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martes, 28 de diciembre de 2021

Cuánto duele la vida

 


     Mientras el coro de grillos aserra el ocaso para aplastar el silencio, camino entre la maleza de un olvido recordado. ¿O es un recuerdo olvidado?

     Pocas palabras quedan ya en el zurrón de vagabundo del asfalto. Una sonrisa fugaz y marchita se ha aposentado en mi cara, ocultando pudorosa un rostro de niño envejecido.

     Veo el mundo pasar, feliz de su infelicidad, encantado de su desencanto. Saetas de dientes afilados y ojos que se deshojan, se han clavado en las almas colgadas de los árboles.

     Sólo queda la noche, rodeada de estrellas fugaces, con las manos forradas de guantes de oro repujado, en brazos que se empeñan en convertir las caricias en zarpazos bienquistos.

     Y una canción parece observar lejana, entre las sábanas negras del cielo; allá, donde el sonido parece olvidar su velocidad y se enmaraña entre las hebras desenhebradas de las nubes.

     Es cuando sueñas verdades que no se hicieron realidad, cuando escuchas voces que nunca se dijeron, cuando lo que es jamás ha sido. Cuando duele la vida.




viernes, 8 de enero de 2021

Esos momentos íntimos.


    Interpretar es emocionarse, abrir el corazón y romperte en pedazos para los demás.

    En cierta ocasión, un compañero, al que admiro especialmente, me dijo tras verme en una representación de teatro "¡cuánta generosidad, te has quedado vacío!". Me pareció el piropo más bonito que he recibido.

    Ser actor también es vivir cada día con tus miedos, tus inseguridades, tu pasión, tus deseos y tus frustraciones. El público debe recibir el resultado de nuestro trabajo, pero nosotros tenemos que comernos nuestras angustias en la intimidad. Por respeto al espectador, hemos de dar siempre el cien por cien, aunque nuestras fuerzas flaqueen, nuestra alma esté rota o la justicia nos niegue su mano. Somos actores aunque no tengamos escenario, aunque actuemos sobre una baldosa y sin público.

    Por eso hoy me he emocionado en la intimidad de una sala de doblaje al ver a un compañero cómo soltaba su angustia sin poder contener sus lágrimas mientras decía "con lo hermoso que es esto, ¿por qué hay gente que lo prostituye? Hoy sí, hoy me voy lleno, porque me siento actor de verdad". Ha costado seguir, pero después de tragarnos la rabia, hemos vuelto a meternos en nuestros personajes.

    No diré su nombre, porque esto se queda para nosotros, pero me ha hecho muy feliz y quiero que todos sepáis que, aunque nuestra profesión es muy bonita, nuestras lágrimas también forman parte de nuestro gozo. El éxito y el reconocimiento es lo que llama la atención desde fuera, pero nuestra grandeza está en nuestro proceso más íntimo.

    Hoy, aunque a veces lo dude, siento que no he desperdiciado mi vida.




sábado, 7 de agosto de 2010

¿Me explica lo que es el arte?


     Leo en un diario nacional un artículo de un tal John J. Healey que titula "El problema más grave del cine español" y me retumba en la cabeza una sentencia: "tu eres tonto y a partir de ahí no hay más que hablar". Es que uno se harta ya de oír simplezas, mamarrachadas y exquisiteces de las mentes preclaras que pretenden sentar cátedra sobre lo que debe ser el arte (y lo he escrito bien, sin "de", porque lo hacen como una imposición). 

     Después de algunos años de dar bandazos en el mundo del espectáculo y habiendo estado en contacto desde sus bases más humildes a sus más refulgentes esferas, me he callado demasiadas veces para no caer en descalificaciones. Pero hay un momento en que peligra la integridad de mi aguante. 
     Según el iletrado revestido de erudito, el público está equivocado y quienes hacen películas de culto y de extremada estética se encuentran con que la sociedad no está preparada para algo tan exquisito. "Haberlas, haylas", aunque no todo el monte es orégano. Perdone usted, pero el arte no se impone. Una obra de arte que no provoca nada en el espectador, no es obra de arte, es una guarrería. Y eso es lo que están haciendo con el arte dramático los enteradillos que van de genios. El teatro en España se lo cargaron durante una época los lumbreras que pretendieron imponer un teatro experimental y de vanguardia que no interesaba a nadie. Suerte que ahora está resurgiendo porque hay compañías y profesionales que saben atraer al público. 

     Con el cine tres cuartos de lo mismo. Demasiadas subvenciones han alimentado un cine que no interesa y que hace creer al espectador que es un memo por no entenderlo.
     Habla el esclarecido de que la "naturalidad en la interpretación" no cala en el público vulgar porque está demasiado acostumbrado a estereotipos teatrales y forzados. Vamos a ver, el arte no es la vida tal cual. Tiene que ofrecer algo sugestivo, exponer su visión de la realidad y hacerlo con los resortes necesarios para resultar atractivo al público. Si quieren naturalidad, que se vean cualquier programa de prensa rosa. Ahí tienen un reflejo muy natural de ciertos personajes. Sin embargo, no podemos llamar arte a esto, y de "buen gusto" no tiene ni el conocimiento de lo que significa. 
     Pero si hasta la fotografía utiliza efectos y modifica la imagen real para resultar artística. Que no me vengan ahora con que hay que ser totalmente fieles a la realidad. ¿Qué sentido tendría entonces la poesía? ¿Hay alguien que hable así en su vida cotidiana? Pues no, pero ahí está la genialidad del poeta, en mostrar sentimientos utilizando sus propios y antinaturales recursos. ¿Es estricto con la realidad Van Gogh en sus "Girasoles Ciegos"? Alguien diría que utiliza sus tópicos trazos y su gama cromática habitual. Pero esa es la virtud de un artista, crear sensaciones atractivas con su propio estilo. 

     Otro de los manidos argumentos que se utilizan para defender cierto indefendible cine español es el mal que provoca el doblaje. Esa práctica en la que se utilizan clichés, entonaciones y frases hechas que nada tienen que ver con la sociedad española. Pues, mira por dónde, no voy a argumentar los pros y contras de esta práctica, por evitar un dicho que se utiliza en mi pueblo: "¿Quién alaba a la novia? La guarra de su madre."  Pero sólo diré que, por mucho que se empeñen algunos, si eso es lo que el público entiende y lo que al público le llena, irá a disfrutar de eso o no irá a ver nada. No se puede obligar a la gente a aguantar algo que no soporta. Y el arte tiene que gustar. Si no encandila a quien lo observa no deja de ser un capricho de su autor, o la justificación de un incompetente. Sobre todo, cuando éstos se empeñan en que es algo que debe gustar a todo el mundo o, de lo contrario, a las neuronas del público les falta un hervor.

     Sólo pido que cada cual tenga la suficiente capacidad de elegir lo que le llena y lo que no. No nos dejemos engañar por esas genialidades que no son sino fiascos para seguir viviendo del cuento. Ni por lo que estos gurús de la cultura nos tratan de imponer bajo la insinuación de que, de lo contrario, seremos burdos e ignorantes.

     Hoy no estoy gracioso, pero es que hay cosas que me cambian el humor. Ese empeño en imponer o menospreciar a quienes tienen unos gustos o unos conceptos alejados de lo que estas personas desearían (quizá para poder vivir de su/el cuento) sí que es un problema para el cine español. Seamos honestos y un poquito más terrenales


domingo, 6 de junio de 2010

Brevemente frente a sí.


     Desenfocó la mirada un momento y su pensamiento voló a otros lugares, a otros instantes del pasado. La perfecta simetría de las hileras de luces iluminaba su cara mientras el algodoncito hacía su recorrido cuidadosamente estudiado por todo su rostro. El ocre claro del maquillaje iba impregnando la pequeña almohadilla para despojar a la piel de su carga. 
     Poco a poco se esfumaba el personaje de ficción y aparecía el hombre real. Sus ojos agotados escrutaban cada una de sus arrugas e iban descubriendo los recuerdos que indefectiblemente le habían dejado huella en cada uno de sus pliegues.

     De pronto, el cómico que observaba y repetía cada uno de sus movimientos al otro lado del espejo pareció hablarle: "¿Quién eres?". Extraña pregunta que no conseguía descifrar si venía de la imagen o era él mismo quien se la planteaba. 
     Al ver sus ojos empequeñecidos, pestañeó para aclarar la mirada; como tantas veces había suspirado para aclarar su corazón. Esos ojos, otrora grandes y brillantes, habían dejado de tener ese fulgor que un tiempo atrás conseguía impresionar a quienes se cruzaban con ellos. 
     El hombre había dedicado tanto tiempo, tantas energías a sus personajes, que ahora, cuando se veía a sí mismo, le parecía observar a un fantasma. Tantos entreactos en silencio le habían provocado tal cantidad de heridas en el corazón, que sólo se atrevía a mostrarlo en muy limitadas ocasiones. 

     El momento de retirar la máscara de su personaje se había convertido en un rito intermedio hasta colocarse la máscara de hombre. Eran breves los minutos que transcurrían de uno a otro estado. Ya no podía vivir sin un rol. Mostrarse tal cual, indefenso y expuesto, le había ocasionado no pocos sinsabores. 
     Ahora debía presentarse fuerte y seguro de sí mismo. Es lo que todos esperaban de él. Tenía que volver al escenario de la vida donde debía interpretar al personaje que todos esperaban. Una actuación acertada, según lo estipulado y sin lapsus que provocasen el desagrado de su público social. 


     Y, mientras retiraba los últimos restos de maquillaje, tuvo que repasar sus mejillas para retirar el rastro de dos lágrimas que se habían deslizado desde sus ojos.



domingo, 2 de mayo de 2010

La dura vida de Cuqui


     Cuqui es una mujer que se sabe ganadora. Se ha preocupado de vivir todo lo posible sin que el trabajo le suponga una merma en sus actividades personales. Su vida ha transcurrido entre las pausas diarias que su trabajo en el negociado le obliga. Aunque este "negociado" no le obligó a negociar, sí que tuvo que pelear duro para conseguir el puesto que tiene ahora. Desde aquel día que, sin saber mecanografía, consiguió el puesto de recepcionista, ha mantenido una lucha titánica para ascender hasta lo que es hoy. Han sido muchas horas de acumular bienios, trienios, e incluso algún armenio (con el que rompió por ser un anti-comunista declarado). Y eso no es fácil. Aguantar ahí, al pie del cañón tantos años, es algo que sólo pueden conseguirlo grandes luchadores como ella. Su trabajo le ha costado. 
     Además, ha seguido de cerca la lucha sindical de sus compañeros. Como una buena trabajadora de izquierdas, siempre ha respetado las huelgas y protestas organizadas por su sindicato. Nunca ha ido por libre, la lucha obrera requiere de unión, por eso ella siempre ha confiado en el sindicato para resolver sus problemas laborales. Protestar personalmente no hubiera resuelto nada y se habría jugado el puesto de trabajo. Eso lo sabe bien.
     Ahora es una competente funcionaria que sabe utilizar como nadie su horario laboral. Siempre que no se lo impida algún desconsiderado que viene a pedir tal o cual información, ella aprovecha para ponerse al día en la última moda y en poner a punto sus uñas, tan deterioradas por las 312 pulsaciones al teclado que hace de media diaria. Esa es otra capacidad que ha desarrollado extraordinariamente: la estadística. Sabe perfectamente cuántas veces va al servicio cada día Andrés, el chico de las fotocopias. O cuántas veces al mes se pone el vestido azul Laura, la de registro. Este es un don tan arraigado en ella, que se lo lleva hasta fuera del trabajo. No hay actividad o variable del vecindario que le sea ajena. El departamento tiene en Cuqui un tesoro, por su extraordinaria aptitud para estar informada. No en vano se lee tres periódicos cada día como valor añadido a su trabajo. Es, por ello, una mujer cultivada de exquisitos conocimientos con potestad para decir las verdades "al lucero del alba". 
     Por eso discutió hace unos días con su vecina, la del bar La Ilusión, que está en su mismo edificio. 
     Resulta que "La Andrea", que así la llaman porque no tiene categoría para tener un nombre sin artículo ni minimizado, cerró dos días el bar por unos asuntos de papeleo con el ayuntamiento. Este hecho no le pareció bien a Cuqui, que tuvo que caminar dos calles para tomarse un café, con lo que llegó tarde a la peluquería en su visita semanal y se perdió su clase de pilates. Con lo complicado que es arreglarse para ir a tonificar el cuerpo. Como Cuqui sabe decir las verdades y es, ante todo, sincera, le llamó la atención a "La Andrea" por haber tenido cerrado dos días el establecimiento. Le dijo que "habría que endurecer la presión con los autónomos, porque hacen lo que les da la gana, trabajan cuando les sale de las narices y como ganan tanto les da igual el resto de los mortales". Todavía no comprende la salida de tono de su vecina que le contestó "como si no tuviera otra cosa en la que pensar más que en tu café"
     Es lo que tiene la gente vulgar, que son unos maleducados y unos insolidarios. 

     Suerte que Cuqui es una persona ejemplar y está aquí para levantar el país. Nadie como ella dice aquello de "antes tiene que rellenar este formulario" o "esto es en la otra ventanilla".