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martes, 28 de diciembre de 2021

Cuánto duele la vida

 


     Mientras el coro de grillos aserra el ocaso para aplastar el silencio, camino entre la maleza de un olvido recordado. ¿O es un recuerdo olvidado?

     Pocas palabras quedan ya en el zurrón de vagabundo del asfalto. Una sonrisa fugaz y marchita se ha aposentado en mi cara, ocultando pudorosa un rostro de niño envejecido.

     Veo el mundo pasar, feliz de su infelicidad, encantado de su desencanto. Saetas de dientes afilados y ojos que se deshojan, se han clavado en las almas colgadas de los árboles.

     Sólo queda la noche, rodeada de estrellas fugaces, con las manos forradas de guantes de oro repujado, en brazos que se empeñan en convertir las caricias en zarpazos bienquistos.

     Y una canción parece observar lejana, entre las sábanas negras del cielo; allá, donde el sonido parece olvidar su velocidad y se enmaraña entre las hebras desenhebradas de las nubes.

     Es cuando sueñas verdades que no se hicieron realidad, cuando escuchas voces que nunca se dijeron, cuando lo que es jamás ha sido. Cuando duele la vida.




sábado, 27 de octubre de 2012

¡Empieza la función!



   Te pasas media la vida intentando demostrar que sabes hacer algo y, de pronto, descubres que es una pérdida de tiempo. Da igual lo que sepas hacer; siempre te va a pillar con el “paso cambiado”. 
     
   Y rectificas, cambias el paso, esperando adaptarte al paso común. Hasta que te das cuenta de que eso sólo frena tu caminar. Además no tiene sentido perder el tiempo justificando tus éxitos o tus fracasos. Sólo tú tienes el secreto de cómo hacer las cosas. 
 Entonces decides seguir tu ritmo, no aceptar imposiciones ni que muevan tus hilos. Y te conviertes en asocial. Sí, puede ser. O quizá es que has decidido comer sólo lo que te apetece. Ya no hay ritmos que seguir ni pautas que obedecer. 

   Piensas que nadie sigue tu compás, y no es cierto. Lo siguen los mismos que lo han seguido siempre, los que caminan a tu lado y no fuerzan tus pisadas. 
   Es cuando observas el lastre que has soltado, y, ligero de carga, ves como el horizonte se acerca sin esfuerzos extremos. 

   Es difícil pensar en uno mismo cuando has dedicado tanto tiempo en pensar principalmente en los demás. Pero, de tanto hacerlo, has dejado olvidado a tu “yo”. Así que, la única cura es hacerte el mejor regalo: el de tu propia vida. Dejar de poner en riesgo tu propio papel para servir el texto a los demás. 

   ¡Que suba el telón y protagonicemos nuestra propia función! 




domingo, 26 de agosto de 2012

Yo quiero tener un millón de amigos...


     No sé si Roberto Carlos pertenecerá a alguna red social. Pero podría estar en su salsa. Allí sí que puede tener un millón de amigos. Porque ese parece ser el principal interés de algunos de los que se apuntan a las redes: darle al “me gusta”, solicitar, retwittear, seguir y que le sigan. El obsesivo deseo de formar parte de un entramado de cientos de congéneres y sentir que somos amigos de todos ellos. 

     Los que somos de pueblo sabemos que esto no es nuevo. Las señoras que se sentaban “al fresco” por las tardes/noches y los señores que se sentaban “a la sombra” durante el día, ya creaban su red social. Antes sacaban sus sillitas a la calle y ahora se enciende el ordenador o el móvil. En pequeños grupúsculos que se interrelacionaban con el gran entramado que circulaba a su alrededor. Y cuanto más céntrica fuese la atalaya, más amplio era el alcance de su actividad. “¡Adiós, don Venancio!” emitían al paso del susodicho para, sin solución de continuidad, girar la cabeza a sus adyacentes y susurrar “¿Qué se habrá creído? Míralo, qué aires se da.” 

     Y allí salían todos los trapitos al sol y a la luna. Se hablaba de todo y de todos, mientras cada cual alardeaba de sus conquistas y su envidiable forma de vivir. Aun sabiendo que, en cuanto abandonase la tertulia, sería carnaza de alguno de los que tenía al lado. Cada cual se encargaba de soltar su perorata, unas más sinceras y otras más para crear su buena imagen. Los progresos de su hija en la universidad, el vestidito para la boda, el burro último modelo comprado en la feria... 

     Los botones de “me gusta” eran sus cabezas, que asentían en clara prueba de aceptación o permanecían inmóviles para expresar “me la trae al pairo” (más discreto, pero no menos revelador).
     Los había activos, que participaban, aunque no todas fueran intervenciones sinceras, sino un efecto de cara a la galería. Y los había pasivos, que escuchaban, observaban y poco aportaban al diálogo más que el acopio de información para ofrecerla en pescaderías, bares y saloncitos de casa. 
     Lo peor es que, esos que sólo iban a fagocitar información de los otros, estaban bastante preocupados de que pudieran ser excluidos del grupo de contertulios. 

     Por eso todos guardan las formas, son ejemplares y sienten la necesidad de formar parte de la lista de amigos de muchos amigos para destacar la gran cantidad de amistades de la que son amigos aunque con alguno su amistad no haya pasado del “hola, buenos días”. Así, de tanto abusar de la palabra, amigos toma un valor tan superficial que deja de tener valor. 

     No creo que Roberto Carlos se refiriese a un sentido tan frívolo, pero le tomamos la palabra y, ahora, quien no tiene un perfil de Facebook o de Twitter, no es nadie. 

     Me gustan las redes sociales, sí, pero como medio de comunicación entre las gentes. Y hay personas que las utilizan así. Pero me parece que las desperdiciamos cuando las convertimos en corrillos de porteras. 


domingo, 17 de junio de 2012

DeLaNada contra viento y marea

     
     Cuando, hace unos meses hablé del estreno de “Los últimos días de Alejandro”, lo hacía con la emoción del momento en el que el barco, tras haber sido diseñado, construido y pintado, es botado y comprobamos que, no sólo flotaba, sino que lo hacía con elegancia y con total seguridad. 

     Algunos meses han pasado de esa botadura y puedo asegurar que el viaje está siendo toda una aventura llena de grandes sensaciones. En primer lugar destacaré la valía de todos los componentes de esta tripulación. Unos iniciaron la singladura, otros se bajaron en algún puerto, otros se enrolaron en naves compañeras, y otros subieron durante la travesía. Pero todos han dado muestras de gran respeto por esta nao que se llama DeLaNada. Y ya han sido unos cuantos puertos en los que hemos fondeado. 
     Por mi parte, como dijo Antonio Machado “he andado muchos caminos, he abierto muchas veredas, he navegado en cien mares y atracado en cien riberas”, siento que esta aventura es hermosa como pocas y la última de nuestras singladuras ha sido una auténtica prueba de valía de este equipo humano. 

     DeLaNada teatro viajó a conquistar Granada con todas las dificultades imaginables. Y, como un equipo totalmente entregado, todos tomaron sus puestos sin perder la calma, sin amedrentarse y con la buena actitud que sólo los valientes tienen. Buen humor y entrega en todo momento. Capeamos el temporal y salimos victoriosos de tan temible tormenta. 

     Todos echamos de menos a Álvaro, Miguel y Gabriel, y sentimos la enfermedad de Borja que, en el último momento, le impidió estar con nosotros. Pero había que seguir, el espectáculo debía continuar, así que era hora de ponerse manos a la obra. 

     Fue fantástico ver la disposición de David Paredes y Álvaro Ramos cuando les propuse aprenderse sendos papeles durante el viaje para hacer la sustitución esa misma tarde. Furgoneta sala de ensayo
     Magnífico el coraje de Álvaro cuando, cinco minutos antes de empezar, se quitó el pinganillo que tenía preparado por si se le iba el texto y dijo “prefiero no llevar esto, vamos a por todas”: Coraje de actor
     Magnífico David Paredes que atendió mi petición sin rechistar y se aprendió el nuevo papel que defendió con ganas: Disciplina de actor
     Magnífico Javi supliéndome a mi, tras una carrera desde la cabina de luces, y haciendo un Diógenes único del que me sentí muy orgulloso: Actor sin trabas
     Sin olvidar su buena actitud cuando nos dimos cuenta de que nos faltaba el foco para un efecto: Solución de artista
     Magnífica Noe que, ante la falta de un soporte para las lanzas, salió a la calle, buscó una caja y preparó un soporte que ríete tu de Macgyver: Entrega de compañera
     Magníficos Alberto, Rubén y alguno más que, ante la falta de escudo, idearon un elemento escenográfico que dio hasta para unas risas cuando comentamos que podíamos hacer un espantapájaros: Arranque de genialidad
     Magnífica Virginia, que apareció por allí para ver la función y acabó de taquillera: Generosidad de amiga
     Magnífico Pedro, que vino a ver actuar a su hijo y estuvo atento en todo momento a lo que nos hiciera falta: Apoyo impagable.
     Magnífico Chema Cabello porque vino a ofrecernos su ayuda y vibró con el público, por si no era suficiente con ser el autor de "Los últimos días de Alejandro": Ánimo incondicional

     Y magníficos todos y cada uno, Marta, Jos, Zoraida, David Alonso, Dani y Raúl, porque no perdieron la amabilidad ni el buen humor en ningún instante: LEALTAD Y COMPAÑERISMO. 

     No hablaré del personal del Teatro Zaidín porque sólo puedo decir que hicieron su servicio escrupulosamente, o sea con todos los escrúpulos posibles. Prefiero hablar de lo positivo. 

     Sé que me ha salido un post muy serio, pero no se me ocurría otra manera de agradecer a este magnífico equipo que es DeLaNada Teatro. Aparte de unos grandes artistas, doy fe de que son unos extraordinarios seres humanos.

     Sois muy grandes y estoy orgulloso de dirigiros.






domingo, 20 de mayo de 2012

¿Alguna vez te has disfrazado de Spiderman?




     Parece que las premoniciones existen. Cuando, hace unos días, escribía una frase en el desfogante muro de Facebook, no imaginaba yo que iba a tener una prueba de ello tan evidente y tan pronto. Yo decía “la genialidad del actor es hacer que el personaje reviva cada día, que no se muera disecado en su propia complacencia”
     Y esto es lo que vi ayer en “Teoría y práctica sobre los principios mecánicos del sexo”. Unos actores y actrices (qué lata esto de tener que separar los sexos), haciendo tan real y tan fresco un texto que daba la impresión de no haber texto. 

     El público reunido en el Garaje Lumière se convirtió en voyeur (y conste que utilizo esta palabra francesa en honor a los Lumière) de la vida de unos seres poco alejados de cualquiera de nosotros. La mentira y los secretos forman parte de nuestra vida. Y quien lo niegue cae en la peor mentira que se puede decir: la mentira a uno mismo. Una divertida historia que no se queda en la superficialidad; donde puedes observar que lo que se dice no tiene por qué corresponder con lo que se hace.

     Impresionante la difícil sencillez con que el autor y director Miguel Ángel Cárcano crea un texto al que no se le ven los andamios. Esa humildad para no hacer lucimiento de su técnica, cuando sin duda la hay, porque de otro modo la historia no puede desarrollarse con esa composición tan meticulosa de cada uno de los personajes. La infidelidad de Daniel con su pareja contrasta con la fidelidad que le tiene a su amigo Carlos. O la sorprendente dualidad moral de Marta oculta tras su femenina intuición y sus elaboradas sospechas. O la compulsiva infidelidad de Carlos a quien le razona mejor su bragueta que su cerebro; un ser básico, sin maldad pero con poco de maquiavélico. Incluso Virginia, a quien su ética le censura hacer lo que su instinto le pide a gritos, no es ajena a esta impura honradez.

     En este caldo de sabores sin sabor y desahogo de represiones se mueve la obra. Y nuestra cabeza se golpea entre la risa (o carcajadas en algunos momentos) y el autoanálisis vergonzoso de nuestra propia moral. Con esta obra tienes la sensación de ver desnudos a los personajes en todo momento, porque sus actos y sus palabras delatan la mayor de las intimidades, la de sus almas. 

    Y, puesto que fue mi amigo Juan Vinuesa quien me animó para ir a verlos, no puedo reprimirme la necesidad de decir cuánto lo admiro. Hace una creación única en el rol de Carlos, tierno y comprensible a pesar de que su actitud no sea un dechado de prudencia. O ese reproche que tanto hiere a su personaje: "falta de madurez". Con esa vis cómica mezclada con la "mala follá granaina". Una muestra de cómo se construye un personaje con sus luces y sus sombras. No por ello dejo atrás la labor de los otros actores, que disfrutan y se crecen en escena hasta hacernos olvidar que están interpretando un papel. 

     No contaré el final, pero sí diré que me pareció un canto al “vive y deja vivir”, donde cada cual tiene que apechugar con sus fantasmas y sus telarañas para disfrutar de esta vida que no tiene vuelta atrás. 

     Porque, ¿quién no se ha disfrazado alguna vez de Spiderman?




martes, 17 de abril de 2012

Teatro de niños

 
     En ocasiones cierro los ojos e intento visualizar aquella primera incursión en el universo de la interpretación. Temprana, muy temprana fue mi llegada al mundo del teatro. Siete años de un niño que ya formó su propia compañía. Duró poco, desde luego, pero ya fue un apunte de lo que luego sería mi vida. Después el tiempo se encargaría de cambiar mi rumbo y, como la cabra tira al monte, pasados unos años volví a mi idea, esta vez mejor armado, sin duda, porque me ha durado hasta hoy.
     Me gustaría recordar el nombre de la obra que intentamos poner en marcha con aquel grupo de niños-actores. Lo que sí recuerdo es que había un sofá (hecho con cajones y una manta), una mesa, un mantel y una escena en la que yo me tenía que enfadar mucho. Sí, el mantel y el enfado son detalles importantes, porque fueron los detonantes de la disolución de la compañía. En pleno ensayo y haciendo gala de una enérgica actuación, tiré del mantel para hacer caer los vasos y platos que había sobre la mesa. Con tan mala suerte que el mantel rajó y el enfado de la actriz-escenógrafa que había prestado ese elemento del atrezzo nos llevó a una bronca que acabó con el proyecto. 

     Cierto es que aquello era un teatro muy infantil, pero la imaginación es el don natural de los niños y nosotros teníamos varios cestos llenos. Y como infantil es igual a pequeño, también era pequeño nuestro local para las representaciones: el patio de mi casa con las sillas que traían los espectadores bastaba. 

     Nuestro sistema de promoción no era gran cosa, pero cumplía su cometido. Para publicitar las funciones hacíamos un cucurucho de cartón a modo de megáfono y paseábamos a pie y grito por las calles del pueblo que por entonces tenía unos mil habitantes. 
     Iluminación ninguna, las funciones se hacían en horario solar. Y en cuanto a atrezzo, cualquier cosa encontrada en un desván servía. Hasta una pintura que años después un tasador descubrió que tenía un valor millonario por ser la obra de un pintor muy antiguo y prestigioso. No sé decir quién era el autor porque la noticia me llegó muy filtrada bastantes años después y ya se sabe lo que pasa con el “me han dicho que le han dicho a fulanito que menganito se ha enterado”. 

     En fin, que sin añorar aquellos incipientes inicios, me alegro de haber tenido que echar mano de tanto ingenio para hacer cosas que ahora, en muchos casos, me las dan hechas.



domingo, 8 de abril de 2012

La experiencia de lo que falta


     Después de un año sin publicar ningún artículo, creo que ya va siendo hora de volver a la carga. 
     No ha sido por falta de ganas, pero algunas pérdidas de compañeros me tentaban a escribir sobre ellos y no quería convertir el blog en un panegírico de seres queridos desaparecidos. Ni quería que fuera un muro de opiniones políticas por la situación que nos está tocando vivir. Así que, centrándonos en lo estrictamente teatral, abro esta nueva etapa con una reflexión sobre mi trayectoria como actor.

     Cuando, hace más de treinta años, decidí ser actor era un joven cargado de miedos y de ilusiones. Ahora dicen que soy un “actor con experiencia”. ¿Qué es la experiencia? Muchos creen que tener experiencia es saberlo todo o casi todo. Yo pienso que es haber librado muchas batallas y adquirido algún conocimiento, pero también tomar conciencia de que hay mucho por aprender. 
     Y cuando te vas curtiendo en estas lides, cambias el miedo por la responsabilidad, que quizá sea otro tipo de miedo. Todavía me tiemblan las piernas y siento el rápido palpitar del corazón cada vez que se encienden los focos de escena o la sala de doblaje se queda en silencio para que mi voz lo rompa, o el director dice aquello de “¡acción!”. 

     Como me dijo una vez una admiradísima y veterana compañera cuando le comenté que me ponía muy nervioso: “el día que dejes de sentir esos nervios, retírate, estás acabado”. Y creo que aún puedo seguir, porque esos nervios no se me han pasado. Cierto es que he aprendido a dominarlos para que no se apoderen de mí, pero sigo sintiéndolos. Quizá eso sea lo más destacable de lo que te da la experiencia. 
     Al igual que los reconocimientos. Parece que un reconocimiento es la posibilidad de tumbarte a recoger los frutos. Pero no es así, la cosecha hay que seguir cuidándola. Ya me comentó otra gran actriz que fue presidenta de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España (nombre largo donde los haya): “los premios pueden ser muy peligrosos, porque los demás piensan que ya eres inaccesible y tu puedes dormirte mirando tu reflejo en el trofeo”. 

     Así que, con bagaje o sin él, yo sigo siendo el (ya no tan joven) de mis comienzos pero que es consciente de todo lo que le queda por hacer.


sábado, 30 de abril de 2011

Sé valiente, "No tengas miedo"



     Cuando hace unos años, una jovencita encantadora dio un ejemplo de lealtad y coraje al negarse a trabajar en cierto proyecto si despedían a su director, la emoción hizo que mi alma se encogiese y creyese un poco más en el ser humano y en los amigos. El pasado jueves, al ver a esa misma joven brillar por derecho en la pantalla de un cine, el alma se me volvió a encoger y creo más en la autenticidad y la genialidad interpretativa. Esa joven de ojos azules que muestran un universo de vida es Michelle Jenner, y aquel humilde director soy yo.
     Llevo dos días pensando en esta entrada del blog y me debatía entre hacer un comentario sobre la película "No tengas miedo" como espectador o sobre las emociones que ha provocado en mí como persona. Intentaré ser equitativo en ambas sensaciones.
     Para mí la película es un pedazo de vida extraída tal cual, sin adornos ni fuegos artificiales. He leído en alguna crítica que la cámara camina a la altura del personaje para hacernos ver la vida como la ve Silvia, la protagonista, y reconozco que no fui consciente de este detalle técnico, pero sin duda debió de ser algo por lo que me tuvo pegado al asiento los 90 minutos de proyección. Pero lo que sí pude apreciar era el viaje por un torrente de momentos de conversaciones truncadas, de frases inacabadas (como la vida misma) que nos llevan al dolor y a la incomprensión. Las dudas y los miedos continuos de Silvia y de sus padres nos muestran una relación de medias palabras, donde la única salida es aceptar y mirar al miedo de frente.
     Michelle hace un trabajo interpretativo tan profundo, tan de dentro, que es difícil mirarlo sin que se te encoja el estómago. Sin artificios, sin momentos efectistas de lágrima fácil. Con la contención que hace que te sientas dentro de la narración más que pensar en el trabajo actoral de los protagonistas. Aquí tengo que recalcar la extraordinaria generosidad de Belén Rueda y Lluis Homar que ponen su profesionalidad al servicio de una historia, o más bien de un testimonio, sin buscar su lucimiento.
     Genial el duelo interpretativo de Belén y Michelle en la cafetería, con sus miradas perdidas, sus frases inconclusas, sus pausas llenas de significado. Esto no se calcula, esto se siente y se ama o no surgen momentos así. Y, por destacar otro momento, como actor me impactó la conversación con su amiga Maite donde le pregunta "¿mi padre ha abusado de tí?". La respuesta de Nuria Gago (Maite) no puede ser más visceral; todo un ejemplo de lo que es actuar de verdad, desde las tripas.
     Cada uno de los actores que interviene en esta película aporta un trabajo tan digno que podríamos desgranar cada descubrimiento como parte primordial de un conjunto perfecto.
     En cuanto a Michelle, te hace vivir cada emoción en una íntima relación que no parece estar en la pantalla, sino ser una persona de carne y hueso que tienes a tu lado. Y que te hace sentir la extraña sensación, cuando acaba la película, de que más que una película, has visto la vida. Arriesgada apuesta de Montxo Armendáriz y que agradezco mucho porque le da al cine otra dimensión.
     Por eso salí de la sala en una especie de aturdimiento en el que mi mente se planteaba un sinfín de cuestiones. Y que sólo se desvaneció cuando, entre las cabezas de todo el mundo, vi aparecer a Michelle y gritarme "¡Guti!". En aquel momento, volví a la realidad, y comprobé que mi adorada Michelle estaba allí y lo que había visto era una magistral interpretación y una imprescindible película.
     Luego vino el reencuentro con los papás; Miguel Ángel Jenner, que es para mí, más que un amigo, mi ángel, y Martina que lleva su amor al límite de permanecer una hora de pie a pesar de su reciente operación. 
     Ver triunfar a un amigo es tan gratificante como triunfar uno mismo, porque ver feliz a un amigo te alimenta el corazón como pocas cosas.
     Bonita noche que me da energías para seguir creyendo en mi profesión y que guardaré entre mis más bellos recuerdos. Y con una frase que resuena en mi cabeza: "No tengas miedo".

domingo, 8 de agosto de 2010

Dos al día: por la mañana y al acostarse.


     Si Moliere levantara la cabeza le iban a entrar ganas de revisar "El Enfermo Imaginario", a la vista de la cantidad de enfermedades nuevas que últimamente nos llevan a esas salas de espera que son como el confesionario de "Gran Hermano" (aunque es más un confesonario, pero la costumbre ha degenerado en esto. Cualquier día vamos a la carnecería a comprar chuletas).
     La cuestión es que a las consultas va gente de todo tipo: gente que está enferma, gente que va para que les receten -como el que va al banco-, gente que estuvo enferma pero ya se le ha pasado de tanto como ha esperado para la cita, y gente que va como podría ir a tomar té a una tertulia con la tita Cati. Estos son los peores, porque en caso de que no te encontrases mal, ten por seguro que después sales con un dolor de cabeza para el que tendrás que volver a pedir cita. Te cuentan su vida y milagros, te cuentan todas sus dolencias y, lo que es peor, te preguntan por las tuyas. Es cuando te sientes un miserable, porque sólo tienes una ridícula úlcera gástrica. Lo de ellos sí que es un currículum del que se puede alardear y no tu simple trastrorno. Si les pagasen por cada achaque no necesitarían trabajar, aunque hay algunos que, a fuerza de sumar aptitudes, lo consiguen. 

     Al Señor Purgón de Moliere, hoy en día, se le quedarían cortas las enfermedades. La bradipepsia, la dispepsia, la apepsia, la lientería, la disentería y la hidropesía no bastarían para llevar al hipocondríaco Argán a la locura. Necesitaría más, tal y como está el patio. 
     El otro día, sin ir más lejos, una señorita a la que no conocía de nada opinó de un comentario mío a lo que le hice ver que no estaba muy de acuerdo con su intervención. ¡Para qué queremos más! Se sintió molesta y después de relatarme no sé cuantas cosas, me dijo que no la conocía de nada y que le habían diagnosticado hipersensibilidad. ¿Qué pasa, que es como el niño del Sexto Sentido? ¿Y eso qué tiene que ver? ¿Es que ahora al presentarnos hay que dar también el informe médico? -"Hola, me llamo Pepe y tengo hemorroides". Qué feo, ¿no? A mi me da que lo que le habían diagnosticado era imbecilidad. 

     Oigo hablar de los niños hiperactivos y me pregunto si existen o son un medio de consolarse para padres asustados (¿por qué hay tantas enfermedades hiper? ¿será para darles importancia, o porque se fraguan en el Carrefour?) Yo no recuerdo que siendo niño tuviese amigos o compañeros con esa dolencia. Había, a lo sumo, niños rebeldes, niños traviesos, niños tozudos o tocapelotas, directamente. Pero nada que no se solucionase con un cachete a tiempo. Ojo, que he dicho cachete, no hostia ni paliza; aunque esto merece estudio aparte. No se me echen encima los del defensor del menor. Pues nada, que ahora cualquier niño que corre a más de seis habitaciones por minuto ya es hiperactivo. 

     ¿Y la gripe A? En cuanto se moqueaba un poco, o estornudabas cabezonamente, eras puesto en cuarentena. Con guardias de seguridad en tu puerta, vestidos con trajes de astronauta blancos y una cinta de seguridad alrededor de tu domicilio para impedir que cualquiera se acercase a más de quince metros de tí. Si ibas a un concierto, te escoltaban un grupo de guardaespaldas para que nadie pudiese tener contacto contigo. Te sentías como David Beckham en un congreso de la Asociación de Mujeres Promachistas (Ya sé que no existe, pero dada la proliferación de asociaciones femeninas, todo se andará). 
     Y si afortunadamente, no tienes el virus, ármate de guantes, mascarilla, líquido desinfectante, escafandra y traje de amianto, por si acaso, no te vayan a contagiar. Lo bueno es que ahora se ha concluido que la Gripe A no era para tanto. Vamos, que ha pasado de ser una pandemia a una pamema

     Para los susceptibles, aclararé que no me mofo de quienes padecen alguna enfermedad. Simplemente, considero que estos temas hay que tratarlos con cierto humor, como método para quitarles gravedad y contribuir a la buena salud de las personas. ¿No es la Gelotología una buena terapia preventiva y curativa?



sábado, 7 de agosto de 2010

¿Me explica lo que es el arte?


     Leo en un diario nacional un artículo de un tal John J. Healey que titula "El problema más grave del cine español" y me retumba en la cabeza una sentencia: "tu eres tonto y a partir de ahí no hay más que hablar". Es que uno se harta ya de oír simplezas, mamarrachadas y exquisiteces de las mentes preclaras que pretenden sentar cátedra sobre lo que debe ser el arte (y lo he escrito bien, sin "de", porque lo hacen como una imposición). 

     Después de algunos años de dar bandazos en el mundo del espectáculo y habiendo estado en contacto desde sus bases más humildes a sus más refulgentes esferas, me he callado demasiadas veces para no caer en descalificaciones. Pero hay un momento en que peligra la integridad de mi aguante. 
     Según el iletrado revestido de erudito, el público está equivocado y quienes hacen películas de culto y de extremada estética se encuentran con que la sociedad no está preparada para algo tan exquisito. "Haberlas, haylas", aunque no todo el monte es orégano. Perdone usted, pero el arte no se impone. Una obra de arte que no provoca nada en el espectador, no es obra de arte, es una guarrería. Y eso es lo que están haciendo con el arte dramático los enteradillos que van de genios. El teatro en España se lo cargaron durante una época los lumbreras que pretendieron imponer un teatro experimental y de vanguardia que no interesaba a nadie. Suerte que ahora está resurgiendo porque hay compañías y profesionales que saben atraer al público. 

     Con el cine tres cuartos de lo mismo. Demasiadas subvenciones han alimentado un cine que no interesa y que hace creer al espectador que es un memo por no entenderlo.
     Habla el esclarecido de que la "naturalidad en la interpretación" no cala en el público vulgar porque está demasiado acostumbrado a estereotipos teatrales y forzados. Vamos a ver, el arte no es la vida tal cual. Tiene que ofrecer algo sugestivo, exponer su visión de la realidad y hacerlo con los resortes necesarios para resultar atractivo al público. Si quieren naturalidad, que se vean cualquier programa de prensa rosa. Ahí tienen un reflejo muy natural de ciertos personajes. Sin embargo, no podemos llamar arte a esto, y de "buen gusto" no tiene ni el conocimiento de lo que significa. 
     Pero si hasta la fotografía utiliza efectos y modifica la imagen real para resultar artística. Que no me vengan ahora con que hay que ser totalmente fieles a la realidad. ¿Qué sentido tendría entonces la poesía? ¿Hay alguien que hable así en su vida cotidiana? Pues no, pero ahí está la genialidad del poeta, en mostrar sentimientos utilizando sus propios y antinaturales recursos. ¿Es estricto con la realidad Van Gogh en sus "Girasoles Ciegos"? Alguien diría que utiliza sus tópicos trazos y su gama cromática habitual. Pero esa es la virtud de un artista, crear sensaciones atractivas con su propio estilo. 

     Otro de los manidos argumentos que se utilizan para defender cierto indefendible cine español es el mal que provoca el doblaje. Esa práctica en la que se utilizan clichés, entonaciones y frases hechas que nada tienen que ver con la sociedad española. Pues, mira por dónde, no voy a argumentar los pros y contras de esta práctica, por evitar un dicho que se utiliza en mi pueblo: "¿Quién alaba a la novia? La guarra de su madre."  Pero sólo diré que, por mucho que se empeñen algunos, si eso es lo que el público entiende y lo que al público le llena, irá a disfrutar de eso o no irá a ver nada. No se puede obligar a la gente a aguantar algo que no soporta. Y el arte tiene que gustar. Si no encandila a quien lo observa no deja de ser un capricho de su autor, o la justificación de un incompetente. Sobre todo, cuando éstos se empeñan en que es algo que debe gustar a todo el mundo o, de lo contrario, a las neuronas del público les falta un hervor.

     Sólo pido que cada cual tenga la suficiente capacidad de elegir lo que le llena y lo que no. No nos dejemos engañar por esas genialidades que no son sino fiascos para seguir viviendo del cuento. Ni por lo que estos gurús de la cultura nos tratan de imponer bajo la insinuación de que, de lo contrario, seremos burdos e ignorantes.

     Hoy no estoy gracioso, pero es que hay cosas que me cambian el humor. Ese empeño en imponer o menospreciar a quienes tienen unos gustos o unos conceptos alejados de lo que estas personas desearían (quizá para poder vivir de su/el cuento) sí que es un problema para el cine español. Seamos honestos y un poquito más terrenales


viernes, 30 de julio de 2010

Una vida de salmón


     Así es como siento mi vida. No por el color del salmónido; ese color de niño bien alimentado de mejillas rollizas y cuerpo en igual proporción. Sino por esa manía de buscar el río para ir contra la corriente hacia sabe Dios qué destino. 
     Y, mira por donde, en tres frases ya he dado mi primera muestra de nadar contra corriente. He dicho "Dios" totalmente convencido de que esta palabra tiene significado. Un significado que no voy a extenderme en explicarlo porque no quiero convencer a nadie de su sentido. Pero a mí sí que me han intentado convencer de lo contrario. Bastantes veces. Y considerándome un bicho raro porque creía en Dios. No se puede creer en Dios, no está bien, no es la vanguardia y no va con los tiempos. Será que yo no soy de estos tiempos. En realidad no soy de ningún tiempo. 

     Pero si ya de jovencillo me gustaba la música que no le gustaba a nadie. Me gustaba tanto la música disco como Bonnie Tyler, como el flamenco. Y por más que intentaba defenderme de las acusaciones de "rarito" mis amigos no se convencieron de que Sniff'n'the Tears merecían la pena hasta un año después cuando este grupo se puso de moda. Para entonces yo había desistido de seguir escuchando ese disco que tenía rallado de tanto ponerlo en el tocadiscos. Aquí aclaro que antes había unos aparatos que se llamaban tocadiscos donde ponías unos plásticos redondos de color negro que giraban cual tiovivo, les colocabas una aguja encima y al ir pasando ésta sobre unos surcos que los vinilos tenían, producían música. Y con el flamenco no digamos. ¡Lo que tuve que oír en la emisora de radio pirata donde hice mis primeros escarceos con el micrófono cuando acepté ir a una invitación para un festival de cante hondo! Si me hubiese pintado de verde hubiera sido el extraterrestre perfecto a ojos de mis compañeros. Suerte que luego vino Alejandro Sanz y, desde entonces, se trató al flamenco como una música de élite. Ya sí se llevaba el flamenco, pero, para entonces yo estaba tan harto de recibir burlas, que me  guardaba mi gusto por el cante para mi intimidad. 
     Debe de ser que uno tiene este carácter o esta falta de acoplamiento a lo que dicta la masa. 


     Incluso en el colegio suspendí la única evaluación que he suspendido por culpa de mi visión particular. Ya sé que algunos lo llaman cabezonería, obcecación o tozudez; yo prefiero pensar que se trata de opinión propia. A lo que iba, que me gustaría que ahora me leyese la señorita Ele (de Eleuteria; no la estaba nombrando por la primera letra de su nombre, ni por ningún mote) para recordarle que me suspendió un examen porque no acepté lo que decía el libro de texto. Era una cuestión muy sencilla: el libro decía que el flujo de electrones en una corriente eléctrica iba desde el polo positivo hacia el negativo y yo argumentaba que los electrones tenían que partir desde donde había más electrones, o sea el polo negativo, hacia el positivo. Cualquiera puede consultarlo, que en todos los libros, menos en el que utilizábamos aquel año en ciencias, siguen mi teoría. Pero, ¡Zás! esta argumentación me sirvió para conseguir un cero como un castillo que me destrozó toda la media de la evaluación, consiguiendo mi único suspenso en toda la EGB. Qué antiguo, ¿verdad? Pero si ahora se llama ESO. Bueno, pues parte de lo que ahora es eso, antes era lo otro.

     Luego crecí y tomé el mal hábito de fumar. Otra vez contra corriente. Beber no, mire usted, porque eso lo hacían muchos y ser borracho no era ir contra corriente. No iba a destruir mi reputación de salmón. Suerte que ahora lo están prohibiendo y puede que... No, puede que consiga otro suspenso, pero no me bajo del burro. Lo siento, don salmón es así. 
     Además me dedico a una profesión en la que me han acusado de todo, desde perversor de la interpretación a responsable de la incultura nacional. Pero, ¡qué le vamos a hacer!, soy actor de doblaje y encima veo las películas dobladas. Sé que no es una buena carta de presentación, ni está bien visto por los sesudos adalides de la cultura, pero es lo que tenemos el salmón y yo, que vamos contra la corriente.  A prohibirlo también.

     Para colmo, el último libro que he leído es la biografía de un paisano mío que supone un ejemplo de vida y un compendio de filosofía. ¿Lo digo? Sé que va a ser la gota que colma el vaso de despropósitos que es mi vida, pero el personaje en cuestión es Domingo Ortega, y era torero. ¡Lo que faltaba! Otro ejemplo más de mi opción en contra de lo bienquisto. Resulta que me gusta la tauromaquia. Con todo lo que conlleva; que uno, que ha visto matar a cerdos, todavía piensa que su muerte es menos digna y dan alaridos más desgarradores. He estado fino, ¿eh? No he dicho ni los toros, ni la fiesta nacional, ni ninguno de esos apelativos que tan acalorados debates causan que han llegado a prohibirlos por ley. 

     Como decía con el fumar o el doblaje, parece que la solución a estas actitudes que se alejan de la actualidad o de los nuevos pensamientos es la prohibición. Por ley. Poner diques al río para impedir que los salmones naden contra corriente. Sólo esperemos que los diques no estallen o desvíen las aguas provocando males mayores.


jueves, 22 de abril de 2010

El dolor de un adiós.


     Ójala pudiese, con mi modesta palabra, expresar lo que siente mi corazón hoy. Cuando se va un ser querido, el vacío que te deja es algo que ni el tiempo puede curar. Te acostumbras, pero sigues sintiéndote incompleto. Lo de hoy es muy superior. Ni las lágrimas tienen fuerza para aplacar este dolor.
     No se ha ido un ser querido, se me ha ido mi amigo, mi compañero, mi cómplice, mi empuje, mi fuerza, mi ejemplo. Jorge Aguado no era un hombre cualquiera, Jorge era un manantial de amor que derramaba su fuerza vital a todos los que le rodeaban. Una fuerza vital que, a fuerza de entregarla, le ha abandonado. 
     ¿Por qué? ¡No es justo, Dios mío, no es justo! 
     Tu me hiciste comprender lo que era entregar sin pedir nada a cambio, tu me enseñaste a vibrar con el arte. Ese arte del que eras un maestro sin alardes, porque te preocupaba más el bienestar de los demás que el tuyo propio. Sinceridad, honestidad, cariño y pasión están unidas por siempre a tu nombre.
     Siempre tuvimos la esperanza de volver a gozarte en tu plenitud, pero el maldito virus decidió minarte sin respetar quién eras. Hablar contigo era llenarse de ilusiones, por eso nunca creímos que esto podría pasar. Y se me rompe el alma al recordarte. Así, sonriente, animando, dando vida mientras te iban arrebatando la tuya. Y nosotros, embelesados por tu energía, nos cegábamos a la realidad. Nos queda el consuelo de saber que nunca te han faltado los cuidados de María, esa mujer que te ha acompañado y te ha dado la paz y el cariño que tanto necesitabas.
     Tiene suerte el cielo de tenerte en su seno, y allí tendrás toda la gloria que te mereces, gloria que el mundo humano nunca hizo la suficiente justicia a tanta como te corresponde. 
     En nuestros corazones quedan los bellos momentos que nos has dado, la lección de comprensión y de vida que siempre nos has ofrecido. Me gustaría escribir hermosas palabras, pero nunca serían tan importantes como tu lo has sido para mi. Ni tus ojos nos volverán a mirar de frente, ni tu voz nos volverá a alimentar el alma, pero nos queda tu cariño, que se nos ha quedado grabado para siempre. 
     Sé que no será la última vez que escriba sobre tí, ni la última vez que hable contigo. Porque hace unos días me decías que ibas a estar en el estreno de mi próximo montaje, y sé que allí estarás, mirándonos desde el cielo. Y a tí dedicaremos la representación, como tantas veces, desde que la cruel naturaleza bajó tu cuerpo del escenario. Tu cuerpo sí, pero no a tí, porque siempre te sentimos a nuestro lado, como te vamos a sentir ahora.
     Me quedo con las palabras que nos cruzamos en nuestra última conversación, cuando tu me dijiste "¿Sabes que te quiero, Edu?". Sí, lo sé, y tu sabes que yo también te seguiré queriendo eternamente.
     Hasta siempre, Jorge. Descansa, AMIGO.


martes, 2 de febrero de 2010

A un soñador que luchó.


 Querido amigo:
Hace mucho que te fuiste, envuelto en sombras y con la marca de la venganza. Suicidio, dijeron, y dieron el caso por concluído. Luchabas por la justicia, y la justicia escondió su mano y te condenó al olvido. Pero algunos, al oír de tí, pensamos que aún estás entre nosotros, luchando, gritando, buscando la verdad. Esa verdad y esa justicia que tantas veces nos han prometido y que nunca llega. Los tiempos han cambiado. Ya no se grita en las universidades porque se puede hablar, pero el descontento perdura. Ahora no se hacen reuniones secretas porque se permite el asociacionismo, pero seguimos discutiendo los males de nuestra sociedad y nos rebelamos contra ellos. Cada vez se hacen menos pintadas; ahora se envían cartas a los periódicos o se llama a la radio para protestar.  Ahora se puede hablar, aunque nadie escuche lo que dices. Cada cuál va a lo suyo. Lo importante es ganar mucho dinero y formar parte de lo que llaman la sociedad del bienestar. ¿Qué bienestar? ¿De verdad queremos esto? ¿Un buen coche, un chalé y trescientos euros para copas es bienestar?
¡No! Yo quiero el bienestar de la tranquilidad, la solidaridad, la amistad, la honestidad, la justicia. Me gustaría mirar al futuro con ilusión, con la esperanza en que el trabajo me hará un hombre digno, con el deseo en que la honradez tendrá su recompensa. Me gustaría que el respeto enterrase guerras y violencia y sembrase en su lugar comprensión y paz.
Cuando tú estabas aquí, la militancia en un partido era nuestra forma de luchar. En estos tiempos, ya no sirve para nada. Todo está corrompido. Los ideales no son la meta a alcanzar, la meta es el poder. El asqueroso poder sin más; porque si el poder acarrease la práctica de los ideales estaría bien.
          Pero no te preocupes, amigo, aquí aún quedamos algunos que seguimos luchando. Aunque tengamos que pagar precios muy altos por nuestra osadía, aunque nos releguen al cuarto trastero y nos pongan etiquetas de descrédito.


(*Texto recuperado de mis antiguas notas) 

miércoles, 6 de enero de 2010

La crisis del trabajo



     Cuando la crisis afecta al bolsillo la sociedad se echa las manos a la cabeza, pero hace más tiempo que sufrimos otra crisis: la de la profesionalidad. No sé si una es efecto de la otra, pero sin duda, difícil es acabar con una mientras exista la otra. Pongan ustedes las cifras de la ecuación en la parte del enunciado que más les convenga.
     Al hablar de crisis del trabajo me refiero a la crisis de profesionales. En muchos casos se ha sustituido al profesional por el trabajador. Interesa más una persona que "saque" un trabajo que un profesional que "realice" un trabajo como es debido.
     ¿Quién no ha ido a comprar un electrodoméstico y el "despachador" (no se merece otro nombre) no tenía ni idea de qué le hablabas? ¿O quién no ha ido a tomar una copa y más que servírsela como corresponde a un camarero se la han puesto como el que echa de comer a un pollo? O el famoso dicho del albañil, que lo primero que comenta es "¿quién ha hecho esta chapuza?" para encubrir las posibles ineptitudes que le pueden surgir en el trabajo, porque se escudará en "no hay quien arregle este desaguisado".

     Falta profesionalidad, auténticos profesionales que realicen su labor con dedicación, preparación y entrega. Hemos convertido el trabajo en una esclavitud que nos tiene secuestrados durante unas horas que luego son pagadas con más o menos generosidad. Generalmente con menos generosidad; a fin de cuentas no habría que dar muchos pasos para encontrar a otro que pueda hacer exactamente lo mismo.

     Es triste entrar en esa rueda donde el único aliciente es terminar el horario laboral para entregarse a un ocio muchas veces poco gratificante pues no se tiene costumbre de ser creativo y activo. Comprendo que algunos pueden considerar que es cómodo y quizá vital aprobar unas oposiciones para convertirse en funcionarios y rellenar siempre los mismos formularios según las mismas normas y en el mismo horario. Pero estas personas pierden un poco de su parte humana cuando se convierten en meros ordenadores que ejecutan su labor según unas pautas marcadas y, cuando les sacas de lo común, no saben hacer frente a las variables que desconocen.

     ¡Cuánto echo de menos aquella tienda de fotografía donde podías pedir "un filtro para que suavice los reflejos de las superficies pulidas" y te traían las distintas posibilidades! Ahora como no pidas un "filtro polarizador" no se esfuerzan ni en saber a qué te refieres. Como cliente no tienes por qué saber más de sus productos que el profesional que se dedica a ello. Dentro de nada habrá que decirles hasta en qué parte del almacén lo tienen guardado. 

      Esta sí que es una crisis difícil de resolver. 



sábado, 2 de enero de 2010

De Vampiros


      ¿Quién no se ha preguntado alguna vez "qué tiene esta persona que me siento tan bien después de estar con ella"? Con la misma intensidad notamos a veces que otras personas nos dejan agotados. Y ahí entramos en la reflexión que me lleva a hacer este comentario de hoy: las personas Vampiro y las personas Transfusión. También me da por llamarles personas Recargantes y personas Descargantes. Son seres que te recargan la energía o que te la absorben. Creo que en este punto, aunque sólo sea por comparación, ya debéis saber quienes son de cada grupo. Y en ocasiones no tiene que ver con la bondad o maldad de la persona, es más una característica independiente. He conocido personas Vampiro de buen corazón, aunque es más común que las personas que te cargan las baterías sean los generosos y cariñosos.
      Debe de ser una cuestión de energías, de polaridad o de algún factor difícil de definir, pero lo cierto es que las personas Vampiro por mucho que se empeñen en empujarte o en proponerte ideas, sólo consiguen chuparte las energías y dejarte agotado.

     Me quedo con los seres recargantes, esas personas que, ya sea con su actitud vital o con su comportamiento, son capaces de cargarte las pilas y sentir que su compañía te da vitalidad. Doy gracias por haber tenido a mi lado amigos que me han hecho resurgir y afrontar retos que ni yo mismo era consciente de que podía realizar. Esos han sido mi revulsivo, los que han conseguido con sus conversaciones, su compañía, sus palabras o sus oídos, recargar mis energías día a día. Esas personas son tan valiosas que los busco, intento cuidarlos y los disfruto cada minuto, cada segundo que vivo con ellos.

      Yo no creo en los gafes, pero quizá los seres Vampiro pueden llegar a provocar situaciones gafe cuando descargan tanto a los demás que la energía se convierte en negativa. No es nada producente estar rodeado de negatividad.

      Quizá un psicólogo pueda establecer causas-efectos en la mentalidad humana, pero yo, como un simple viajero, sólo sé hablar de mis sensaciones. 



viernes, 1 de enero de 2010

Propósitos



     Comenzar un nuevo año siempre es un cúmulo de buenos propósitos y de hacer lo que tantas veces estamos postergando.

     Es como estrenar un cuaderno. Las primeras páginas tienen una ortografía perfecta y unas líneas en total armonía. Nos ilusionamos con que "este" cuaderno lo llevaremos limpio y sin tachones. Aunque sabemos que, según discurran las páginas, nuestra ortografía se volverá caótica y empezaremos a llenar de tachones y desorden las hojas. Esas hojas tan estéticas del principio darán paso a las abigarradas páginas del final.

     Pero sabemos que es así, y cuando llegamos al final y repasamos los apuntes nos damos cuenta de cuántas historias hemos vivido, cuántos momentos han quedado plasmados en el cuaderno y en nuestra memoria.

     Este año me he propuesto muchos objetivos. No sé si demasiados para las páginas que tiene este cuaderno, pero lo voy a empezar con la ilusión de cada año y la esperanza de que va a ser un período (con acento en la í, no confundir con el proceso femenino) único y engrandecedor.

     Voy a limpiar el acuario, seguiré fumando pero menos, buscaré tiempo para unas vacaciones de vez en cuando, aprenderé cuanto pueda con mis alumnos, me esforzaré en hacer mejor mis trabajos, intentaré poner en marcha mi nuevo proyecto, ordenaré mi mesa, charlaré más con mis amigos, veré más a mi familia... y, de vez en cuando, volveré a esta primera página para recordarme lo que pretendía.

     Pero, sobre todo, intentaré aprovechar cada día para ser un poco mejor y ofrecer algo a los demás.


     Bienvenido, nuevo año.



martes, 29 de diciembre de 2009

No te rindas



No te rindas, aún estás a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras,
enterrar tus miedos,
liberar el lastre,
retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros, 

y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda,
y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma
aún hay vida en tus sueños.

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo.
Porque lo has querido y porque te quiero.
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Abrir las puertas,
quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron,
vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa,
ensayar un canto,
bajar la guardia y extender las manos.

Desplegar las alas
e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños.
Porque cada día es un comienzo nuevo,
porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo, porque yo te quiero.


Mario Benedetti             



             

lunes, 28 de diciembre de 2009

Soy actor.





     Actor porque actúo, porque me muevo, porque respondo en cada escena de mi vida según se desarrolla la obra. No me debo a un único guión, como no me debo a un único teatro.
     Desde pequeño siempre quise ser actor. No busqué las grandes marquesinas, ni ser cara popular en esa ventana falsa que cada casa tiene al mundo. Sólo quería sentir la libertad que te da ser una persona y muchos personajes a la vez. Simplemente por el placer de sentirme libre.
     Libre para elegir, libre para sentir, reír, sufrir, llorar y amar. Amar lo que quisiera, sin que la sociedad me impusiese lo que debía ser amado. Amar a un árbol, amar a un perro, amar a una sonrisa. Y, a veces, con tanta pasión que ha dado lugar a malas interpretaciones o a repulsa por no ser políticamente correcto. Pero he seguido mi papel, el papel que me ha tocado en cada momento, sin cortapisas en la indumentaria ni en el movimiento.
     Las únicas limitaciones que he tenido son las que me ha dado el espacio. Un espacio, por otra parte, que sé que no es eterno. Cada día un nuevo escenario, cada día una nueva representación. Y la posibilidad de enmendar errores y corregir acciones que no llevaban a nada.
     Un camino no siempre alfombrado de alegrías, pero que me han enseñado, me han enriquecido en cada paso. Y muchos actores (unos más que otros) que me han acompañado y que han ido ocupando su puesto en mi representación de la vida. Quienes quisieron actuar siguieron, quienes se acomodaron en su papel aprendido continúan con su obra. Su única obra y, en algunos casos, su único escenario.
     Yo mientras tanto sigo creando obras, unas mejores que otras; creando mundos y descubriendo día a día la maravilla de extasiarte con un suspiro, con una mirada, con una sonrisa cómplice.

Por eso soy actor, porque actúo.