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sábado, 30 de marzo de 2024

La cultura escacharrada.


     Hemos jugado muchas veces al «teléfono escacharrado», pero era eso, un juego. Y luego volvíamos a la realidad. Pero lo que ahora está pasando con el lenguaje popular es de traca. Los hay que escuchan lo que creen escuchar y luego lo sueltan como si tal cosa. Sin preocuparse de si lo han escuchado bien. Músicos de oído, pero con mal oído.

     Gentes de supuesta cultura utilizan la lengua para retorcer los vocablos hasta estrujarlos y matarlos. Y, de pronto, oyes cosas como:

«Es un hombre que se viste por la piel». Como si hiciera una transfusión de ropa a través de la dermis. Siempre nos hemos puesto los pantalones por los pies y los vestidos por la cabeza, pero ahora parece que los hombres nos inyectamos los atavíos por vía intramuscular.

«A la fuerza ahogan». Parece ser que no ahorcaban, sino ahogaban metiendo la cabeza del condenado en un cubo hasta que perdía la vida. O le apretaban fuerte el pescuezo o cualquier otro medio para que se ahogase. Seguramente sentenciaban a morir en la «ahorga». Así era más fácil, sin cadalso ni nada.

«No mezclemos churras con meninas». Ya sería complicado ver a una oveja churra como personal de servicio de un palacio o a una menina esquilada para hacer jerséis con su pelo. Las pobres ovejas merinas han sido ninguneadas hasta ese punto.

«De esos lodos estos polvos». Copular en el barro. No está mal, algo de morbo sí que tiene. Cuanto más limo o más cieno más posibilidad hay de chingar. O, también puede ser que se refiera al légamo que, bien desecado, puede producir arcilla en polvo. No sé. Pero me parece más lógico el proceso a la inversa; el polvo húmedo produce lodo.     

«Para este viaje no hacían falta forjas». Ni fraguas, hi herrerías, ni fundiciones. Aunque puede que lleves caballo y debas cambiarle las herraduras. Entonces, sí. Pero pensar que este dicho, en lugar de «alforjas»  se refiere al hierro o a herrar es yerrar en el concepto.

«Poner palos en el camino». Siempre pensé que lo que frenaba a los carros era poner (o meter) palos en las ruedas. Pero según alguna lumbrera, el poner palos en el camino interrumpe más la marcha. ¿Por qué ponen traviesas en las vías del tren? ¿O pavimentan con madera suelos y sendas? ¿No estaremos complicándonos la vida? Mejor sin tablones donde tengamos que pisar, según parece.

«A freír puñetas». Sí, claro, y «a hacer espárragos». Ya me imagino a un juez togado con sus puños adornados de espárragos. Quizá confunden las puñetas con las puntillas de los huevos fritos, pero no es lo mismo. Las puñetas están hechas de puntillas, pero de las de punto, no de clara de huevo.

«Poner la venda antes que el grano». ¡Qué cosas! Y «una herida no hace heridero», seguro que piensan. Pobres adolescentes, llenos de granos y envueltos en vendas como momias. Pero si se las ponen antes de que salgan es que son previsores. Nos salen-granos de ello.

«Dejemos tiempo al tiempo». Lo que nos lleva a la variación «Demos tiempo pasar». Digo yo, no sé. Cambiar “dar” con “dejar” es de una tacañería supina. Aunque sea con el tiempo. Algunos no dan ni el tiempo, solo lo dejan.

«Corrígeme si no me equivoco». ¿Pero cómo te voy a corregir si aciertas? Muy cuñao sería yo. A ver si es que no quieres que te enmiende en ninguno de los casos.

«Está contra la espada y la pared». Seguramente apoyado en una pared donde hay colgada una espada. Siempre pensé que esta expresión se refería a estar entre el filo de una espada y bloqueado por el otro lado con una pared. Emparedado en medio, entre un acero y un muro. Pero le han dado un giro, y ahora el sándwich es persona-espada-pared. En ese orden.

«Estar en misa y replicando». Protestando a todo lo que dice el cura, digamos. Raro sí que es, porque si no estás de acuerdo con lo que allí se cuenta, no vayas. Pero siempre hay quien lanza las campanas al vuelo con sus controversias.

«Vamos a poner las cosas sobre las íes». Todas las íes aplastadas con cosas. Y los puntos por ahí, de copas, libres, como el sol cuando amanece. Si  es que no hago carrera de vosotros.

A mí no me importa que personas mayores o que no han tenido oportunidad de estudiar confundan “polígono” con “polígamo”, o “vídeo” con “vídrio”, o “exhalación” con “instalación”. Pero que seres supuestamente cultos peguen estas patadas a nuestro lenguaje es que «me pone de quicio» y «me saca de los nervios».

 



   

sábado, 27 de octubre de 2012

¡Empieza la función!



   Te pasas media la vida intentando demostrar que sabes hacer algo y, de pronto, descubres que es una pérdida de tiempo. Da igual lo que sepas hacer; siempre te va a pillar con el “paso cambiado”. 
     
   Y rectificas, cambias el paso, esperando adaptarte al paso común. Hasta que te das cuenta de que eso sólo frena tu caminar. Además no tiene sentido perder el tiempo justificando tus éxitos o tus fracasos. Sólo tú tienes el secreto de cómo hacer las cosas. 
 Entonces decides seguir tu ritmo, no aceptar imposiciones ni que muevan tus hilos. Y te conviertes en asocial. Sí, puede ser. O quizá es que has decidido comer sólo lo que te apetece. Ya no hay ritmos que seguir ni pautas que obedecer. 

   Piensas que nadie sigue tu compás, y no es cierto. Lo siguen los mismos que lo han seguido siempre, los que caminan a tu lado y no fuerzan tus pisadas. 
   Es cuando observas el lastre que has soltado, y, ligero de carga, ves como el horizonte se acerca sin esfuerzos extremos. 

   Es difícil pensar en uno mismo cuando has dedicado tanto tiempo en pensar principalmente en los demás. Pero, de tanto hacerlo, has dejado olvidado a tu “yo”. Así que, la única cura es hacerte el mejor regalo: el de tu propia vida. Dejar de poner en riesgo tu propio papel para servir el texto a los demás. 

   ¡Que suba el telón y protagonicemos nuestra propia función! 




domingo, 26 de agosto de 2012

Yo quiero tener un millón de amigos...


     No sé si Roberto Carlos pertenecerá a alguna red social. Pero podría estar en su salsa. Allí sí que puede tener un millón de amigos. Porque ese parece ser el principal interés de algunos de los que se apuntan a las redes: darle al “me gusta”, solicitar, retwittear, seguir y que le sigan. El obsesivo deseo de formar parte de un entramado de cientos de congéneres y sentir que somos amigos de todos ellos. 

     Los que somos de pueblo sabemos que esto no es nuevo. Las señoras que se sentaban “al fresco” por las tardes/noches y los señores que se sentaban “a la sombra” durante el día, ya creaban su red social. Antes sacaban sus sillitas a la calle y ahora se enciende el ordenador o el móvil. En pequeños grupúsculos que se interrelacionaban con el gran entramado que circulaba a su alrededor. Y cuanto más céntrica fuese la atalaya, más amplio era el alcance de su actividad. “¡Adiós, don Venancio!” emitían al paso del susodicho para, sin solución de continuidad, girar la cabeza a sus adyacentes y susurrar “¿Qué se habrá creído? Míralo, qué aires se da.” 

     Y allí salían todos los trapitos al sol y a la luna. Se hablaba de todo y de todos, mientras cada cual alardeaba de sus conquistas y su envidiable forma de vivir. Aun sabiendo que, en cuanto abandonase la tertulia, sería carnaza de alguno de los que tenía al lado. Cada cual se encargaba de soltar su perorata, unas más sinceras y otras más para crear su buena imagen. Los progresos de su hija en la universidad, el vestidito para la boda, el burro último modelo comprado en la feria... 

     Los botones de “me gusta” eran sus cabezas, que asentían en clara prueba de aceptación o permanecían inmóviles para expresar “me la trae al pairo” (más discreto, pero no menos revelador).
     Los había activos, que participaban, aunque no todas fueran intervenciones sinceras, sino un efecto de cara a la galería. Y los había pasivos, que escuchaban, observaban y poco aportaban al diálogo más que el acopio de información para ofrecerla en pescaderías, bares y saloncitos de casa. 
     Lo peor es que, esos que sólo iban a fagocitar información de los otros, estaban bastante preocupados de que pudieran ser excluidos del grupo de contertulios. 

     Por eso todos guardan las formas, son ejemplares y sienten la necesidad de formar parte de la lista de amigos de muchos amigos para destacar la gran cantidad de amistades de la que son amigos aunque con alguno su amistad no haya pasado del “hola, buenos días”. Así, de tanto abusar de la palabra, amigos toma un valor tan superficial que deja de tener valor. 

     No creo que Roberto Carlos se refiriese a un sentido tan frívolo, pero le tomamos la palabra y, ahora, quien no tiene un perfil de Facebook o de Twitter, no es nadie. 

     Me gustan las redes sociales, sí, pero como medio de comunicación entre las gentes. Y hay personas que las utilizan así. Pero me parece que las desperdiciamos cuando las convertimos en corrillos de porteras. 


domingo, 20 de mayo de 2012

¿Alguna vez te has disfrazado de Spiderman?




     Parece que las premoniciones existen. Cuando, hace unos días, escribía una frase en el desfogante muro de Facebook, no imaginaba yo que iba a tener una prueba de ello tan evidente y tan pronto. Yo decía “la genialidad del actor es hacer que el personaje reviva cada día, que no se muera disecado en su propia complacencia”
     Y esto es lo que vi ayer en “Teoría y práctica sobre los principios mecánicos del sexo”. Unos actores y actrices (qué lata esto de tener que separar los sexos), haciendo tan real y tan fresco un texto que daba la impresión de no haber texto. 

     El público reunido en el Garaje Lumière se convirtió en voyeur (y conste que utilizo esta palabra francesa en honor a los Lumière) de la vida de unos seres poco alejados de cualquiera de nosotros. La mentira y los secretos forman parte de nuestra vida. Y quien lo niegue cae en la peor mentira que se puede decir: la mentira a uno mismo. Una divertida historia que no se queda en la superficialidad; donde puedes observar que lo que se dice no tiene por qué corresponder con lo que se hace.

     Impresionante la difícil sencillez con que el autor y director Miguel Ángel Cárcano crea un texto al que no se le ven los andamios. Esa humildad para no hacer lucimiento de su técnica, cuando sin duda la hay, porque de otro modo la historia no puede desarrollarse con esa composición tan meticulosa de cada uno de los personajes. La infidelidad de Daniel con su pareja contrasta con la fidelidad que le tiene a su amigo Carlos. O la sorprendente dualidad moral de Marta oculta tras su femenina intuición y sus elaboradas sospechas. O la compulsiva infidelidad de Carlos a quien le razona mejor su bragueta que su cerebro; un ser básico, sin maldad pero con poco de maquiavélico. Incluso Virginia, a quien su ética le censura hacer lo que su instinto le pide a gritos, no es ajena a esta impura honradez.

     En este caldo de sabores sin sabor y desahogo de represiones se mueve la obra. Y nuestra cabeza se golpea entre la risa (o carcajadas en algunos momentos) y el autoanálisis vergonzoso de nuestra propia moral. Con esta obra tienes la sensación de ver desnudos a los personajes en todo momento, porque sus actos y sus palabras delatan la mayor de las intimidades, la de sus almas. 

    Y, puesto que fue mi amigo Juan Vinuesa quien me animó para ir a verlos, no puedo reprimirme la necesidad de decir cuánto lo admiro. Hace una creación única en el rol de Carlos, tierno y comprensible a pesar de que su actitud no sea un dechado de prudencia. O ese reproche que tanto hiere a su personaje: "falta de madurez". Con esa vis cómica mezclada con la "mala follá granaina". Una muestra de cómo se construye un personaje con sus luces y sus sombras. No por ello dejo atrás la labor de los otros actores, que disfrutan y se crecen en escena hasta hacernos olvidar que están interpretando un papel. 

     No contaré el final, pero sí diré que me pareció un canto al “vive y deja vivir”, donde cada cual tiene que apechugar con sus fantasmas y sus telarañas para disfrutar de esta vida que no tiene vuelta atrás. 

     Porque, ¿quién no se ha disfrazado alguna vez de Spiderman?




sábado, 30 de abril de 2011

Sé valiente, "No tengas miedo"



     Cuando hace unos años, una jovencita encantadora dio un ejemplo de lealtad y coraje al negarse a trabajar en cierto proyecto si despedían a su director, la emoción hizo que mi alma se encogiese y creyese un poco más en el ser humano y en los amigos. El pasado jueves, al ver a esa misma joven brillar por derecho en la pantalla de un cine, el alma se me volvió a encoger y creo más en la autenticidad y la genialidad interpretativa. Esa joven de ojos azules que muestran un universo de vida es Michelle Jenner, y aquel humilde director soy yo.
     Llevo dos días pensando en esta entrada del blog y me debatía entre hacer un comentario sobre la película "No tengas miedo" como espectador o sobre las emociones que ha provocado en mí como persona. Intentaré ser equitativo en ambas sensaciones.
     Para mí la película es un pedazo de vida extraída tal cual, sin adornos ni fuegos artificiales. He leído en alguna crítica que la cámara camina a la altura del personaje para hacernos ver la vida como la ve Silvia, la protagonista, y reconozco que no fui consciente de este detalle técnico, pero sin duda debió de ser algo por lo que me tuvo pegado al asiento los 90 minutos de proyección. Pero lo que sí pude apreciar era el viaje por un torrente de momentos de conversaciones truncadas, de frases inacabadas (como la vida misma) que nos llevan al dolor y a la incomprensión. Las dudas y los miedos continuos de Silvia y de sus padres nos muestran una relación de medias palabras, donde la única salida es aceptar y mirar al miedo de frente.
     Michelle hace un trabajo interpretativo tan profundo, tan de dentro, que es difícil mirarlo sin que se te encoja el estómago. Sin artificios, sin momentos efectistas de lágrima fácil. Con la contención que hace que te sientas dentro de la narración más que pensar en el trabajo actoral de los protagonistas. Aquí tengo que recalcar la extraordinaria generosidad de Belén Rueda y Lluis Homar que ponen su profesionalidad al servicio de una historia, o más bien de un testimonio, sin buscar su lucimiento.
     Genial el duelo interpretativo de Belén y Michelle en la cafetería, con sus miradas perdidas, sus frases inconclusas, sus pausas llenas de significado. Esto no se calcula, esto se siente y se ama o no surgen momentos así. Y, por destacar otro momento, como actor me impactó la conversación con su amiga Maite donde le pregunta "¿mi padre ha abusado de tí?". La respuesta de Nuria Gago (Maite) no puede ser más visceral; todo un ejemplo de lo que es actuar de verdad, desde las tripas.
     Cada uno de los actores que interviene en esta película aporta un trabajo tan digno que podríamos desgranar cada descubrimiento como parte primordial de un conjunto perfecto.
     En cuanto a Michelle, te hace vivir cada emoción en una íntima relación que no parece estar en la pantalla, sino ser una persona de carne y hueso que tienes a tu lado. Y que te hace sentir la extraña sensación, cuando acaba la película, de que más que una película, has visto la vida. Arriesgada apuesta de Montxo Armendáriz y que agradezco mucho porque le da al cine otra dimensión.
     Por eso salí de la sala en una especie de aturdimiento en el que mi mente se planteaba un sinfín de cuestiones. Y que sólo se desvaneció cuando, entre las cabezas de todo el mundo, vi aparecer a Michelle y gritarme "¡Guti!". En aquel momento, volví a la realidad, y comprobé que mi adorada Michelle estaba allí y lo que había visto era una magistral interpretación y una imprescindible película.
     Luego vino el reencuentro con los papás; Miguel Ángel Jenner, que es para mí, más que un amigo, mi ángel, y Martina que lleva su amor al límite de permanecer una hora de pie a pesar de su reciente operación. 
     Ver triunfar a un amigo es tan gratificante como triunfar uno mismo, porque ver feliz a un amigo te alimenta el corazón como pocas cosas.
     Bonita noche que me da energías para seguir creyendo en mi profesión y que guardaré entre mis más bellos recuerdos. Y con una frase que resuena en mi cabeza: "No tengas miedo".

sábado, 11 de septiembre de 2010

Asamblea de grafemas


     Ha sido una asamblea memorable.  Paso a relatarles lo que allí se vivió. 

     Se quejaban la ¡ y la ¿ de que estaban perdiendo su puesto de trabajo. Sus primas, la ! y la ? seguían con su empleo, pero las del puntito arriba sentían que las habían relegado. Y veían cómo, día a día, cada vez se prescindía más de ellas en frases como "Vienes a merendar?"  o "Jonathan, ven aquí!"  y todo tipo de exclamaciones y preguntas. 
     Por su parte, las mayúsculas protestaban del respeto que se había perdido hacia las letras mayores, que no se les tenía en cuenta y que se las mandaba al asilo como algo inservible. Y de la pensión ni hablamos, porque como son las que menos han trabajado tienen poca cotización. Por otro lado, si ya las utilizan pocas veces, son casi inexistentes las ocasiones en las que les dejan ponerse el acento. ¿Es que una mayúscula no tiene derecho a vestir peineta si lo requiere la ocasión? A lo que el acento apuntilló que él era el primer perjudicado, porque pocos lo tenían en cuenta, como si él no hubiese contribuido en innumerables ocasiones a la comprensión y el entendimiento entre palabras. Algunas letras le "tildaron" de "puntilloso" y "machacón" e incluso de querer destacar. En ese momento, se reclinó hacia atrás y dijo que tendría que irse a trabajar a otro país como "acento grave".

     La c le decía a la k que no fuera egoísta e hiciese su labor y que no le quitase a ella sus atribuciones. La k se hacía la sueka, lo que enfureció aún más a la c que le dijo en un grito "¡¡Devuélveme la palabra sueca!!". El signo ¡, suspicaz como estaba ante estos detalles de menosprecio, se unió en duplicado a la letra c, como habréis podido observar. 

     Entonces aparecieron la a, la o y la e y rodearon al signo @ para decirle (apoyados por la ninguneada ¿) "¿cómo te atreves a suplantarnos? ¿no te das cuenta de que tú sola cubres los puestos de trabajo de nosotras tres? ¿eh? ¿ah? ¿oh?"   La @ se arrobarizó, que es la forma que tienen éstas de ruborizarse, y prometió intentar dedicarse a lo suyo que era el servicio postal. Por algo había aprobado unas oposiciones al cuerpo de correos. 
     A todo esto, la preposición a se lamentaba de que la considerasen una inválida, porque cada vez que salía con el verbo "ver" le colocaban una silla detrás, como si ella necesitase descansar. Le irritaba que le colocasen el asiento en frases como "ha ver, dígame usted"

     La d también tenía sus quejas, porque a ella no le importaba ir al final de las palabras, lo que le molestaba es que al pronunciarla la confundiesen con la marca del Zorro para decir "verdaz", "calidaz" o "sociedaz". Esta última especialmente, porque sonaba muy parecida a otra que significa "guarrería"... Eso, suciedaz. 

     Allí estaba hasta el signo + que, a falta de trabajo en su empresa, la aritmética, se había venido a la gramática para ocupar el puesto de cuatro compañeras, las añoradas de "más". Tilde, eme, a y ese cada vez tenían menos servicios que cumplir en conjunto, así que se veían poco. 

     Además, todas añoraban los tiempos de los agentes  que vigilaban la buena convivencia entre las letras. Ahora habían sustituído aquella policía tan humana y cercana por otra que era como los porteros automáticos, fría e impersonal. "Correctores ortográficos" les llamaban.

     Tanta crispación se produjo, que comenzaron a saltar unas sobre otras y decidieron ir por libre y hacer cada una la guerra por su cuenta. Por eso, empezaron a hacer asociaciones como tq para declarar el amor; M1ML por ahorrar el gasto que supondría unir a tantas letras para decir "mándame un mensaje luego"; o NSN d ti kntm q acs? para expresar "No se nada de ti, cuéntame, ¿qué haces?"

     Posiblemente las veamos representadas en la próxima huelga general del día 29 por sus representantes sindicales entre los que se encuentran el signo | y el ¬, que no es que sean muy productivos, pero ahí están.


sábado, 28 de agosto de 2010

Con un texto y un candil


     Es algo que me planteo cada vez que veo los "modernos" teatros que jalonan nuestra geografía. Y es que con esto del progreso, la maquinaria teatral ha avanzado una barbaridad. Lo que hubiera sido deseable es que en todas partes los medios se hubiesen desarrollado para conseguir el fin. Me explico: en muchas administraciones públicas se han gastado millonadas en crear un espacio escénico que para lo que menos sirve es para la escena. ¿Esta gente no tiene asesores? ¿O les da igual lo que les digan, puesto que a ellos sólo les importa el "relumbrón"?

     A veces te encuentras con una caja escénica metida allí, al fondo del edificio, como si se tratase de una cámara funeraria de pirámide. 
     Y aquí empiezan los problemas: hay que introducir la escenografía a través de pasillos y recodos. 
-¡Gira, gira, Manolo, que das en la esquina! 
-¡Me ca*$#.. en todo! ¿Ya me he clavado este interruptor en la mano! ¡Que parece que ponen los salientes aposta, siempre hay uno en el lugar menos oportuno! 
     Mientras, alguien grita:
-¡Cuidadito con el espej... ! (ruidos de vajilla y silencio tenso)
...
-¡Tomás, busca como sea un espejo de 80 x 40!  (alguien habla al fondo, pero no se le entiende) 
-¡Aquí el niño, que se cree que el atrezzo es de goma! 

     Llega, poco a poco la escenografía a su espacio natural y no acaban las dificultades.

-¿Dónde sujetamos esto? 
-No, pues en esa vara no se puede colgar porque están los focos robotizados y esos no se mueven de ahí.
-Vale, pues a la otra vara.
-No, ahí tampoco, que esa sólo aguanta 50 kilos y ya tiene colgadas las patas que pesan un pico.
-¿Entonces para qué está?
-Ah, a mi no me cuente, dígaselo al que la instaló.

     Así que, en vista del panorama, la cortina se cuelga en un biombo que había por allí, seguramente olvidado de algún espectáculo de cuplés. 

     Mientras los encargados de la escenografía hacen verdaderas virguerías para colocar todo en escena, se descarga el vestuario. 

-¿Dónde están los camerinos? 
-¿Camerinos? -Dice el encargado de la sala- Ah, sí. Bueno, no son camerinos en sí. (entonces, ¿serán en no?) Bajad por esas escaleras y al fondo del pasillo hay un cuarto donde podéis cambiaros. ¡Ah, y cuidado con los tubos de la calefacción, no os deis en la cabeza!

     No me extraña que no se atreviese a llamarlo camerinos. Aquello es el cuarto trastero de un bazar chino. Suerte que el armazón del cabezudo nos sirve para colgar perchas. Como espejo, uno de 50x50 donde habrá bofetadas para conseguir visionarse todos los actores. 

     Volvemos a la sala y comprobamos el sonido. Sonar suena. Fuerte, eso sí, pero suena. Calidad no nos pidan, pero potencia la que quieran, para eso aquí se pone cine de vez en cuando. 

     Y entre arriba y abajo, vamos llegando a la hora de la función.  Gracias a que alguien se ha traído un cepillo para ir cepillando la ropa justo antes de salir a escena, porque si no, tendríamos que entrar cantando la copla:

               ¡Qué polvo tiene el camino!,
               ¡qué polvo la carretera!
               ¡Qué polvo tiene el molino, olé, olé!,
               ¡qué polvo la molinera!  

 

     Silencio, música y... ¡arriba el telón! (Si es que lo hay)

domingo, 8 de agosto de 2010

Dos al día: por la mañana y al acostarse.


     Si Moliere levantara la cabeza le iban a entrar ganas de revisar "El Enfermo Imaginario", a la vista de la cantidad de enfermedades nuevas que últimamente nos llevan a esas salas de espera que son como el confesionario de "Gran Hermano" (aunque es más un confesonario, pero la costumbre ha degenerado en esto. Cualquier día vamos a la carnecería a comprar chuletas).
     La cuestión es que a las consultas va gente de todo tipo: gente que está enferma, gente que va para que les receten -como el que va al banco-, gente que estuvo enferma pero ya se le ha pasado de tanto como ha esperado para la cita, y gente que va como podría ir a tomar té a una tertulia con la tita Cati. Estos son los peores, porque en caso de que no te encontrases mal, ten por seguro que después sales con un dolor de cabeza para el que tendrás que volver a pedir cita. Te cuentan su vida y milagros, te cuentan todas sus dolencias y, lo que es peor, te preguntan por las tuyas. Es cuando te sientes un miserable, porque sólo tienes una ridícula úlcera gástrica. Lo de ellos sí que es un currículum del que se puede alardear y no tu simple trastrorno. Si les pagasen por cada achaque no necesitarían trabajar, aunque hay algunos que, a fuerza de sumar aptitudes, lo consiguen. 

     Al Señor Purgón de Moliere, hoy en día, se le quedarían cortas las enfermedades. La bradipepsia, la dispepsia, la apepsia, la lientería, la disentería y la hidropesía no bastarían para llevar al hipocondríaco Argán a la locura. Necesitaría más, tal y como está el patio. 
     El otro día, sin ir más lejos, una señorita a la que no conocía de nada opinó de un comentario mío a lo que le hice ver que no estaba muy de acuerdo con su intervención. ¡Para qué queremos más! Se sintió molesta y después de relatarme no sé cuantas cosas, me dijo que no la conocía de nada y que le habían diagnosticado hipersensibilidad. ¿Qué pasa, que es como el niño del Sexto Sentido? ¿Y eso qué tiene que ver? ¿Es que ahora al presentarnos hay que dar también el informe médico? -"Hola, me llamo Pepe y tengo hemorroides". Qué feo, ¿no? A mi me da que lo que le habían diagnosticado era imbecilidad. 

     Oigo hablar de los niños hiperactivos y me pregunto si existen o son un medio de consolarse para padres asustados (¿por qué hay tantas enfermedades hiper? ¿será para darles importancia, o porque se fraguan en el Carrefour?) Yo no recuerdo que siendo niño tuviese amigos o compañeros con esa dolencia. Había, a lo sumo, niños rebeldes, niños traviesos, niños tozudos o tocapelotas, directamente. Pero nada que no se solucionase con un cachete a tiempo. Ojo, que he dicho cachete, no hostia ni paliza; aunque esto merece estudio aparte. No se me echen encima los del defensor del menor. Pues nada, que ahora cualquier niño que corre a más de seis habitaciones por minuto ya es hiperactivo. 

     ¿Y la gripe A? En cuanto se moqueaba un poco, o estornudabas cabezonamente, eras puesto en cuarentena. Con guardias de seguridad en tu puerta, vestidos con trajes de astronauta blancos y una cinta de seguridad alrededor de tu domicilio para impedir que cualquiera se acercase a más de quince metros de tí. Si ibas a un concierto, te escoltaban un grupo de guardaespaldas para que nadie pudiese tener contacto contigo. Te sentías como David Beckham en un congreso de la Asociación de Mujeres Promachistas (Ya sé que no existe, pero dada la proliferación de asociaciones femeninas, todo se andará). 
     Y si afortunadamente, no tienes el virus, ármate de guantes, mascarilla, líquido desinfectante, escafandra y traje de amianto, por si acaso, no te vayan a contagiar. Lo bueno es que ahora se ha concluido que la Gripe A no era para tanto. Vamos, que ha pasado de ser una pandemia a una pamema

     Para los susceptibles, aclararé que no me mofo de quienes padecen alguna enfermedad. Simplemente, considero que estos temas hay que tratarlos con cierto humor, como método para quitarles gravedad y contribuir a la buena salud de las personas. ¿No es la Gelotología una buena terapia preventiva y curativa?