Otro vuelo al amanecer, con el sol contorneando las palmas. En suaves giros buscó la nube que se esparcía como polvo de bellos sueños.
Así eran mis manos en la frialdad del aire, dibujando caricias, acariciando alientos, alentando ideas. Y, en el golpe duro de palabras despiadadas cayó su vuelo al nido de la melancolía.
Con el calor de la mañana asomó la paloma sus ajadas plumas y cruzó el espacio de halcones plagado.
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