grises o de sutil aspecto por temor a ser contaminados, quienes encuentran su acomodo entre las montañas, quienes se acoplan a otras nubes hasta crecer y después recelan de las nubes que se acercan a otras…
     Y, por supuesto, también conozco muchas nubes que, con la mayor naturalidad, surcan el firmamento en total armonía y ofreciendo belleza con su paso.
 
     En fin, cada cual que busque su lugar en el cielo.
 
 

martes, 22 de octubre de 2013

Donde lloran los huesos



     Entre el frío y la escarcha, dibujé mi camino. 
     Busqué el calor y encontré la niebla. 
     Las hojas crearon una melodía de suspiros crujiendo tras las pisadas.

     He hecho papiroflexia con láminas de cielo, en una locura de vuelos solitarios. Me cobijé en la sombra de una estrella a ver pasar los cometas. Y en un recodo de la luna acaricié las ideas vertidas por debajo de las puertas.

     Callé mi nombre al pie de una cita. Serví la copa sin desvelar los ingredientes, destapando fingidamente la botella de etiqueta dorada. Y dejé saborear el licor huyendo hacia los pliegues de la tierra.

     He entregado abrazos con la suavidad de una caricia y la fuerza de un salto al vacío. Hacia una nada a veces llena de dudas, o a un todo lleno de oquedades. Como un impulso sin destino, sólo por el ímpetu de la intuición y el deseo irrepimible de un crujido del corazón.

     Y, con los labios cerrados, las manos vacías y la mirada perdida, caminé hacia el horizonte donde se pierden las palabras, se derraman los latidos y lloran los huesos.



  

martes, 15 de octubre de 2013

Olas espinosas



Un ramo de las mejores rosas
con tallos de llagas espinosas.

Color de olores suaves
sollozando entre dos mares.

El mar de la tormenta fría
con olas de melancolía.

Navegar, bogar, fluir
en espumas saladas,
en fulgor de cielo bronceado.

Hinchan las blancas velas
los suspiros de eolo
hacia el huidizo abrazo
entre agua y firmamento.

Añorando la tierra,
deseando tiernos brotes
de dedos inmóviles
y espaldas en la arena.

Y siempre un más allá, 
un amargo vacío
de olas resonantes
en los ojos del sueño.
 

Eduardo Gutiérrez                          



domingo, 6 de octubre de 2013

Iba a escribir palabras



     Iba a escribir palabras y me salieron silencios.

     En un torrente gris de sabores anegados por el vacío. Parece no haber nada. Da la sensación de que el mundo se ha quedado fuera y las cuatro paredes oprimen vida y sueños.
     Frases inconclusas en el futuro anhelo de un punto y seguido. Puntos suspensivos... Comas que se despeñan hacia la nada. Y vuelta a recomponer.

     Tengo palabras en mi mente que se arremolinan sin encontrar compañera. La arrogancia de no estimar verbo a su medida. Egolatría, sin duda. Y ahí persisten, en continuo vaivén inarmónico.

     Arrastro la pluma por el papel esperando dibujar lo que mi voz ha callado cuando el ritmo del aire marcaba el compás. Entre latidos suaves y gritos estridentes. La tinta calla.

     Ha pasado otra noche y las estrellas no han tenido el poder de entrar por la ventana.
     El sol empieza a desperezar la calma y a dar brillo a las gotas del rocío.

     Un pájaro se posa en el quicio de la ventana y me observa distraído. Me da la palabra.

     Ya puedo seguir. 
     Seguir en silencio.



 

sábado, 28 de septiembre de 2013

Donde almacené mis sueños


     Vendo estantería. Usada, muy usada. 

     En ella guardé mis deseos y sueños durante mucho tiempo. Se fueron apilando día tras día y hubo momentos en los que, eran tantos, que hicieron peligrar su resistencia. Pero aguantó. Los tenía de todos los colores y tamaños. Por eso, os aseguro que es de buena calidad. Ha soportado un peso poco común.

     Tiene alguna rayadura de algún sueño que cayó violentamente y la golpeó. 
     Uno de los estantes está reparado, se partió un día de tanto peso, pero está reforzado para mantener ilusiones de gran peso y volumen. 
     También tiene la marca de algún anhelo que se derramó y alguna esperanza que permaneció tanto tiempo sin moverse que dejó su huella. Un poco de pintura soluciona ese pequeño desperfecto.
     No os quiero engañar, por eso os cuento hasta el último detalle. Pero tengo confianza en que os puede hacer el servicio que me ha hecho a mí.

     Voy a cambiarla por una más pequeña y necesito espacio para la nueva.

     Ahora pondré una con menos estantes, aunque más sólida, porque el material a guardar es menos voluminoso pero más pesado. Sé que siempre habrá utopías que almacenar, pero limitaré la cantidad. También quiero colocar una mesa donde tener a mano las pasiones de uso más frecuente. Un pequeño cambio en la decoración. Más a lo útil que a lo puramente estético.

     Así que, ya lo sabéis, si alguno está interesado, puede dejarme un mensaje. 

     El precio es muy económico, incluso podría llegar a regalarla si sé que le vais a dar buen uso. 

     Cabe en un corazón.