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domingo, 17 de junio de 2012

DeLaNada contra viento y marea

     
     Cuando, hace unos meses hablé del estreno de “Los últimos días de Alejandro”, lo hacía con la emoción del momento en el que el barco, tras haber sido diseñado, construido y pintado, es botado y comprobamos que, no sólo flotaba, sino que lo hacía con elegancia y con total seguridad. 

     Algunos meses han pasado de esa botadura y puedo asegurar que el viaje está siendo toda una aventura llena de grandes sensaciones. En primer lugar destacaré la valía de todos los componentes de esta tripulación. Unos iniciaron la singladura, otros se bajaron en algún puerto, otros se enrolaron en naves compañeras, y otros subieron durante la travesía. Pero todos han dado muestras de gran respeto por esta nao que se llama DeLaNada. Y ya han sido unos cuantos puertos en los que hemos fondeado. 
     Por mi parte, como dijo Antonio Machado “he andado muchos caminos, he abierto muchas veredas, he navegado en cien mares y atracado en cien riberas”, siento que esta aventura es hermosa como pocas y la última de nuestras singladuras ha sido una auténtica prueba de valía de este equipo humano. 

     DeLaNada teatro viajó a conquistar Granada con todas las dificultades imaginables. Y, como un equipo totalmente entregado, todos tomaron sus puestos sin perder la calma, sin amedrentarse y con la buena actitud que sólo los valientes tienen. Buen humor y entrega en todo momento. Capeamos el temporal y salimos victoriosos de tan temible tormenta. 

     Todos echamos de menos a Álvaro, Miguel y Gabriel, y sentimos la enfermedad de Borja que, en el último momento, le impidió estar con nosotros. Pero había que seguir, el espectáculo debía continuar, así que era hora de ponerse manos a la obra. 

     Fue fantástico ver la disposición de David Paredes y Álvaro Ramos cuando les propuse aprenderse sendos papeles durante el viaje para hacer la sustitución esa misma tarde. Furgoneta sala de ensayo
     Magnífico el coraje de Álvaro cuando, cinco minutos antes de empezar, se quitó el pinganillo que tenía preparado por si se le iba el texto y dijo “prefiero no llevar esto, vamos a por todas”: Coraje de actor
     Magnífico David Paredes que atendió mi petición sin rechistar y se aprendió el nuevo papel que defendió con ganas: Disciplina de actor
     Magnífico Javi supliéndome a mi, tras una carrera desde la cabina de luces, y haciendo un Diógenes único del que me sentí muy orgulloso: Actor sin trabas
     Sin olvidar su buena actitud cuando nos dimos cuenta de que nos faltaba el foco para un efecto: Solución de artista
     Magnífica Noe que, ante la falta de un soporte para las lanzas, salió a la calle, buscó una caja y preparó un soporte que ríete tu de Macgyver: Entrega de compañera
     Magníficos Alberto, Rubén y alguno más que, ante la falta de escudo, idearon un elemento escenográfico que dio hasta para unas risas cuando comentamos que podíamos hacer un espantapájaros: Arranque de genialidad
     Magnífica Virginia, que apareció por allí para ver la función y acabó de taquillera: Generosidad de amiga
     Magnífico Pedro, que vino a ver actuar a su hijo y estuvo atento en todo momento a lo que nos hiciera falta: Apoyo impagable.
     Magnífico Chema Cabello porque vino a ofrecernos su ayuda y vibró con el público, por si no era suficiente con ser el autor de "Los últimos días de Alejandro": Ánimo incondicional

     Y magníficos todos y cada uno, Marta, Jos, Zoraida, David Alonso, Dani y Raúl, porque no perdieron la amabilidad ni el buen humor en ningún instante: LEALTAD Y COMPAÑERISMO. 

     No hablaré del personal del Teatro Zaidín porque sólo puedo decir que hicieron su servicio escrupulosamente, o sea con todos los escrúpulos posibles. Prefiero hablar de lo positivo. 

     Sé que me ha salido un post muy serio, pero no se me ocurría otra manera de agradecer a este magnífico equipo que es DeLaNada Teatro. Aparte de unos grandes artistas, doy fe de que son unos extraordinarios seres humanos.

     Sois muy grandes y estoy orgulloso de dirigiros.






martes, 2 de febrero de 2010

A un soñador que luchó.


 Querido amigo:
Hace mucho que te fuiste, envuelto en sombras y con la marca de la venganza. Suicidio, dijeron, y dieron el caso por concluído. Luchabas por la justicia, y la justicia escondió su mano y te condenó al olvido. Pero algunos, al oír de tí, pensamos que aún estás entre nosotros, luchando, gritando, buscando la verdad. Esa verdad y esa justicia que tantas veces nos han prometido y que nunca llega. Los tiempos han cambiado. Ya no se grita en las universidades porque se puede hablar, pero el descontento perdura. Ahora no se hacen reuniones secretas porque se permite el asociacionismo, pero seguimos discutiendo los males de nuestra sociedad y nos rebelamos contra ellos. Cada vez se hacen menos pintadas; ahora se envían cartas a los periódicos o se llama a la radio para protestar.  Ahora se puede hablar, aunque nadie escuche lo que dices. Cada cuál va a lo suyo. Lo importante es ganar mucho dinero y formar parte de lo que llaman la sociedad del bienestar. ¿Qué bienestar? ¿De verdad queremos esto? ¿Un buen coche, un chalé y trescientos euros para copas es bienestar?
¡No! Yo quiero el bienestar de la tranquilidad, la solidaridad, la amistad, la honestidad, la justicia. Me gustaría mirar al futuro con ilusión, con la esperanza en que el trabajo me hará un hombre digno, con el deseo en que la honradez tendrá su recompensa. Me gustaría que el respeto enterrase guerras y violencia y sembrase en su lugar comprensión y paz.
Cuando tú estabas aquí, la militancia en un partido era nuestra forma de luchar. En estos tiempos, ya no sirve para nada. Todo está corrompido. Los ideales no son la meta a alcanzar, la meta es el poder. El asqueroso poder sin más; porque si el poder acarrease la práctica de los ideales estaría bien.
          Pero no te preocupes, amigo, aquí aún quedamos algunos que seguimos luchando. Aunque tengamos que pagar precios muy altos por nuestra osadía, aunque nos releguen al cuarto trastero y nos pongan etiquetas de descrédito.


(*Texto recuperado de mis antiguas notas) 

miércoles, 6 de enero de 2010

La crisis del trabajo



     Cuando la crisis afecta al bolsillo la sociedad se echa las manos a la cabeza, pero hace más tiempo que sufrimos otra crisis: la de la profesionalidad. No sé si una es efecto de la otra, pero sin duda, difícil es acabar con una mientras exista la otra. Pongan ustedes las cifras de la ecuación en la parte del enunciado que más les convenga.
     Al hablar de crisis del trabajo me refiero a la crisis de profesionales. En muchos casos se ha sustituido al profesional por el trabajador. Interesa más una persona que "saque" un trabajo que un profesional que "realice" un trabajo como es debido.
     ¿Quién no ha ido a comprar un electrodoméstico y el "despachador" (no se merece otro nombre) no tenía ni idea de qué le hablabas? ¿O quién no ha ido a tomar una copa y más que servírsela como corresponde a un camarero se la han puesto como el que echa de comer a un pollo? O el famoso dicho del albañil, que lo primero que comenta es "¿quién ha hecho esta chapuza?" para encubrir las posibles ineptitudes que le pueden surgir en el trabajo, porque se escudará en "no hay quien arregle este desaguisado".

     Falta profesionalidad, auténticos profesionales que realicen su labor con dedicación, preparación y entrega. Hemos convertido el trabajo en una esclavitud que nos tiene secuestrados durante unas horas que luego son pagadas con más o menos generosidad. Generalmente con menos generosidad; a fin de cuentas no habría que dar muchos pasos para encontrar a otro que pueda hacer exactamente lo mismo.

     Es triste entrar en esa rueda donde el único aliciente es terminar el horario laboral para entregarse a un ocio muchas veces poco gratificante pues no se tiene costumbre de ser creativo y activo. Comprendo que algunos pueden considerar que es cómodo y quizá vital aprobar unas oposiciones para convertirse en funcionarios y rellenar siempre los mismos formularios según las mismas normas y en el mismo horario. Pero estas personas pierden un poco de su parte humana cuando se convierten en meros ordenadores que ejecutan su labor según unas pautas marcadas y, cuando les sacas de lo común, no saben hacer frente a las variables que desconocen.

     ¡Cuánto echo de menos aquella tienda de fotografía donde podías pedir "un filtro para que suavice los reflejos de las superficies pulidas" y te traían las distintas posibilidades! Ahora como no pidas un "filtro polarizador" no se esfuerzan ni en saber a qué te refieres. Como cliente no tienes por qué saber más de sus productos que el profesional que se dedica a ello. Dentro de nada habrá que decirles hasta en qué parte del almacén lo tienen guardado. 

      Esta sí que es una crisis difícil de resolver. 



viernes, 1 de enero de 2010

Propósitos



     Comenzar un nuevo año siempre es un cúmulo de buenos propósitos y de hacer lo que tantas veces estamos postergando.

     Es como estrenar un cuaderno. Las primeras páginas tienen una ortografía perfecta y unas líneas en total armonía. Nos ilusionamos con que "este" cuaderno lo llevaremos limpio y sin tachones. Aunque sabemos que, según discurran las páginas, nuestra ortografía se volverá caótica y empezaremos a llenar de tachones y desorden las hojas. Esas hojas tan estéticas del principio darán paso a las abigarradas páginas del final.

     Pero sabemos que es así, y cuando llegamos al final y repasamos los apuntes nos damos cuenta de cuántas historias hemos vivido, cuántos momentos han quedado plasmados en el cuaderno y en nuestra memoria.

     Este año me he propuesto muchos objetivos. No sé si demasiados para las páginas que tiene este cuaderno, pero lo voy a empezar con la ilusión de cada año y la esperanza de que va a ser un período (con acento en la í, no confundir con el proceso femenino) único y engrandecedor.

     Voy a limpiar el acuario, seguiré fumando pero menos, buscaré tiempo para unas vacaciones de vez en cuando, aprenderé cuanto pueda con mis alumnos, me esforzaré en hacer mejor mis trabajos, intentaré poner en marcha mi nuevo proyecto, ordenaré mi mesa, charlaré más con mis amigos, veré más a mi familia... y, de vez en cuando, volveré a esta primera página para recordarme lo que pretendía.

     Pero, sobre todo, intentaré aprovechar cada día para ser un poco mejor y ofrecer algo a los demás.


     Bienvenido, nuevo año.



martes, 29 de diciembre de 2009

No te rindas



No te rindas, aún estás a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras,
enterrar tus miedos,
liberar el lastre,
retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros, 

y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda,
y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma
aún hay vida en tus sueños.

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo.
Porque lo has querido y porque te quiero.
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Abrir las puertas,
quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron,
vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa,
ensayar un canto,
bajar la guardia y extender las manos.

Desplegar las alas
e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños.
Porque cada día es un comienzo nuevo,
porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo, porque yo te quiero.


Mario Benedetti