martes, 25 de noviembre de 2014

Cómico, como la vida.


     Vuelvo al blog después de un tiempo para contaros una historia cierta. Cierta, como la vida.

     Hace algunos meses me regalaron un libro de la autobiografía de un personaje famoso. Una persona auténtica. Auténtica, como la vida.

     Quien me lo regaló me dijo que yo era como él, que mi estilo y vitalidad le recordaba a ese personaje. Una sensación real. Real, como la vida.

     Al empezar el libro me hacía ilusión buscar algún parecido con el personaje en cuestión, sobre todo por la admiración que le tengo. Desde mi humildad. Humilde, como la vida.

     Avancé en la lectura y llegué a una etapa en la biografía que se me hacía monótona y falta de interés. Monótona y desinteresada, como la vida.

     Aun así, no me detuve, continué, confiando en que vendrían nuevos capítulos más fascinantes. Fascinantes, como la vida. 

     Pero de pronto, todo cambió y empezaron los capítulos en los que la aventura se volvió emocionante. Emocionante, como la vida.

     Encontré hechos reconocibles, dificultades y triunfos, avances y retrocesos que me resultaban cercanos. Cercanos, como la vida.

     Por eso, desde la modestia, me halaga que alguien pueda pensar que yo tengo alguna similitud con este genio, y le agradezco el cumplido. Lo agradezco, como la vida.

     Ahora quiero, deseo, disfruto, de seguir leyendo este relato de un gran artista del que tanto aprendo. Aprendo, como en la vida.

     Pero intento saborear cada línea, cada página de estas apasionantes memorias, lentamente, sin prisa, porque sé que este libro tendrá un final. Un final, como la vida.




viernes, 29 de agosto de 2014

Con lo poco que me queda




Con lo poco que me queda
voy a comprarme un mundo
de miradas y labios,
un mundo de suelos azules
y de caminos blancos.

Con lo poco que me queda
voy a viajar hacia adentro
a explorar las entrañas,
a saborear los sueños.

Con lo poco que me queda
voy a morirme viviendo
acunado en las sombras
de un eterno velero.

Es tan poco lo que queda,
y es tan grande el silencio,
que escucharé los latidos
del sol sobre mi cuerpo.

Volar con plumas de avena
persiguiendo esquivos momentos,
entre ramas de arañas verdes
y entre arroyos de mi aliento.

Con lo poco que me queda
voy a sentirme completo.




miércoles, 9 de julio de 2014

Cuadro descolorido




Las flores de los cometas 
disfrazan su luz entre los rizos del viento.
Y ver la luna pasar, ondeante, 
como bandeja de lirios refulgentes.

Pasan los minutos livianos, 
sin besos en los labios, 
sin palabras en los ojos.

El rocío se ha hecho dueño 
del tallo ajado de una amapola solitaria, 
más allá del chirrido de los grillos.
Frío en el calor de la mañana 
que despereza arrugas descreídas.

Mirada desenfocada 
hacia un lejano presente 
y susurros estridentes 
en un vacío de los huesos.

Paisajes de un cuadro descolorido 
que reposa frente a párpados asombrados.




viernes, 28 de marzo de 2014

Teatro sin nombre





    Ayer, día 27 de marzo, en lógica armonía con el Día Mundial del Teatro, acudí a presenciar la correspondiente obra teatral. No diré el nombre de la misma para no hacer mella ni influir en los espectadores que, a buen seguro, asistirán en un futuro a ella. 
     Fue una función curiosa, por buscarle un adjetivo a la sensación que tuve desde el patio de butacas. Sé que mi conocimiento del medio y de lo que se vive entre cajas me da una visión un tanto peculiar que no tienen por qué compartir los demás espectadores. 
     El texto era bueno pero, quizá por la búsqueda de elementos efectistas, la adaptación quedaba bastante deslavazada. Con algunas lagunas argumentales suplidas con artificios difícilmente digeribles. 

     Puedo decir que los actores habían trabajado mucho para desempeñar su papel, y eso se notaba. Hecho éste que admiro y al que reconozco su extraordinario valor. Pero no me pareció que hiciesen una interpretación magistral debido a algún lapsus observado y a alguna improvisación de la que tuvieron que echar mano. Falta de escucha; en ciertos momentos parecían confluir monólogos en lugar de crear diálogos entre dos o más personajes. Altibajos en cuanto a la credibilidad de la línea argumental.

     Fallos demasiado habituales de dirección. Donde el productor dicta algunas pautas y el director no se sabe imponer como debería. Hay criterios y criterios. 

     La escenografía era suntuosa pero personalmente me pareció que le faltaba uniformidad. Quizá influído por mi experiencia en estos menesteres, me despistó que algunas riostras mal colocadas hicieran tambalearse los paneles, provocando una sensación antinatural. Magnífica la puesta en escena, apoyada en una buena producción, pero sólo conseguía distraer el desarrollo de la historia. Los detalles generales estaban cuidados, pero vi poca preocupación por los pequeños elementos del atrezzo.

     La iluminación era funcional, pero por momentos dejaba entrever algo de improvisación cuando dejaba a oscuras elementos importantes para el público. Por ello la escena quedaba turbia y llena de desconcertantes sombras. 

     Evidentemente, uno tiene una visión bastante peculiar del arte de Talía, porque los aplausos sonaron estruendosamente, aunque yo me debatía en la duda de saber si había visto una tragedia con algún punto de humor (que no me hizo reír), o una comedia de gracia dudosa. Pero el público disfrutó del espectáculo, lo vivió y el éxito fue incuestionable. No tenía sentido llevar la contraria a una platea que vitoreó el montaje. Yo sólo podía contestar con ese comentario tan recurrente cuanto te hacen la embarazosa pregunta: “como actor es una gran persona”. 

     Espero que todo fuera consecuencia de la tensión del estreno, y que, después de algunas representaciones, la obra adquiera empaque y se subsanen estas carencias.

     De todos modos no me arrepiento de haber pagado la entrada.




jueves, 6 de marzo de 2014

Amor, sin condición


Gotas del amor nacido
entre los dedos del frío.
Esparcidas en la orilla,
simiente del nuevo río.

Tanto amor antaño fluyó
como hogaño es ya ido,
mezclado con los deseos
de un sempiterno suspiro.

En una clara mirada
se adivina el desvarío
de un carnaval de palabras,
de un corazón encogido.

Besos que al aire lanzó
entre sábanas de estío
que alzan desde la razón
el recuerdo ya vivido.

Y evoca, ya con la edad,
el gozo de haber tenido
manantiales que entregar
a quien se perdió en el olvido.

No lamenta lo entregado,
porque más ha recibido,
y sabe que cuanto más dió
más hogueras ha encendido.

Lamentar, exigir, reclamar,
no son términos de amor,
porque quien ama a la Tierra,
sin ansia de posesión
aunque vengan huracanes,
y vea el mar embravecido,
buscará un rayo de sol
para alumbrar su camino.



domingo, 2 de febrero de 2014

Mi Celia, nuestra Celia


     De pronto mi mente se traslada muchos años atrás, sentado en la oscuridad de una sala de doblaje, mirando, admirando y empapándome de cada matiz que su voz provocaba.
     En un torbellino de imágenes y sonidos, mi pensamiento repasa a toda velocidad los momentos que con ella viví. Lo que me enseñó, lo que me animó y lo que me cuidó. Estar con ella era para llevar una libreta y apuntar cada palabra que decía, porque hablaba una grande del mundo del doblaje.

     También aprieto los dientes al recordar uno de los momentos más angustiosos que he vivido en el doblaje cuando, en tu última convocatoria conmigo, me dijiste "dame en el hombro cuando tenga que empezar", porque tu vista ya no te respondía. Y ese fue el último día que compartimos atril.

     Pero me quedo con los grandes momentos, tus consejos, tu respeto con el joven director que (osadía la mía) tenía que dirigirte en trabajos como aquella serie "¿Quién es el jefe?" en la que compartimos tantas horas de sala. Dale un beso a Valle, que también compartió este trabajo, cuando te la encuentres allá arriba.
     Y me quedo con uno de los mejores consejos que me han dado en la vida cuando, en un ataque de admiración, después de una de tus magistrales interpretaciones te pregunté "mami, me impresiona tu seguridad, ¿tu no te pones nerviosa delante del micro?". Te volviste y me dijiste, "claro que sí, y recuerda: cuando no te pongas nervioso delante del micrófono, déjalo hijo, vete, porque estarás acabado".

     Fuiste tu quien, en un momento en el que me acobardé ante un actor indisciplinado, te acercaste y me dijiste al oído "¿quién es el director aquí?". Siempre elegante, siempre atenta, enseñando con cada gesto, apoyando con cada mirada. 

     Hoy mi voz se queda en silencio cuando recuerdo la tuya, y sólo quiero hablar cerrando los ojos para revivir cada momento que hemos compartido.

     Adiós, Celia Honrubia. Hasta siempre, Grande entre las Grandes. Mi estrella.



viernes, 3 de enero de 2014

No culpes a nadie



Nunca te quejes de nadie, ni de nada, 
porque fundamentalmente tú has hecho 
lo que querías en tu vida. 

Acepta la dificultad de edificarte a ti 
mismo y el valor de empezar corrigiéndote. 
El triunfo del verdadero hombre surge de 
las cenizas de su error. 

Nunca te quejes de tu soledad o de tu suerte, 
enfréntala con valor y acéptala. 

De una manera u otra es el resultado de 
tus actos y prueba que tu siempre 
has de ganar.. 

No te amargues de tu propio fracaso ni 
se lo cargues a otro, acéptate ahora o 
seguirás justificándote como un niño. 

Recuerda que cualquier momento es 
bueno para comenzar y que ninguno 
es tan terrible para claudicar. 

No olvides que la causa de tu presente 
es tu pasado así como la causa de tu 
futuro será tu presente. 

Aprende de los audaces, de los fuertes, 
de quien no acepta situaciones, 
de quien vivirá a pesar de todo, 
piensa menos en tus problemas 
y más en tu trabajo y tus problemas 
sin eliminarlos morirán. 

Aprende a nacer desde el dolor y a ser 
más grande que el más grande de los obstáculos, 
mírate en el espejo de ti mismo 
y serás libre y fuerte y dejarás de ser un 
títere de las circunstancias porque tú 
mismo eres tu destino. 

Levántate y mira el sol por las mañanas 
y respira la luz del amanecer. 

Tú eres parte de la fuerza de tu vida, 
ahora despiértate, lucha, camina, 
decídete y triunfarás en la vida; 
nunca pienses en la suerte, 
porque la suerte es: 
el pretexto de los fracasados…

                                                  "Pablo Neruda"


lunes, 30 de diciembre de 2013

Malos tiempos


     Si Tomás Moro levantara la cabeza se daría cuenta de que hemos metido sus libros en lo más profundo de un cajón y lo hemos llevado a lo más oscuro del desván.

     Quizá, asustados y golpeados por la época que nos toca vivir, intentamos salvar los muebles y centrar nuestra vida en todo lo material. Cruel degeneración conceptual. No se lleva la utopía, y aquel que la cultive no dejará de ser un bicho raro en período de extinción. Todo se mide en relación al efecto económico producido.
     Malos tiempos para el idealismo.

     No hablar por miedo a perder lo (poco) que tenemos. No levantar la voz si no es en grupo. Asentir como siervos a las indicaciones del patrono. Opinar según las normas establecidas y con enemigos prediseñados. Y lo que es peor, rebelarnos sólo si tenemos la garantía de no salir mal parados.
     Malos tiempos para la poesía.

     Y, en un ejercicio de prestidigitación y contorsionismo, compramos carísimos perros con pedigrí mientras otros mueren tristemente en perreras; enarbolamos soflamas antixenófogas mientras escupimos al vecino por no ser de nuestra categoría social; luchamos por el derecho a la educación mientras se lo negamos a los que pueden ser nuestra competencia laboral; hablamos de dignidad profesional mientras consentimos abusos en nuestro puesto de trabajo; sufrimos por los necesitados mientras nosotros nos hartamos de hacer horas extra para comprarnos el mejor coche y la mejor ropa.
      Malos tiempos para la solidaridad.

     Admitimos mal a los que hablan de Dios mientras exigimos libertad de religión; llamamos cursis a los que llevan su diálogo hacia los sentimientos; denostamos a los que no tienen nuestra misma tendencia friki y nos fijamos más en quién opina que en su opinión.
     Malos tiempos para la filantropía.

     Mal vamos, mal estamos, mal seguiremos si no nos atrevemos a tener opinión propia. Más allá de los panfletos de redes y mítines mediáticos. Vivimos en la sociedad de la imagen, e intentamos dar la imagen ética de quien socialmente es bienquisto. Nadie saca los pies del tiesto. Todos correctísimos.

     Malos tiempos.

     Esperemos que el 2014 nos traiga algún cambio.




sábado, 28 de diciembre de 2013

Pronto, de estreno


     Me he comprado un año nuevo.

     Tenía un 2013 que estaba muy usado y lo tengo que cambiar. No es que esté descontento de él. Al contrario, me ha sido muy útil durante sus 365 días. Pero ya he exprimido todo lo que daba de sí y necesito cambiarlo.
     Demasiado ha soportado el pobre. Me ha hecho conocer gente maravillosa que me ha cuidado, dado cariño y con los que he compartido grandes momentos. También ha conseguido que me reencontrase con seres queridos y afianzar amistades de muchos años. Y, como de todo se aprende, incluso me ha ofrecido personas egoístas, interesadas y poco comprensivas que me han demonizado cuando no les he dado lo que ellos querían. De todo ha habido: afines y desafines (musicales, incluso). Gracias por todo ello, por el cariño recibido, por la energía que los buenos amigos me han insuflado y por las bofetadas de los incompatibles que me han hecho más duro y más seguro de mí mismo.
     Hoy me decía un amigo que "con los años se te va la necesidad de dar explicaciones". Sin duda, este 2013 se ha llevado gran parte de esa necesidad. Por eso creo que ha sido un año aprovechado.

     Ahora estoy desembalando el nuevo año. Un flamante 2014 que viene envuelto en papel brillante. A estrenar, completo y sin ningún desperfecto. Como cuando se estrenaba un cuaderno en el colegio, estoy dispuesto a escribir los renglones más rectos y a utilizar la letra más impecable. Quizá se me tuerza algún párrafo, pero sé que la ilusión, los proyectos y la gente que tengo a mi lado van a conseguir que viva doce meses magníficos. La ventaja de este 2014 es que viene con unas instrucciones claras y no voy a estropearlo usando el combustible del odio, ni arrastrarlo por el barro de la mediocridad, ni golpearlo con tonterías ni memeces. Además lo voy a mantener impoluto con el abrillantador de la verdad.

     Bienvenido, 2014, juntos lo vamos a pasar bien.


  

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Hacia algún lugar



Caminar entre la niebla
hacia un vacío de espuma,
que penetra en la piel y niega
al alma con su negrura.

Hacia un espacio sin mar,
cubierto de plumas invisibles,
que ciegan el dulce mirar
entre los vientos sutiles.

Y alejarse de mortales,
sueños, palabras y bienes,
flotar en la nada que tiene
quien perdió pisadas y andares.

Lejos de cuanto tocó
con sus manos cada día,
y cerca de la poesía
que le da su corazón.

Volar, sentir, vaciarse,
en la oquedad del silencio.
Oler, perdido el aliento,
el gusto de no haber hambre.

Y allí, plantar su morada,
entre ríos susurrantes
que al despertar la mañana
arrastren tantos pesares.


 
 

sábado, 7 de diciembre de 2013

¿Y si todo ha sido un sueño?





     Figo era un abrigo que había tenido una vida azarosa y, a pesar de ello, se negaba a convertirse en trapos de taller.
     Sí, ya sé que los abrigos no tienen vida, pero Figo sí. No sabía por qué ni cómo, pero él no era una prenda inanimada como cualquier atuendo que se precie.

     El abrigo Figo no fue fabricado en una de esas industrias donde se hacen miles de trajes todos iguales, ni había surgido de la lúcida visión de un afamado diseñador. Figo había venido a la vida cuando fue elaborado por las dulces manos de una costurera que no podía permitirse el lujo de comprarle una pelliza a su marido. Y así, día a día, confeccionó el que consolaría del frío a su esposo.
     Figo tampoco era de un tejido noble. Siempre añoró ser de alpaca o de crepé o, incluso, de castor, pero era simplemente de paño. Lo más asequible que la modista encontró. 
     Sin embargo, tenía algo que le hacía diferente y que llamaba la atención a cuantos lo veían. Por eso, quizá, es por lo que su vida no se limitó a ser una indumentaria cualquiera, y se prolongó más allá de su primer propietario. Fue pasando de mano en mano, (bueno, de cuerpo en cuerpo), vistiendo a egregios e ignotos, descubriendo venturas y miserias. Tanto de unos como de otros. En esto el azar no hace distingos.

     Lo que más le incomodaba eran esos momentos en los que su dueño, prescindiendo de su calidez, lo dejaba abandonado junto a otros congéneres en un utensilio que llamaban percha. Las había individuales, pero cuando le tocaba una de esas comunitarias, sufría con el contacto casi sexual con gabanes de olor incómodo, femeninos abrigos de molesta velludez, y demás variantes. Pero, sobre todo, le trastornaba la pasiva existencia de sus compañeros. Seres sin emoción ni sustancia. Condenados a colgar inertes hasta que los volvieran a exponer al gélido ambiente de la calle.
   
     Hasta que un día, en un probador de una sastrería, conoció a un pantalón que vivía,... sí, vivía su misma suerte. Era un pantalón de franela que había ido pasando de mano en mano, o más bien de piernas en piernas. También era capaz de sentir, y no se conformaba con ser un objeto más en el armario del amo de turno. Se miraron... insisto, al modo en que se pueden mirar los vestidos... y comprendieron que estaban hechos el uno para el otro. Figo el abrigo no podía huir porque no tenía piernas, y Aarón el pantalón nunca pudo escaparse porque... ¿adónde iban unas perneras sin cuerpo? Sería chocante, ¿no?

     Y, con las mismas, vamos, consigo mismos, se escabulleron de aquel probador. Consiguieron dar esquinazo al dependiente y a ambos dueños y decidieron emanciparse.

     Al poco encontraron a otro amigo que se unió a ellos: Lutero el sombrero. Un bombín serio y discreto que había coronado sienes para todos los gustos y que también estaba harto de proteger sesos de muy dudosa actividad.

     Así, los tres, empezaron a disfrutar de la vida libre y autosuficiente. Paseaban de noche entre las sombras celestes y se asomaban a los escaparates y a los parques solitarios.

     Si alguien los ve, que les salude. 
     Figo, Aarón y Lutero siempre lo agradecerán con una sonrisa en sus pliegues.



lunes, 2 de diciembre de 2013

Autorretrato



Donde la hierba es baldía
y el polvo saluda a su paso
con la melancolía del viento.

Donde una gota aliviada
del sudor del trabajo acabado
penetra en el surco rudo.

Donde los atardeceres
alargan las sombras 
hasta rozar sus caderas.

Donde un silbido lejano
hace girar la cabeza
sin encontrar rostro ni miradas.

Donde se detiene el paso
en busca de una línea
que marque el horizonte.

Donde no hay nombre
que defina la senda
de la dirección o el camino.

Ahí estoy yo, discreto,
sin dueño ni destino.

Sin bastones que me arañen
ni arados que me cincelen.

Ni avenida ni sendero,
ni mar, laguna, ni río.

Solitario cruce de caminos.