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martes, 28 de diciembre de 2021

Cuánto duele la vida

 


     Mientras el coro de grillos aserra el ocaso para aplastar el silencio, camino entre la maleza de un olvido recordado. ¿O es un recuerdo olvidado?

     Pocas palabras quedan ya en el zurrón de vagabundo del asfalto. Una sonrisa fugaz y marchita se ha aposentado en mi cara, ocultando pudorosa un rostro de niño envejecido.

     Veo el mundo pasar, feliz de su infelicidad, encantado de su desencanto. Saetas de dientes afilados y ojos que se deshojan, se han clavado en las almas colgadas de los árboles.

     Sólo queda la noche, rodeada de estrellas fugaces, con las manos forradas de guantes de oro repujado, en brazos que se empeñan en convertir las caricias en zarpazos bienquistos.

     Y una canción parece observar lejana, entre las sábanas negras del cielo; allá, donde el sonido parece olvidar su velocidad y se enmaraña entre las hebras desenhebradas de las nubes.

     Es cuando sueñas verdades que no se hicieron realidad, cuando escuchas voces que nunca se dijeron, cuando lo que es jamás ha sido. Cuando duele la vida.




viernes, 8 de enero de 2021

Esos momentos íntimos.


    Interpretar es emocionarse, abrir el corazón y romperte en pedazos para los demás.

    En cierta ocasión, un compañero, al que admiro especialmente, me dijo tras verme en una representación de teatro "¡cuánta generosidad, te has quedado vacío!". Me pareció el piropo más bonito que he recibido.

    Ser actor también es vivir cada día con tus miedos, tus inseguridades, tu pasión, tus deseos y tus frustraciones. El público debe recibir el resultado de nuestro trabajo, pero nosotros tenemos que comernos nuestras angustias en la intimidad. Por respeto al espectador, hemos de dar siempre el cien por cien, aunque nuestras fuerzas flaqueen, nuestra alma esté rota o la justicia nos niegue su mano. Somos actores aunque no tengamos escenario, aunque actuemos sobre una baldosa y sin público.

    Por eso hoy me he emocionado en la intimidad de una sala de doblaje al ver a un compañero cómo soltaba su angustia sin poder contener sus lágrimas mientras decía "con lo hermoso que es esto, ¿por qué hay gente que lo prostituye? Hoy sí, hoy me voy lleno, porque me siento actor de verdad". Ha costado seguir, pero después de tragarnos la rabia, hemos vuelto a meternos en nuestros personajes.

    No diré su nombre, porque esto se queda para nosotros, pero me ha hecho muy feliz y quiero que todos sepáis que, aunque nuestra profesión es muy bonita, nuestras lágrimas también forman parte de nuestro gozo. El éxito y el reconocimiento es lo que llama la atención desde fuera, pero nuestra grandeza está en nuestro proceso más íntimo.

    Hoy, aunque a veces lo dude, siento que no he desperdiciado mi vida.




sábado, 27 de octubre de 2012

¡Empieza la función!



   Te pasas media la vida intentando demostrar que sabes hacer algo y, de pronto, descubres que es una pérdida de tiempo. Da igual lo que sepas hacer; siempre te va a pillar con el “paso cambiado”. 
     
   Y rectificas, cambias el paso, esperando adaptarte al paso común. Hasta que te das cuenta de que eso sólo frena tu caminar. Además no tiene sentido perder el tiempo justificando tus éxitos o tus fracasos. Sólo tú tienes el secreto de cómo hacer las cosas. 
 Entonces decides seguir tu ritmo, no aceptar imposiciones ni que muevan tus hilos. Y te conviertes en asocial. Sí, puede ser. O quizá es que has decidido comer sólo lo que te apetece. Ya no hay ritmos que seguir ni pautas que obedecer. 

   Piensas que nadie sigue tu compás, y no es cierto. Lo siguen los mismos que lo han seguido siempre, los que caminan a tu lado y no fuerzan tus pisadas. 
   Es cuando observas el lastre que has soltado, y, ligero de carga, ves como el horizonte se acerca sin esfuerzos extremos. 

   Es difícil pensar en uno mismo cuando has dedicado tanto tiempo en pensar principalmente en los demás. Pero, de tanto hacerlo, has dejado olvidado a tu “yo”. Así que, la única cura es hacerte el mejor regalo: el de tu propia vida. Dejar de poner en riesgo tu propio papel para servir el texto a los demás. 

   ¡Que suba el telón y protagonicemos nuestra propia función! 




domingo, 17 de junio de 2012

DeLaNada contra viento y marea

     
     Cuando, hace unos meses hablé del estreno de “Los últimos días de Alejandro”, lo hacía con la emoción del momento en el que el barco, tras haber sido diseñado, construido y pintado, es botado y comprobamos que, no sólo flotaba, sino que lo hacía con elegancia y con total seguridad. 

     Algunos meses han pasado de esa botadura y puedo asegurar que el viaje está siendo toda una aventura llena de grandes sensaciones. En primer lugar destacaré la valía de todos los componentes de esta tripulación. Unos iniciaron la singladura, otros se bajaron en algún puerto, otros se enrolaron en naves compañeras, y otros subieron durante la travesía. Pero todos han dado muestras de gran respeto por esta nao que se llama DeLaNada. Y ya han sido unos cuantos puertos en los que hemos fondeado. 
     Por mi parte, como dijo Antonio Machado “he andado muchos caminos, he abierto muchas veredas, he navegado en cien mares y atracado en cien riberas”, siento que esta aventura es hermosa como pocas y la última de nuestras singladuras ha sido una auténtica prueba de valía de este equipo humano. 

     DeLaNada teatro viajó a conquistar Granada con todas las dificultades imaginables. Y, como un equipo totalmente entregado, todos tomaron sus puestos sin perder la calma, sin amedrentarse y con la buena actitud que sólo los valientes tienen. Buen humor y entrega en todo momento. Capeamos el temporal y salimos victoriosos de tan temible tormenta. 

     Todos echamos de menos a Álvaro, Miguel y Gabriel, y sentimos la enfermedad de Borja que, en el último momento, le impidió estar con nosotros. Pero había que seguir, el espectáculo debía continuar, así que era hora de ponerse manos a la obra. 

     Fue fantástico ver la disposición de David Paredes y Álvaro Ramos cuando les propuse aprenderse sendos papeles durante el viaje para hacer la sustitución esa misma tarde. Furgoneta sala de ensayo
     Magnífico el coraje de Álvaro cuando, cinco minutos antes de empezar, se quitó el pinganillo que tenía preparado por si se le iba el texto y dijo “prefiero no llevar esto, vamos a por todas”: Coraje de actor
     Magnífico David Paredes que atendió mi petición sin rechistar y se aprendió el nuevo papel que defendió con ganas: Disciplina de actor
     Magnífico Javi supliéndome a mi, tras una carrera desde la cabina de luces, y haciendo un Diógenes único del que me sentí muy orgulloso: Actor sin trabas
     Sin olvidar su buena actitud cuando nos dimos cuenta de que nos faltaba el foco para un efecto: Solución de artista
     Magnífica Noe que, ante la falta de un soporte para las lanzas, salió a la calle, buscó una caja y preparó un soporte que ríete tu de Macgyver: Entrega de compañera
     Magníficos Alberto, Rubén y alguno más que, ante la falta de escudo, idearon un elemento escenográfico que dio hasta para unas risas cuando comentamos que podíamos hacer un espantapájaros: Arranque de genialidad
     Magnífica Virginia, que apareció por allí para ver la función y acabó de taquillera: Generosidad de amiga
     Magnífico Pedro, que vino a ver actuar a su hijo y estuvo atento en todo momento a lo que nos hiciera falta: Apoyo impagable.
     Magnífico Chema Cabello porque vino a ofrecernos su ayuda y vibró con el público, por si no era suficiente con ser el autor de "Los últimos días de Alejandro": Ánimo incondicional

     Y magníficos todos y cada uno, Marta, Jos, Zoraida, David Alonso, Dani y Raúl, porque no perdieron la amabilidad ni el buen humor en ningún instante: LEALTAD Y COMPAÑERISMO. 

     No hablaré del personal del Teatro Zaidín porque sólo puedo decir que hicieron su servicio escrupulosamente, o sea con todos los escrúpulos posibles. Prefiero hablar de lo positivo. 

     Sé que me ha salido un post muy serio, pero no se me ocurría otra manera de agradecer a este magnífico equipo que es DeLaNada Teatro. Aparte de unos grandes artistas, doy fe de que son unos extraordinarios seres humanos.

     Sois muy grandes y estoy orgulloso de dirigiros.






domingo, 20 de mayo de 2012

¿Alguna vez te has disfrazado de Spiderman?




     Parece que las premoniciones existen. Cuando, hace unos días, escribía una frase en el desfogante muro de Facebook, no imaginaba yo que iba a tener una prueba de ello tan evidente y tan pronto. Yo decía “la genialidad del actor es hacer que el personaje reviva cada día, que no se muera disecado en su propia complacencia”
     Y esto es lo que vi ayer en “Teoría y práctica sobre los principios mecánicos del sexo”. Unos actores y actrices (qué lata esto de tener que separar los sexos), haciendo tan real y tan fresco un texto que daba la impresión de no haber texto. 

     El público reunido en el Garaje Lumière se convirtió en voyeur (y conste que utilizo esta palabra francesa en honor a los Lumière) de la vida de unos seres poco alejados de cualquiera de nosotros. La mentira y los secretos forman parte de nuestra vida. Y quien lo niegue cae en la peor mentira que se puede decir: la mentira a uno mismo. Una divertida historia que no se queda en la superficialidad; donde puedes observar que lo que se dice no tiene por qué corresponder con lo que se hace.

     Impresionante la difícil sencillez con que el autor y director Miguel Ángel Cárcano crea un texto al que no se le ven los andamios. Esa humildad para no hacer lucimiento de su técnica, cuando sin duda la hay, porque de otro modo la historia no puede desarrollarse con esa composición tan meticulosa de cada uno de los personajes. La infidelidad de Daniel con su pareja contrasta con la fidelidad que le tiene a su amigo Carlos. O la sorprendente dualidad moral de Marta oculta tras su femenina intuición y sus elaboradas sospechas. O la compulsiva infidelidad de Carlos a quien le razona mejor su bragueta que su cerebro; un ser básico, sin maldad pero con poco de maquiavélico. Incluso Virginia, a quien su ética le censura hacer lo que su instinto le pide a gritos, no es ajena a esta impura honradez.

     En este caldo de sabores sin sabor y desahogo de represiones se mueve la obra. Y nuestra cabeza se golpea entre la risa (o carcajadas en algunos momentos) y el autoanálisis vergonzoso de nuestra propia moral. Con esta obra tienes la sensación de ver desnudos a los personajes en todo momento, porque sus actos y sus palabras delatan la mayor de las intimidades, la de sus almas. 

    Y, puesto que fue mi amigo Juan Vinuesa quien me animó para ir a verlos, no puedo reprimirme la necesidad de decir cuánto lo admiro. Hace una creación única en el rol de Carlos, tierno y comprensible a pesar de que su actitud no sea un dechado de prudencia. O ese reproche que tanto hiere a su personaje: "falta de madurez". Con esa vis cómica mezclada con la "mala follá granaina". Una muestra de cómo se construye un personaje con sus luces y sus sombras. No por ello dejo atrás la labor de los otros actores, que disfrutan y se crecen en escena hasta hacernos olvidar que están interpretando un papel. 

     No contaré el final, pero sí diré que me pareció un canto al “vive y deja vivir”, donde cada cual tiene que apechugar con sus fantasmas y sus telarañas para disfrutar de esta vida que no tiene vuelta atrás. 

     Porque, ¿quién no se ha disfrazado alguna vez de Spiderman?




martes, 17 de abril de 2012

Teatro de niños

 
     En ocasiones cierro los ojos e intento visualizar aquella primera incursión en el universo de la interpretación. Temprana, muy temprana fue mi llegada al mundo del teatro. Siete años de un niño que ya formó su propia compañía. Duró poco, desde luego, pero ya fue un apunte de lo que luego sería mi vida. Después el tiempo se encargaría de cambiar mi rumbo y, como la cabra tira al monte, pasados unos años volví a mi idea, esta vez mejor armado, sin duda, porque me ha durado hasta hoy.
     Me gustaría recordar el nombre de la obra que intentamos poner en marcha con aquel grupo de niños-actores. Lo que sí recuerdo es que había un sofá (hecho con cajones y una manta), una mesa, un mantel y una escena en la que yo me tenía que enfadar mucho. Sí, el mantel y el enfado son detalles importantes, porque fueron los detonantes de la disolución de la compañía. En pleno ensayo y haciendo gala de una enérgica actuación, tiré del mantel para hacer caer los vasos y platos que había sobre la mesa. Con tan mala suerte que el mantel rajó y el enfado de la actriz-escenógrafa que había prestado ese elemento del atrezzo nos llevó a una bronca que acabó con el proyecto. 

     Cierto es que aquello era un teatro muy infantil, pero la imaginación es el don natural de los niños y nosotros teníamos varios cestos llenos. Y como infantil es igual a pequeño, también era pequeño nuestro local para las representaciones: el patio de mi casa con las sillas que traían los espectadores bastaba. 

     Nuestro sistema de promoción no era gran cosa, pero cumplía su cometido. Para publicitar las funciones hacíamos un cucurucho de cartón a modo de megáfono y paseábamos a pie y grito por las calles del pueblo que por entonces tenía unos mil habitantes. 
     Iluminación ninguna, las funciones se hacían en horario solar. Y en cuanto a atrezzo, cualquier cosa encontrada en un desván servía. Hasta una pintura que años después un tasador descubrió que tenía un valor millonario por ser la obra de un pintor muy antiguo y prestigioso. No sé decir quién era el autor porque la noticia me llegó muy filtrada bastantes años después y ya se sabe lo que pasa con el “me han dicho que le han dicho a fulanito que menganito se ha enterado”. 

     En fin, que sin añorar aquellos incipientes inicios, me alegro de haber tenido que echar mano de tanto ingenio para hacer cosas que ahora, en muchos casos, me las dan hechas.



domingo, 8 de abril de 2012

La experiencia de lo que falta


     Después de un año sin publicar ningún artículo, creo que ya va siendo hora de volver a la carga. 
     No ha sido por falta de ganas, pero algunas pérdidas de compañeros me tentaban a escribir sobre ellos y no quería convertir el blog en un panegírico de seres queridos desaparecidos. Ni quería que fuera un muro de opiniones políticas por la situación que nos está tocando vivir. Así que, centrándonos en lo estrictamente teatral, abro esta nueva etapa con una reflexión sobre mi trayectoria como actor.

     Cuando, hace más de treinta años, decidí ser actor era un joven cargado de miedos y de ilusiones. Ahora dicen que soy un “actor con experiencia”. ¿Qué es la experiencia? Muchos creen que tener experiencia es saberlo todo o casi todo. Yo pienso que es haber librado muchas batallas y adquirido algún conocimiento, pero también tomar conciencia de que hay mucho por aprender. 
     Y cuando te vas curtiendo en estas lides, cambias el miedo por la responsabilidad, que quizá sea otro tipo de miedo. Todavía me tiemblan las piernas y siento el rápido palpitar del corazón cada vez que se encienden los focos de escena o la sala de doblaje se queda en silencio para que mi voz lo rompa, o el director dice aquello de “¡acción!”. 

     Como me dijo una vez una admiradísima y veterana compañera cuando le comenté que me ponía muy nervioso: “el día que dejes de sentir esos nervios, retírate, estás acabado”. Y creo que aún puedo seguir, porque esos nervios no se me han pasado. Cierto es que he aprendido a dominarlos para que no se apoderen de mí, pero sigo sintiéndolos. Quizá eso sea lo más destacable de lo que te da la experiencia. 
     Al igual que los reconocimientos. Parece que un reconocimiento es la posibilidad de tumbarte a recoger los frutos. Pero no es así, la cosecha hay que seguir cuidándola. Ya me comentó otra gran actriz que fue presidenta de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España (nombre largo donde los haya): “los premios pueden ser muy peligrosos, porque los demás piensan que ya eres inaccesible y tu puedes dormirte mirando tu reflejo en el trofeo”. 

     Así que, con bagaje o sin él, yo sigo siendo el (ya no tan joven) de mis comienzos pero que es consciente de todo lo que le queda por hacer.


viernes, 11 de marzo de 2011

"Los últimos días de Alejandro"


    Nuestra mente es un mundo lleno de fantasmas y pensamientos más o menos tangibles. Y, en esta amalgama de ideas, debes seleccionar las simples locuras pasajeras de los auténticos conceptos factibles.
     Cuando, hace ahora un año, tenía la última conversación con mi añorado amigo Jorge Aguado, no tenía muy claro si el proyecto podría realizarse. Y mi querido compañero me animaba a embarcarme en esta aventura, diciéndome que él sería el primer espectador en el patio de butacas. Desgraciadamente, Jorge no estará allí físicamente, pero nos acompañará su espíritu y su recuerdo. En aquel momento yo acababa de terminar una relación artística algo tortuosa y mi sesera se debatía entre el "quiero" y el "debo". Por suerte hice caso al "quiero" y al apoyo de mis compañeros y me animé a iniciar el proyecto.

     Al cabo de unos meses, junto a mis admirados compañeros que han sido un ejemplo de ánimo e ilusión, nos encontramos preparando lo que estamos a punto de estrenar.
     No sé si la intuición de Julián Salas, uno de los autores de la obra, cuando me pasó el texto sin conocernos siquiera, ha sido la más acertada (nótese la chanza). Pero lo que está claro es que, al que suscribe y a su grupo de acólitos nos ha dado, y seguro que nos dará, muy gratificantes momentos.

     El proceso creativo de "Los últimos días de Alejandro" ha sido un placer plagado de grandes descubrimientos y luchas de superación como pocas cosas en la vida nos pueden dar. Admiro la lealtad de todos los que se han puesto a mis órdenes, aún sabiendo que en ocasiones puedo resultar difícil de entender. Todos y cada uno de ellos han puesto todo su saber al servicio de este proyecto. Desde Beteta, al que echamos de menos y sé que pronto volverá a incorporarse, hasta el último de los llegados.

     Me gustaría hacer una relación de cada uno de ellos, pero este escrito se alargaría hasta hacerse eterno. Así que me limitaré a darles las gracias, como lo haría de uno en uno, y desearles que disfruten su trabajo hasta llegar a tocar el cielo.
     Gracias por tener dudas, gracias por vuestras miradas perdidas en busca de esa inspiración que parecía no llegar, gracias por dar brillo al opaco mundo, gracias por vuestras risas que destruyen mi rigidez, gracias por vuestros miedos a no estar a la altura, gracias por estar celosos de que os preste atención, gracias por preguntar, gracias por ponérmelo difícil cuando no veíais claras mis decisiones, gracias por apreciar el trabajo de vuestros compañeros, gracias por apoyaros entre vosotros, gracias por conseguir estremecerme hasta el punto de tener que ocultar alguna lágrima furtiva.

     Quedan pocas horas para que nuestro trabajo se presente al público, y lo único que se me ocurre es deciros lo que os dije en el último ensayo "vaciaos de toda vuestra carga, jugad, haced vuestros los personajes y vivid la magia del escenario".

     Alejandro cabalga en pos de grandes conquistas.


sábado, 7 de agosto de 2010

¿Me explica lo que es el arte?


     Leo en un diario nacional un artículo de un tal John J. Healey que titula "El problema más grave del cine español" y me retumba en la cabeza una sentencia: "tu eres tonto y a partir de ahí no hay más que hablar". Es que uno se harta ya de oír simplezas, mamarrachadas y exquisiteces de las mentes preclaras que pretenden sentar cátedra sobre lo que debe ser el arte (y lo he escrito bien, sin "de", porque lo hacen como una imposición). 

     Después de algunos años de dar bandazos en el mundo del espectáculo y habiendo estado en contacto desde sus bases más humildes a sus más refulgentes esferas, me he callado demasiadas veces para no caer en descalificaciones. Pero hay un momento en que peligra la integridad de mi aguante. 
     Según el iletrado revestido de erudito, el público está equivocado y quienes hacen películas de culto y de extremada estética se encuentran con que la sociedad no está preparada para algo tan exquisito. "Haberlas, haylas", aunque no todo el monte es orégano. Perdone usted, pero el arte no se impone. Una obra de arte que no provoca nada en el espectador, no es obra de arte, es una guarrería. Y eso es lo que están haciendo con el arte dramático los enteradillos que van de genios. El teatro en España se lo cargaron durante una época los lumbreras que pretendieron imponer un teatro experimental y de vanguardia que no interesaba a nadie. Suerte que ahora está resurgiendo porque hay compañías y profesionales que saben atraer al público. 

     Con el cine tres cuartos de lo mismo. Demasiadas subvenciones han alimentado un cine que no interesa y que hace creer al espectador que es un memo por no entenderlo.
     Habla el esclarecido de que la "naturalidad en la interpretación" no cala en el público vulgar porque está demasiado acostumbrado a estereotipos teatrales y forzados. Vamos a ver, el arte no es la vida tal cual. Tiene que ofrecer algo sugestivo, exponer su visión de la realidad y hacerlo con los resortes necesarios para resultar atractivo al público. Si quieren naturalidad, que se vean cualquier programa de prensa rosa. Ahí tienen un reflejo muy natural de ciertos personajes. Sin embargo, no podemos llamar arte a esto, y de "buen gusto" no tiene ni el conocimiento de lo que significa. 
     Pero si hasta la fotografía utiliza efectos y modifica la imagen real para resultar artística. Que no me vengan ahora con que hay que ser totalmente fieles a la realidad. ¿Qué sentido tendría entonces la poesía? ¿Hay alguien que hable así en su vida cotidiana? Pues no, pero ahí está la genialidad del poeta, en mostrar sentimientos utilizando sus propios y antinaturales recursos. ¿Es estricto con la realidad Van Gogh en sus "Girasoles Ciegos"? Alguien diría que utiliza sus tópicos trazos y su gama cromática habitual. Pero esa es la virtud de un artista, crear sensaciones atractivas con su propio estilo. 

     Otro de los manidos argumentos que se utilizan para defender cierto indefendible cine español es el mal que provoca el doblaje. Esa práctica en la que se utilizan clichés, entonaciones y frases hechas que nada tienen que ver con la sociedad española. Pues, mira por dónde, no voy a argumentar los pros y contras de esta práctica, por evitar un dicho que se utiliza en mi pueblo: "¿Quién alaba a la novia? La guarra de su madre."  Pero sólo diré que, por mucho que se empeñen algunos, si eso es lo que el público entiende y lo que al público le llena, irá a disfrutar de eso o no irá a ver nada. No se puede obligar a la gente a aguantar algo que no soporta. Y el arte tiene que gustar. Si no encandila a quien lo observa no deja de ser un capricho de su autor, o la justificación de un incompetente. Sobre todo, cuando éstos se empeñan en que es algo que debe gustar a todo el mundo o, de lo contrario, a las neuronas del público les falta un hervor.

     Sólo pido que cada cual tenga la suficiente capacidad de elegir lo que le llena y lo que no. No nos dejemos engañar por esas genialidades que no son sino fiascos para seguir viviendo del cuento. Ni por lo que estos gurús de la cultura nos tratan de imponer bajo la insinuación de que, de lo contrario, seremos burdos e ignorantes.

     Hoy no estoy gracioso, pero es que hay cosas que me cambian el humor. Ese empeño en imponer o menospreciar a quienes tienen unos gustos o unos conceptos alejados de lo que estas personas desearían (quizá para poder vivir de su/el cuento) sí que es un problema para el cine español. Seamos honestos y un poquito más terrenales


domingo, 18 de abril de 2010

Hoy comemos... ¡Menestra!


     Hacia las 19:15 salimos de casa para degustar el plato que nos habían preparado Menestra Company. Cuando vas a un sitio que no conoces conviene salir con tiempo por si te enredas en una madeja de calles de la que cueste salir y luego llegas tarde al teatro. No es agradable para un actor ver sombras que entran y salen del patio de butacas durante la representación. ¿Da miedo? Pues no, pero es un poco desconcentrante (no existe la palabra, pero se debería instituir porque es más específica para casos como este que la admitida desconcertante, ya hablaremos de ello). Y desconcentra tanto como el sonido de un móvil. Que, por cierto, no sonó ni uno. Bravo por el público del Centro Cultural José Saramago de Leganés.
     El caso es que llegamos un poco pronto, pero así nos dio tiempo a conocer el entorno y entrar en situación, como el que espera a la puerta de un restaurante. 
     Entramos; por la puerta equivocada, eso sí, y después de estar dentro preguntamos: "¿dónde se compran las entradas?" "Ah, bueno, eso es en la otra parte del centro." Salimos, entramos por la otra puerta y cogimos las entradas. Vimos una puerta que daba al recibidor (me niego a decir hall o "jol") de la primera entrada, y allí nos dirigimos. Una voz a nuestras espaldas se escuchó: "señores, por ahí no se puede, tienen que salir y volver a entrar desde la calle". Volvimos a salir a la calle y, como unos respetables espectadores, entramos por la entrada del primer intento; entregamos las entradas, saludamos, fuimos saludados muy afablemente por los empleados del centro y nos dirigimos a la sala del teatro. Esta entrada sí fue triunfal.
     Así, entre para adentro y para afuera, consumimos los minutos que quedaban para el comienzo de la función. 
     Desde antes del inicio los ánimos del público estaban predispuestos para pasarlo bien. Fue graciosísima la reacción de los espectadores cuando se anunció por megafonía "se prohíbe tomar fotografías o la grabación de esta representación..." Todo el público se giró hacia el chico que manejaba una cámara de vídeo en un trípode. A lo que él, entre apabullado y divertido, contestó "yo tengo permiso". Risas generales. 
     Se apagan las luces de la sala y comienza el espectáculo. Guisante, Zanahoria y Calabacín hacen acto de presencia, como venidos de un onírico mundo, para pasar una serie de pruebas que les harán aptos o no aptos para formar parte de nuestro mundo. El director del proyecto les orienta hacia lo que será una serie de situaciones entre surrealistas, desternillantes y disparatadas. Risas, carcajadas, y alguna que otra sorpresa se suceden a lo largo de la representación. No voy a contar cada uno de los "esqueches" de la obra, pero puedo decir que están cargados de ingenio y de arte. Para todos los gustos y para todos los públicos. A mi me encandiló especialmente el de la gabardina que me recordaba al teatro negro de Praga, pero sin fluorescencias ni oscuridad. Dos actores dando vida a una marioneta-gabardinaconsombrero donde ellos pasaban desapercibidos para hacernos creer que era el objeto inanimado el que actuaba en aquellos momentos. La gabardina estuvo muy bien, pero sus manipuladores tenían todo el mérito en la sombra. 
     En un suspiro llegamos al final donde, como cada vez que colaboro en un espectáculo, no puedo evitar sentir los nervios ante mi intervención. Porque en esta obra también intervenía yo, aunque fuera con un personaje en off. Y en aquel momento me entró el miedo y pensé "que no tenga un lapsus, por Dios, que no me pare". Y no me paré, lo solté todo tal y como lo tenía grabado. Es la ventaja de este tipo de papeles, y la desventaja también, porque no hay posibilidad de rectificación. 
     Acabó la función, pero no el divertimento. Porque después de esperar media hora en la puerta del teatro, nos informaron de que los actores estaban esperándonos en la parte trasera del centro (¡qué centro, con tantas entradas y salidas!). Cañitas, conversación y la comunión de siempre entre compañeros conocidos y acabados de conocer. 

¡Qué auténtica es la gente de teatro!


viernes, 5 de febrero de 2010

A un gran hombre




Sé que estás ahí,
entre las estrellas que se asoman
tras la oscuridad de la noche.

A veces siento el tacto de tus manos
encallecidas y tiernas.
Me gustaría no haberlas perdido
cuando un aliento suave
te durmió para siempre. 
Desearía agarrarme a ellas
como aquella última vez
y recuperar tantos
abrazos perdidos.
Manos endurecidas por el trabajo
que nunca abusaron de su poder,
que sólo se preocuparon de guiarnos.

Hombre sin cultura
pero sabio de la vida.
Tus lecciones no tenían guión,
ni palabras altisonantes,
ni pesados conceptos.
Tu enseñanza eras tú,
con cada movimiento,
con cada acción,
con cada silencio.

Hablo contigo, pero no te veo.
Me contestas, pero no suena tu voz.

Te siento en cada paso que doy,
en cada decisión que tomo,
descubriendo lo importante
que fue tu ejemplo.

Un héroe sin estatuta,
un valiente sin espada,
un luchador sin ejército,
un compañero respetado.

Yo te admiro,
te quiero,
te hablo,
te siento conmigo,
aunque no estés aquí.

Y, de vez en cuando,
miro al cielo y te hago la gran pregunta:
"¿Estás orgulloso de mí, padre?"


lunes, 4 de enero de 2010

En ocasiones oigo frases



     Resulta curioso y, ¿por qué no decirlo?, halagador cuando descubres que algunas expresiones que tu mismo te has inventado pasan a formar parte de el uso o se convierten en populares.

     Es la ventaja que tiene el escribir guiones, o adaptarlos en mi caso. El guión cinematográfico llega a muchos espectadores, y así de forma subliminal, sus frases empiezan a formar parte de nuestra vida.

     Recuerdo que en los años ochenta había una expresión muy habitual en las pantallas de cine y que, en algunos casos, hay personas que la siguen considerando normal: el "jodido" lo que sea. Lo eran las puertas, los teléfonos, los lápices... todo era fornicado. Siempre he creído que se podía estar así, pero veía difícil que se fuera eso, y más los objetos inanimados. A mi modo de ver tenemos expresiones castellanas que pueden sustituir a esa traducción literal del "fuck" inglés. Puñetero, por ejemplo, o para darle mayor énfasis "puto". Por suerte esa tendencia ha disminuido y ya son menos objetos los que son víctimas de esta práctica sexual.

     Otra de las expresiones que siempre me han producido cierto escalofrío al oírlas es el "¿te encuentras bien?" a una persona que ha sido tiroteada, ha tenido un accidente o se ha caído de un puente. Bien, lo que se dice bien, seguro que no se encuentra, después de semejante acontecimiento. Se le puede preguntar si "se le está pasando", si "está herido", si "le duele mucho", si "puede aguantarlo"... pero preguntarle si se encuentra bien es una total falta de sensibilidad. Evidentemente NO SE ENCUENTRA BIEN, vamos que yo creo que no tiene ganas ni de buscarse.

     En cuanto a expresiones propias, me acuerdo que en mis principios oí alguna crítica negativa a vocablos que empecé a utilizar en mis guiones por considerar que estaban al cabo de la calle. Estos fueron el "guay" y el "genial" (como expresión de júbilo). El tiempo los ha ido imponiendo, tanto a nivel de la calle como a nivel cinematográfico, y ahora parece que ya nadie se extraña de oírlos en una película.

     Mucha mejor aceptación tuvo el "en ocasiones veo muertos" con el que nadie se ha planteado lo rebuscado de la frase. Simplemente sonó y se hizo popular tal cual. Pero yo tuve mis dudas cuando la elegí, porque me parecía un diálogo demasiado erudito para un niño. No obstante tuve que utilizarla para amoldarnos al movimiento de esos labios que decían "I see dead people" (veo gente muerta).

     Otra de las muchas expresiones que he visto cómo se han hecho populares al nivel del "¿me entiendes?" de la Esteban, pero con la ventaja de que nadie pone cara al autor, es "¡Zás, en toda la boca!". Reconozco que suelo esbozar una sonrisa cada vez que la oigo acordándome del día que decidí que el "POW! Right in the Kisser!" (¡Pum, justo en los labios!) inglés se convirtiera en ésta tan popular ahora.

     Entiendo que son muchas frases las que uno escribe en sus guiones cada día, y admito que siento cierto orgullo cuando oigo alguna de ellas en la calle. Todavía me tengo que reprimir a veces para no decir "¿sabes que eso es creación mía?". El ego humano, ya ves tú. Pero, en el fondo, me divierte más permanecer en el anonimato porque tampoco es que lo mío sea El Quijote.


sábado, 2 de enero de 2010

De Vampiros


      ¿Quién no se ha preguntado alguna vez "qué tiene esta persona que me siento tan bien después de estar con ella"? Con la misma intensidad notamos a veces que otras personas nos dejan agotados. Y ahí entramos en la reflexión que me lleva a hacer este comentario de hoy: las personas Vampiro y las personas Transfusión. También me da por llamarles personas Recargantes y personas Descargantes. Son seres que te recargan la energía o que te la absorben. Creo que en este punto, aunque sólo sea por comparación, ya debéis saber quienes son de cada grupo. Y en ocasiones no tiene que ver con la bondad o maldad de la persona, es más una característica independiente. He conocido personas Vampiro de buen corazón, aunque es más común que las personas que te cargan las baterías sean los generosos y cariñosos.
      Debe de ser una cuestión de energías, de polaridad o de algún factor difícil de definir, pero lo cierto es que las personas Vampiro por mucho que se empeñen en empujarte o en proponerte ideas, sólo consiguen chuparte las energías y dejarte agotado.

     Me quedo con los seres recargantes, esas personas que, ya sea con su actitud vital o con su comportamiento, son capaces de cargarte las pilas y sentir que su compañía te da vitalidad. Doy gracias por haber tenido a mi lado amigos que me han hecho resurgir y afrontar retos que ni yo mismo era consciente de que podía realizar. Esos han sido mi revulsivo, los que han conseguido con sus conversaciones, su compañía, sus palabras o sus oídos, recargar mis energías día a día. Esas personas son tan valiosas que los busco, intento cuidarlos y los disfruto cada minuto, cada segundo que vivo con ellos.

      Yo no creo en los gafes, pero quizá los seres Vampiro pueden llegar a provocar situaciones gafe cuando descargan tanto a los demás que la energía se convierte en negativa. No es nada producente estar rodeado de negatividad.

      Quizá un psicólogo pueda establecer causas-efectos en la mentalidad humana, pero yo, como un simple viajero, sólo sé hablar de mis sensaciones. 



viernes, 1 de enero de 2010

Propósitos



     Comenzar un nuevo año siempre es un cúmulo de buenos propósitos y de hacer lo que tantas veces estamos postergando.

     Es como estrenar un cuaderno. Las primeras páginas tienen una ortografía perfecta y unas líneas en total armonía. Nos ilusionamos con que "este" cuaderno lo llevaremos limpio y sin tachones. Aunque sabemos que, según discurran las páginas, nuestra ortografía se volverá caótica y empezaremos a llenar de tachones y desorden las hojas. Esas hojas tan estéticas del principio darán paso a las abigarradas páginas del final.

     Pero sabemos que es así, y cuando llegamos al final y repasamos los apuntes nos damos cuenta de cuántas historias hemos vivido, cuántos momentos han quedado plasmados en el cuaderno y en nuestra memoria.

     Este año me he propuesto muchos objetivos. No sé si demasiados para las páginas que tiene este cuaderno, pero lo voy a empezar con la ilusión de cada año y la esperanza de que va a ser un período (con acento en la í, no confundir con el proceso femenino) único y engrandecedor.

     Voy a limpiar el acuario, seguiré fumando pero menos, buscaré tiempo para unas vacaciones de vez en cuando, aprenderé cuanto pueda con mis alumnos, me esforzaré en hacer mejor mis trabajos, intentaré poner en marcha mi nuevo proyecto, ordenaré mi mesa, charlaré más con mis amigos, veré más a mi familia... y, de vez en cuando, volveré a esta primera página para recordarme lo que pretendía.

     Pero, sobre todo, intentaré aprovechar cada día para ser un poco mejor y ofrecer algo a los demás.


     Bienvenido, nuevo año.



martes, 29 de diciembre de 2009

No te rindas



No te rindas, aún estás a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras,
enterrar tus miedos,
liberar el lastre,
retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros, 

y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda,
y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma
aún hay vida en tus sueños.

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo.
Porque lo has querido y porque te quiero.
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Abrir las puertas,
quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron,
vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa,
ensayar un canto,
bajar la guardia y extender las manos.

Desplegar las alas
e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños.
Porque cada día es un comienzo nuevo,
porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo, porque yo te quiero.


Mario Benedetti             



             

lunes, 28 de diciembre de 2009

Soy actor.





     Actor porque actúo, porque me muevo, porque respondo en cada escena de mi vida según se desarrolla la obra. No me debo a un único guión, como no me debo a un único teatro.
     Desde pequeño siempre quise ser actor. No busqué las grandes marquesinas, ni ser cara popular en esa ventana falsa que cada casa tiene al mundo. Sólo quería sentir la libertad que te da ser una persona y muchos personajes a la vez. Simplemente por el placer de sentirme libre.
     Libre para elegir, libre para sentir, reír, sufrir, llorar y amar. Amar lo que quisiera, sin que la sociedad me impusiese lo que debía ser amado. Amar a un árbol, amar a un perro, amar a una sonrisa. Y, a veces, con tanta pasión que ha dado lugar a malas interpretaciones o a repulsa por no ser políticamente correcto. Pero he seguido mi papel, el papel que me ha tocado en cada momento, sin cortapisas en la indumentaria ni en el movimiento.
     Las únicas limitaciones que he tenido son las que me ha dado el espacio. Un espacio, por otra parte, que sé que no es eterno. Cada día un nuevo escenario, cada día una nueva representación. Y la posibilidad de enmendar errores y corregir acciones que no llevaban a nada.
     Un camino no siempre alfombrado de alegrías, pero que me han enseñado, me han enriquecido en cada paso. Y muchos actores (unos más que otros) que me han acompañado y que han ido ocupando su puesto en mi representación de la vida. Quienes quisieron actuar siguieron, quienes se acomodaron en su papel aprendido continúan con su obra. Su única obra y, en algunos casos, su único escenario.
     Yo mientras tanto sigo creando obras, unas mejores que otras; creando mundos y descubriendo día a día la maravilla de extasiarte con un suspiro, con una mirada, con una sonrisa cómplice.

Por eso soy actor, porque actúo.