viernes, 15 de febrero de 2013

Más allá de las rocas


Buscamos la libertad
y la llenamos de compromisos.

Buscamos el destino
y lo cargamos de presente.

Buscamos la felicidad
y la colmamos de pensamientos.

Si partiésemos de la nada
tendríamos espacio para
llenarlo de libertad,
cargarlo de destino
y colmarnos de felicidad.

El vacío del cielo
tiene espacio para nuestras alas
y horizonte para nuestro vuelo.

Lancémonos y dejemos 
que el viento nos dé en la cara,
que los sueños nos marquen el rumbo
hacia un final más allá de las rocas.


miércoles, 13 de febrero de 2013

Del blanco al negro


     Digan lo que digan y "hazan" lo que "hazan" todavía nos quedan unos cuantos avances para conseguir un nivel cultural aceptable. Y hablo de cultura, no de conocimientos (eso ya es otro cantar).
     Mientras no consideremos el teatro como cultura, más que como actividad de ocio, mal vamos. Pasamos del blanco al negro, calvos o con tres pelucas. La cuestión no es soltar inmensas cantidades de dinero para unos montajes donde todo el mundo (menos los actores) pilla cacho. Y así purgar las penas culturales con subvenciones millonarias a montajes que son más escaparate que cultura. La cuestión tampoco es dejar desamparado al teatro como mero objeto lúdico de consumo. Del blanco al negro.

      De tanto intentar acercar el teatro al público desconocedor hemos entrado en una mala costumbre. Muchos creen que es como los congelados o la Thermomix. Llévemelos a casa si quiere que lo compre. Raro, raro. El que quiere disfrutar del teatro lo hace. No imagino a nadie diciendo "¿cuándo me van a traer los cuadros de El Prado a casa para que los vea?" o "qué pena, no puedo ir a la biblioteca porque no abren los domingos". El que tiene intención ya se busca las mañas. Así que menos pose y más acción.

     Un pueblo que se cree culto sin serlo, cuando abre la boca se delata.  

martes, 12 de febrero de 2013

Ficción no es realidad


     Esta mañana un escalofrío me recorrió todo el cuerpo al escuchar por la radio unas secuencias del programa de televisión "Hermano mayor". Un individuo soltaba improperios contra su madre y su abuela e incluso las agredía (según narraban los locutores). Hasta ahí mi indignación se basaba en lo desalmados que pueden ser algunos tipejos. ¿Cómo se puede ser tan cruel con las personas que te están dando cariño? ¡Que son su madre y su abuela, por Dios!
     Pero cuando se me heló la sangre fue al escuchar ciertas expresiones del impresentable que me recordaban mucho a un personaje del que soy su voz y su adaptador al español: Stewie. El muchacho violento este soltaba cosas como "quiero ver a mi madre muerta", "la odio", "me gusta verla llorar". 
     Entonces sentí una especie de cargo de conciencia por si mi trabajo con el humor podía influir a descerebrados como este.
     ¿Es posible que no se den cuenta de que esto sólo es humor? ¿Es mi dibujo animado un reflejo de esta espantosa sociedad? ¿Cómo puede haber gente así en la vida real? 
     Y me ha dado miedo, miedo de poder ser una influencia a estos despojos de la sociedad.

     No obstante, después de recapacitarlo, he llegado a la conclusión de que ni yo, ni cualquier persona equilibrada, tenemos la culpa de que haya imbéciles que no sepan distinguir la ficción de la realidad.



sábado, 9 de febrero de 2013

Fluir, moverse y nutrirse


     Amo mi oficio y adoro mi profesión de doblaje, pero me siento un poco triste al ver que, cada día más, se apoderan de ella unas enfermedades que la están destruyendo. Unos de los errores que más daño nos pueden hacer son el endiosamiento y el egocentrismo.
     Tendríamos que ser conscientes de que no somos más que nadie. Querernos, sí, pero querernos lo suficiente como para no tener miedo de la competencia. El temor a que nos desbanquen no es sino una muestra del poco valor que nos damos. Abrirnos a otras posibilidades y no cerrar nuestras puertas a todo lo que viene de fuera para, de este modo, preservar nuestro "trono". 

     El arte necesita fluir, moverse, nutrirse en cada meandro. Lo contrario es estancarse y pudrirse sin nutrientes que mantengan viva esta fuente. Al dedicarnos a esto no firmamos un contrato de por vida, tenemos contratos diarios, y debemos esforzarnos cada día por superarnos. No es buen método eliminar cualquier posible rival.

     Bernarda Alba cerraba sus muros y ofrecía una magnífica fachada mientras el cataclismo iba forjándose entre las paredes de su casa.

     Sé que me pueden acusar de demagogia o de buscar el aplauso por este comentario, pero nada más lejos de mi intención. Simplemente es que tengo memoria. Yo he tenido que luchar día a día, contra viento y marea (y más cosas) y todavía sigo luchando. Nadie nació enseñado y a todos nos dieron la oportunidad de aprender, unos siguieron y otros no. Ley natural. 

viernes, 8 de febrero de 2013

En buena hora.


    Bendita la hora en la que decidí dejar de ir descalzo (como una especie de penitencia) y utilizar los zapatos que tenía guardados en el cajón. Más allá de adulaciones o denigraciones de mis capacidades. 

     Por fin hice caso a mi amigo que llevaba años diciéndomelo: "Sé consciente de quién eres y de dónde estás". Y lo hice. 
     Y empecé a moverme en un universo en el que encuentro satisfacciones cada día. Ni soy infalible, ni soy más que nadie, pero me siento más yo que nunca. Y todo fluye. 
     Encuentro capacidades en mí que tenía olvidadas, disfruto de cada momento sin preocuparme por qué pensarán o qué conseguiré con ello. Dejarse llevar. 
     Y siento la alegría de los triunfos y el aprendizaje de los fracasos. Gozando lo que de bueno tienen ambos, pero sin quedarme atrapado en ellos.

     Gracias a quienes me hacen disfrutar, a quienes me cogen de la mano cuando me ven temblar y a quienes ríen, se emocionan y se esfuerzan a mi lado.

     Bendita la hora. 

jueves, 7 de febrero de 2013

Un cuento


          No me cuentes qué te cuentan,
          cuéntame qué me cuentas tú.
          
          Cuántos cuentos cortan cuellos,
          cantan coplas que cuestionan a cuerdos.
          Cuantas cuentas del collar
          cuesta contar si se descuelgan.

          A fin de cuentas, esto son uvas contadas.

Tener y merecer


    Hay personas que tienen y personas que merecen. No siempre se cumplen los dos requisitos. Pero cuando ves a la gente avanzar con honestidad, sin pisar a nadie, piensas que en algún momento confluirán el merecer y el tener. 
     Por eso, quizá sea egoísmo, pero he descubierto que me produce una gran satisfacción ver a mis amigos triunfar. Egoísmo, sí, porque me gusta disfrutar a la vez que ellos del merecido reconocimiento. Es como conseguir un premio por cada uno de los amigos que lo consiguen. Y así son más que los propios que llegan... bueno, si es que llegan. Pero no me importa, porque tengo los de la gente que quiero.


miércoles, 6 de febrero de 2013

El rescoldo de la pasión


     En un rincón del mundo un corazón se despereza.
     Se calienta de lo vivido y busca calor entre la bruma de la mañana.
     Los rescoldos de la pasión mantienen vivo su fuego
     y el viento de las sombras aviva su llama
     hasta iluminar el camino del día.
     Un minuto más, un instante más de soledad
     para descubrir lo grande que es el mundo.

     Y saluda en silencio, 
     mientras espera que una sonrisa
     lo haga latir una vez más. 


martes, 5 de febrero de 2013

Para bien o para mal



     Pasé demasiado tiempo intentando agradar, preocupándome solo de servir a los demás, entregando sonrisas sin obtener respuesta... hasta que decidí vivir.
     Me di cuenta de que merecía la pena actuar según mi criterio. Para bien o para mal. Me di cuenta de que no tenía sentido comportarme como me decían los demás, porque las consecuencias siempre las iba a pagar yo. Y así, ahora tomo mis propias decisiones, porque son mías. Y acepto encantado todas las consecuencias. Para bien o para mal. 
     Hoy ha sido un día agotador. Pero lo doy por bien empleado por el reencuentro con compañeros y amigos que me recargan de energía y que me aceptan como soy. Y porque mis decisiones de hoy me han llevado a disfrutar cada instante de esta vida que he elegido vivir.

Hoy para desayunar...


     Hay dos tipos de felicidad: la tuya y la mía.
     Tratar de vivir mi felicidad no te llevará a nada, así como vivir yo tu felicidad no hará sino anularme.
     Pasamos tanto tiempo tratando de organizar la felicidad de los demás, que dejamos la nuestra olvidada, apagándose, y criando malas hierbas.
     Así que, hoy arrancaré el día viviendo mi felicidad, disfrutando de cada pequeño aliciente que pueda encontrar debajo de una mirada, una sonrisa, una palabra amable.
     Espero y deseo que tú también vivas tu propia felicidad, que seguro que te está esperando a la vuelta de cualquier esquina, o en una simple taza de café. Y, si la leche cortada te hace mal, no la tomes, sólo podría crearte angustia y vómitos.

     Buenos días

lunes, 4 de febrero de 2013

Del miedo, el cabo.


     El miedo, ese subrepticio compañero que se cuela por las venas de quienes no están seguros de sí mismos.
Aunque nunca lo reconocerán, la repulsión que algunos tienen a cuanto les pueda hacer sombra nace de la propia duda de su valía.
     Por eso yo nunca me he considerado gran cosa, y tengo que ganarme MI confianza día a día. De lo más bajo partí y sé lo que es conseguir paso a paso con esfuerzo lo poco que he conseguido. Y así seguiré día a día, sin acostumbrarme pero sin dejar de luchar por cada objetivo. Por pequeño que sea. 
     Nunca me regalaron nada y nunca firmé un contrato de por vida.
     A por otro reto más.

domingo, 3 de febrero de 2013

Hay cosas que no me cuadran.


     Mientras estudio un texto que habla sobre la comprensión humana, me planteo: ¡Qué fácil es aprenderse la teoría y qué difícil llevarla a la práctica cuando no aparece en el manual!
     Perdonamos globalidades como parte de una bienquista imagen social, pero somos incapaces de ponernos en la piel de quien tenemos al lado. Disculpamos la mordedura de un perro por aquello de "el pobre reacciona por instinto", pero odiamos al vecino que se despistó y no nos saludó un día. 
     Hablamos de comprensión y nos empeñamos en decirles a los demás cómo deben actuar censurándoles lo que no entra en nuestros cánones.
    Qué fácil sería si nos pusiésemos verdaderamente en el lugar del otro.

     Buenas noches.

Del día a día.


     Siempre me planteé este blog para artículos elaborados que no tuviesen caducidad, pero en vista de que, últimamente, cada cuestión que se me plantea termino viéndola perecedera, vuelvo a escribir en él con el espíritu de la cotidianeidad y la fugacidad de un comentario al aire.

     Espero ser más asiduo a esta nueva terraza abierta al público y donde podemos saborear cada sorbo del licor que nos sirva la vida.


sábado, 27 de octubre de 2012

¡Empieza la función!



   Te pasas media la vida intentando demostrar que sabes hacer algo y, de pronto, descubres que es una pérdida de tiempo. Da igual lo que sepas hacer; siempre te va a pillar con el “paso cambiado”. 
     
   Y rectificas, cambias el paso, esperando adaptarte al paso común. Hasta que te das cuenta de que eso sólo frena tu caminar. Además no tiene sentido perder el tiempo justificando tus éxitos o tus fracasos. Sólo tú tienes el secreto de cómo hacer las cosas. 
 Entonces decides seguir tu ritmo, no aceptar imposiciones ni que muevan tus hilos. Y te conviertes en asocial. Sí, puede ser. O quizá es que has decidido comer sólo lo que te apetece. Ya no hay ritmos que seguir ni pautas que obedecer. 

   Piensas que nadie sigue tu compás, y no es cierto. Lo siguen los mismos que lo han seguido siempre, los que caminan a tu lado y no fuerzan tus pisadas. 
   Es cuando observas el lastre que has soltado, y, ligero de carga, ves como el horizonte se acerca sin esfuerzos extremos. 

   Es difícil pensar en uno mismo cuando has dedicado tanto tiempo en pensar principalmente en los demás. Pero, de tanto hacerlo, has dejado olvidado a tu “yo”. Así que, la única cura es hacerte el mejor regalo: el de tu propia vida. Dejar de poner en riesgo tu propio papel para servir el texto a los demás. 

   ¡Que suba el telón y protagonicemos nuestra propia función! 




domingo, 26 de agosto de 2012

Yo quiero tener un millón de amigos...


     No sé si Roberto Carlos pertenecerá a alguna red social. Pero podría estar en su salsa. Allí sí que puede tener un millón de amigos. Porque ese parece ser el principal interés de algunos de los que se apuntan a las redes: darle al “me gusta”, solicitar, retwittear, seguir y que le sigan. El obsesivo deseo de formar parte de un entramado de cientos de congéneres y sentir que somos amigos de todos ellos. 

     Los que somos de pueblo sabemos que esto no es nuevo. Las señoras que se sentaban “al fresco” por las tardes/noches y los señores que se sentaban “a la sombra” durante el día, ya creaban su red social. Antes sacaban sus sillitas a la calle y ahora se enciende el ordenador o el móvil. En pequeños grupúsculos que se interrelacionaban con el gran entramado que circulaba a su alrededor. Y cuanto más céntrica fuese la atalaya, más amplio era el alcance de su actividad. “¡Adiós, don Venancio!” emitían al paso del susodicho para, sin solución de continuidad, girar la cabeza a sus adyacentes y susurrar “¿Qué se habrá creído? Míralo, qué aires se da.” 

     Y allí salían todos los trapitos al sol y a la luna. Se hablaba de todo y de todos, mientras cada cual alardeaba de sus conquistas y su envidiable forma de vivir. Aun sabiendo que, en cuanto abandonase la tertulia, sería carnaza de alguno de los que tenía al lado. Cada cual se encargaba de soltar su perorata, unas más sinceras y otras más para crear su buena imagen. Los progresos de su hija en la universidad, el vestidito para la boda, el burro último modelo comprado en la feria... 

     Los botones de “me gusta” eran sus cabezas, que asentían en clara prueba de aceptación o permanecían inmóviles para expresar “me la trae al pairo” (más discreto, pero no menos revelador).
     Los había activos, que participaban, aunque no todas fueran intervenciones sinceras, sino un efecto de cara a la galería. Y los había pasivos, que escuchaban, observaban y poco aportaban al diálogo más que el acopio de información para ofrecerla en pescaderías, bares y saloncitos de casa. 
     Lo peor es que, esos que sólo iban a fagocitar información de los otros, estaban bastante preocupados de que pudieran ser excluidos del grupo de contertulios. 

     Por eso todos guardan las formas, son ejemplares y sienten la necesidad de formar parte de la lista de amigos de muchos amigos para destacar la gran cantidad de amistades de la que son amigos aunque con alguno su amistad no haya pasado del “hola, buenos días”. Así, de tanto abusar de la palabra, amigos toma un valor tan superficial que deja de tener valor. 

     No creo que Roberto Carlos se refiriese a un sentido tan frívolo, pero le tomamos la palabra y, ahora, quien no tiene un perfil de Facebook o de Twitter, no es nadie. 

     Me gustan las redes sociales, sí, pero como medio de comunicación entre las gentes. Y hay personas que las utilizan así. Pero me parece que las desperdiciamos cuando las convertimos en corrillos de porteras. 


domingo, 17 de junio de 2012

DeLaNada contra viento y marea

     
     Cuando, hace unos meses hablé del estreno de “Los últimos días de Alejandro”, lo hacía con la emoción del momento en el que el barco, tras haber sido diseñado, construido y pintado, es botado y comprobamos que, no sólo flotaba, sino que lo hacía con elegancia y con total seguridad. 

     Algunos meses han pasado de esa botadura y puedo asegurar que el viaje está siendo toda una aventura llena de grandes sensaciones. En primer lugar destacaré la valía de todos los componentes de esta tripulación. Unos iniciaron la singladura, otros se bajaron en algún puerto, otros se enrolaron en naves compañeras, y otros subieron durante la travesía. Pero todos han dado muestras de gran respeto por esta nao que se llama DeLaNada. Y ya han sido unos cuantos puertos en los que hemos fondeado. 
     Por mi parte, como dijo Antonio Machado “he andado muchos caminos, he abierto muchas veredas, he navegado en cien mares y atracado en cien riberas”, siento que esta aventura es hermosa como pocas y la última de nuestras singladuras ha sido una auténtica prueba de valía de este equipo humano. 

     DeLaNada teatro viajó a conquistar Granada con todas las dificultades imaginables. Y, como un equipo totalmente entregado, todos tomaron sus puestos sin perder la calma, sin amedrentarse y con la buena actitud que sólo los valientes tienen. Buen humor y entrega en todo momento. Capeamos el temporal y salimos victoriosos de tan temible tormenta. 

     Todos echamos de menos a Álvaro, Miguel y Gabriel, y sentimos la enfermedad de Borja que, en el último momento, le impidió estar con nosotros. Pero había que seguir, el espectáculo debía continuar, así que era hora de ponerse manos a la obra. 

     Fue fantástico ver la disposición de David Paredes y Álvaro Ramos cuando les propuse aprenderse sendos papeles durante el viaje para hacer la sustitución esa misma tarde. Furgoneta sala de ensayo
     Magnífico el coraje de Álvaro cuando, cinco minutos antes de empezar, se quitó el pinganillo que tenía preparado por si se le iba el texto y dijo “prefiero no llevar esto, vamos a por todas”: Coraje de actor
     Magnífico David Paredes que atendió mi petición sin rechistar y se aprendió el nuevo papel que defendió con ganas: Disciplina de actor
     Magnífico Javi supliéndome a mi, tras una carrera desde la cabina de luces, y haciendo un Diógenes único del que me sentí muy orgulloso: Actor sin trabas
     Sin olvidar su buena actitud cuando nos dimos cuenta de que nos faltaba el foco para un efecto: Solución de artista
     Magnífica Noe que, ante la falta de un soporte para las lanzas, salió a la calle, buscó una caja y preparó un soporte que ríete tu de Macgyver: Entrega de compañera
     Magníficos Alberto, Rubén y alguno más que, ante la falta de escudo, idearon un elemento escenográfico que dio hasta para unas risas cuando comentamos que podíamos hacer un espantapájaros: Arranque de genialidad
     Magnífica Virginia, que apareció por allí para ver la función y acabó de taquillera: Generosidad de amiga
     Magnífico Pedro, que vino a ver actuar a su hijo y estuvo atento en todo momento a lo que nos hiciera falta: Apoyo impagable.
     Magnífico Chema Cabello porque vino a ofrecernos su ayuda y vibró con el público, por si no era suficiente con ser el autor de "Los últimos días de Alejandro": Ánimo incondicional

     Y magníficos todos y cada uno, Marta, Jos, Zoraida, David Alonso, Dani y Raúl, porque no perdieron la amabilidad ni el buen humor en ningún instante: LEALTAD Y COMPAÑERISMO. 

     No hablaré del personal del Teatro Zaidín porque sólo puedo decir que hicieron su servicio escrupulosamente, o sea con todos los escrúpulos posibles. Prefiero hablar de lo positivo. 

     Sé que me ha salido un post muy serio, pero no se me ocurría otra manera de agradecer a este magnífico equipo que es DeLaNada Teatro. Aparte de unos grandes artistas, doy fe de que son unos extraordinarios seres humanos.

     Sois muy grandes y estoy orgulloso de dirigiros.






domingo, 20 de mayo de 2012

¿Alguna vez te has disfrazado de Spiderman?




     Parece que las premoniciones existen. Cuando, hace unos días, escribía una frase en el desfogante muro de Facebook, no imaginaba yo que iba a tener una prueba de ello tan evidente y tan pronto. Yo decía “la genialidad del actor es hacer que el personaje reviva cada día, que no se muera disecado en su propia complacencia”
     Y esto es lo que vi ayer en “Teoría y práctica sobre los principios mecánicos del sexo”. Unos actores y actrices (qué lata esto de tener que separar los sexos), haciendo tan real y tan fresco un texto que daba la impresión de no haber texto. 

     El público reunido en el Garaje Lumière se convirtió en voyeur (y conste que utilizo esta palabra francesa en honor a los Lumière) de la vida de unos seres poco alejados de cualquiera de nosotros. La mentira y los secretos forman parte de nuestra vida. Y quien lo niegue cae en la peor mentira que se puede decir: la mentira a uno mismo. Una divertida historia que no se queda en la superficialidad; donde puedes observar que lo que se dice no tiene por qué corresponder con lo que se hace.

     Impresionante la difícil sencillez con que el autor y director Miguel Ángel Cárcano crea un texto al que no se le ven los andamios. Esa humildad para no hacer lucimiento de su técnica, cuando sin duda la hay, porque de otro modo la historia no puede desarrollarse con esa composición tan meticulosa de cada uno de los personajes. La infidelidad de Daniel con su pareja contrasta con la fidelidad que le tiene a su amigo Carlos. O la sorprendente dualidad moral de Marta oculta tras su femenina intuición y sus elaboradas sospechas. O la compulsiva infidelidad de Carlos a quien le razona mejor su bragueta que su cerebro; un ser básico, sin maldad pero con poco de maquiavélico. Incluso Virginia, a quien su ética le censura hacer lo que su instinto le pide a gritos, no es ajena a esta impura honradez.

     En este caldo de sabores sin sabor y desahogo de represiones se mueve la obra. Y nuestra cabeza se golpea entre la risa (o carcajadas en algunos momentos) y el autoanálisis vergonzoso de nuestra propia moral. Con esta obra tienes la sensación de ver desnudos a los personajes en todo momento, porque sus actos y sus palabras delatan la mayor de las intimidades, la de sus almas. 

    Y, puesto que fue mi amigo Juan Vinuesa quien me animó para ir a verlos, no puedo reprimirme la necesidad de decir cuánto lo admiro. Hace una creación única en el rol de Carlos, tierno y comprensible a pesar de que su actitud no sea un dechado de prudencia. O ese reproche que tanto hiere a su personaje: "falta de madurez". Con esa vis cómica mezclada con la "mala follá granaina". Una muestra de cómo se construye un personaje con sus luces y sus sombras. No por ello dejo atrás la labor de los otros actores, que disfrutan y se crecen en escena hasta hacernos olvidar que están interpretando un papel. 

     No contaré el final, pero sí diré que me pareció un canto al “vive y deja vivir”, donde cada cual tiene que apechugar con sus fantasmas y sus telarañas para disfrutar de esta vida que no tiene vuelta atrás. 

     Porque, ¿quién no se ha disfrazado alguna vez de Spiderman?




martes, 17 de abril de 2012

Teatro de niños

 
     En ocasiones cierro los ojos e intento visualizar aquella primera incursión en el universo de la interpretación. Temprana, muy temprana fue mi llegada al mundo del teatro. Siete años de un niño que ya formó su propia compañía. Duró poco, desde luego, pero ya fue un apunte de lo que luego sería mi vida. Después el tiempo se encargaría de cambiar mi rumbo y, como la cabra tira al monte, pasados unos años volví a mi idea, esta vez mejor armado, sin duda, porque me ha durado hasta hoy.
     Me gustaría recordar el nombre de la obra que intentamos poner en marcha con aquel grupo de niños-actores. Lo que sí recuerdo es que había un sofá (hecho con cajones y una manta), una mesa, un mantel y una escena en la que yo me tenía que enfadar mucho. Sí, el mantel y el enfado son detalles importantes, porque fueron los detonantes de la disolución de la compañía. En pleno ensayo y haciendo gala de una enérgica actuación, tiré del mantel para hacer caer los vasos y platos que había sobre la mesa. Con tan mala suerte que el mantel rajó y el enfado de la actriz-escenógrafa que había prestado ese elemento del atrezzo nos llevó a una bronca que acabó con el proyecto. 

     Cierto es que aquello era un teatro muy infantil, pero la imaginación es el don natural de los niños y nosotros teníamos varios cestos llenos. Y como infantil es igual a pequeño, también era pequeño nuestro local para las representaciones: el patio de mi casa con las sillas que traían los espectadores bastaba. 

     Nuestro sistema de promoción no era gran cosa, pero cumplía su cometido. Para publicitar las funciones hacíamos un cucurucho de cartón a modo de megáfono y paseábamos a pie y grito por las calles del pueblo que por entonces tenía unos mil habitantes. 
     Iluminación ninguna, las funciones se hacían en horario solar. Y en cuanto a atrezzo, cualquier cosa encontrada en un desván servía. Hasta una pintura que años después un tasador descubrió que tenía un valor millonario por ser la obra de un pintor muy antiguo y prestigioso. No sé decir quién era el autor porque la noticia me llegó muy filtrada bastantes años después y ya se sabe lo que pasa con el “me han dicho que le han dicho a fulanito que menganito se ha enterado”. 

     En fin, que sin añorar aquellos incipientes inicios, me alegro de haber tenido que echar mano de tanto ingenio para hacer cosas que ahora, en muchos casos, me las dan hechas.



domingo, 8 de abril de 2012

La experiencia de lo que falta


     Después de un año sin publicar ningún artículo, creo que ya va siendo hora de volver a la carga. 
     No ha sido por falta de ganas, pero algunas pérdidas de compañeros me tentaban a escribir sobre ellos y no quería convertir el blog en un panegírico de seres queridos desaparecidos. Ni quería que fuera un muro de opiniones políticas por la situación que nos está tocando vivir. Así que, centrándonos en lo estrictamente teatral, abro esta nueva etapa con una reflexión sobre mi trayectoria como actor.

     Cuando, hace más de treinta años, decidí ser actor era un joven cargado de miedos y de ilusiones. Ahora dicen que soy un “actor con experiencia”. ¿Qué es la experiencia? Muchos creen que tener experiencia es saberlo todo o casi todo. Yo pienso que es haber librado muchas batallas y adquirido algún conocimiento, pero también tomar conciencia de que hay mucho por aprender. 
     Y cuando te vas curtiendo en estas lides, cambias el miedo por la responsabilidad, que quizá sea otro tipo de miedo. Todavía me tiemblan las piernas y siento el rápido palpitar del corazón cada vez que se encienden los focos de escena o la sala de doblaje se queda en silencio para que mi voz lo rompa, o el director dice aquello de “¡acción!”. 

     Como me dijo una vez una admiradísima y veterana compañera cuando le comenté que me ponía muy nervioso: “el día que dejes de sentir esos nervios, retírate, estás acabado”. Y creo que aún puedo seguir, porque esos nervios no se me han pasado. Cierto es que he aprendido a dominarlos para que no se apoderen de mí, pero sigo sintiéndolos. Quizá eso sea lo más destacable de lo que te da la experiencia. 
     Al igual que los reconocimientos. Parece que un reconocimiento es la posibilidad de tumbarte a recoger los frutos. Pero no es así, la cosecha hay que seguir cuidándola. Ya me comentó otra gran actriz que fue presidenta de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España (nombre largo donde los haya): “los premios pueden ser muy peligrosos, porque los demás piensan que ya eres inaccesible y tu puedes dormirte mirando tu reflejo en el trofeo”. 

     Así que, con bagaje o sin él, yo sigo siendo el (ya no tan joven) de mis comienzos pero que es consciente de todo lo que le queda por hacer.


sábado, 30 de abril de 2011

Sé valiente, "No tengas miedo"



     Cuando hace unos años, una jovencita encantadora dio un ejemplo de lealtad y coraje al negarse a trabajar en cierto proyecto si despedían a su director, la emoción hizo que mi alma se encogiese y creyese un poco más en el ser humano y en los amigos. El pasado jueves, al ver a esa misma joven brillar por derecho en la pantalla de un cine, el alma se me volvió a encoger y creo más en la autenticidad y la genialidad interpretativa. Esa joven de ojos azules que muestran un universo de vida es Michelle Jenner, y aquel humilde director soy yo.
     Llevo dos días pensando en esta entrada del blog y me debatía entre hacer un comentario sobre la película "No tengas miedo" como espectador o sobre las emociones que ha provocado en mí como persona. Intentaré ser equitativo en ambas sensaciones.
     Para mí la película es un pedazo de vida extraída tal cual, sin adornos ni fuegos artificiales. He leído en alguna crítica que la cámara camina a la altura del personaje para hacernos ver la vida como la ve Silvia, la protagonista, y reconozco que no fui consciente de este detalle técnico, pero sin duda debió de ser algo por lo que me tuvo pegado al asiento los 90 minutos de proyección. Pero lo que sí pude apreciar era el viaje por un torrente de momentos de conversaciones truncadas, de frases inacabadas (como la vida misma) que nos llevan al dolor y a la incomprensión. Las dudas y los miedos continuos de Silvia y de sus padres nos muestran una relación de medias palabras, donde la única salida es aceptar y mirar al miedo de frente.
     Michelle hace un trabajo interpretativo tan profundo, tan de dentro, que es difícil mirarlo sin que se te encoja el estómago. Sin artificios, sin momentos efectistas de lágrima fácil. Con la contención que hace que te sientas dentro de la narración más que pensar en el trabajo actoral de los protagonistas. Aquí tengo que recalcar la extraordinaria generosidad de Belén Rueda y Lluis Homar que ponen su profesionalidad al servicio de una historia, o más bien de un testimonio, sin buscar su lucimiento.
     Genial el duelo interpretativo de Belén y Michelle en la cafetería, con sus miradas perdidas, sus frases inconclusas, sus pausas llenas de significado. Esto no se calcula, esto se siente y se ama o no surgen momentos así. Y, por destacar otro momento, como actor me impactó la conversación con su amiga Maite donde le pregunta "¿mi padre ha abusado de tí?". La respuesta de Nuria Gago (Maite) no puede ser más visceral; todo un ejemplo de lo que es actuar de verdad, desde las tripas.
     Cada uno de los actores que interviene en esta película aporta un trabajo tan digno que podríamos desgranar cada descubrimiento como parte primordial de un conjunto perfecto.
     En cuanto a Michelle, te hace vivir cada emoción en una íntima relación que no parece estar en la pantalla, sino ser una persona de carne y hueso que tienes a tu lado. Y que te hace sentir la extraña sensación, cuando acaba la película, de que más que una película, has visto la vida. Arriesgada apuesta de Montxo Armendáriz y que agradezco mucho porque le da al cine otra dimensión.
     Por eso salí de la sala en una especie de aturdimiento en el que mi mente se planteaba un sinfín de cuestiones. Y que sólo se desvaneció cuando, entre las cabezas de todo el mundo, vi aparecer a Michelle y gritarme "¡Guti!". En aquel momento, volví a la realidad, y comprobé que mi adorada Michelle estaba allí y lo que había visto era una magistral interpretación y una imprescindible película.
     Luego vino el reencuentro con los papás; Miguel Ángel Jenner, que es para mí, más que un amigo, mi ángel, y Martina que lleva su amor al límite de permanecer una hora de pie a pesar de su reciente operación. 
     Ver triunfar a un amigo es tan gratificante como triunfar uno mismo, porque ver feliz a un amigo te alimenta el corazón como pocas cosas.
     Bonita noche que me da energías para seguir creyendo en mi profesión y que guardaré entre mis más bellos recuerdos. Y con una frase que resuena en mi cabeza: "No tengas miedo".

viernes, 11 de marzo de 2011

"Los últimos días de Alejandro"


    Nuestra mente es un mundo lleno de fantasmas y pensamientos más o menos tangibles. Y, en esta amalgama de ideas, debes seleccionar las simples locuras pasajeras de los auténticos conceptos factibles.
     Cuando, hace ahora un año, tenía la última conversación con mi añorado amigo Jorge Aguado, no tenía muy claro si el proyecto podría realizarse. Y mi querido compañero me animaba a embarcarme en esta aventura, diciéndome que él sería el primer espectador en el patio de butacas. Desgraciadamente, Jorge no estará allí físicamente, pero nos acompañará su espíritu y su recuerdo. En aquel momento yo acababa de terminar una relación artística algo tortuosa y mi sesera se debatía entre el "quiero" y el "debo". Por suerte hice caso al "quiero" y al apoyo de mis compañeros y me animé a iniciar el proyecto.

     Al cabo de unos meses, junto a mis admirados compañeros que han sido un ejemplo de ánimo e ilusión, nos encontramos preparando lo que estamos a punto de estrenar.
     No sé si la intuición de Julián Salas, uno de los autores de la obra, cuando me pasó el texto sin conocernos siquiera, ha sido la más acertada (nótese la chanza). Pero lo que está claro es que, al que suscribe y a su grupo de acólitos nos ha dado, y seguro que nos dará, muy gratificantes momentos.

     El proceso creativo de "Los últimos días de Alejandro" ha sido un placer plagado de grandes descubrimientos y luchas de superación como pocas cosas en la vida nos pueden dar. Admiro la lealtad de todos los que se han puesto a mis órdenes, aún sabiendo que en ocasiones puedo resultar difícil de entender. Todos y cada uno de ellos han puesto todo su saber al servicio de este proyecto. Desde Beteta, al que echamos de menos y sé que pronto volverá a incorporarse, hasta el último de los llegados.

     Me gustaría hacer una relación de cada uno de ellos, pero este escrito se alargaría hasta hacerse eterno. Así que me limitaré a darles las gracias, como lo haría de uno en uno, y desearles que disfruten su trabajo hasta llegar a tocar el cielo.
     Gracias por tener dudas, gracias por vuestras miradas perdidas en busca de esa inspiración que parecía no llegar, gracias por dar brillo al opaco mundo, gracias por vuestras risas que destruyen mi rigidez, gracias por vuestros miedos a no estar a la altura, gracias por estar celosos de que os preste atención, gracias por preguntar, gracias por ponérmelo difícil cuando no veíais claras mis decisiones, gracias por apreciar el trabajo de vuestros compañeros, gracias por apoyaros entre vosotros, gracias por conseguir estremecerme hasta el punto de tener que ocultar alguna lágrima furtiva.

     Quedan pocas horas para que nuestro trabajo se presente al público, y lo único que se me ocurre es deciros lo que os dije en el último ensayo "vaciaos de toda vuestra carga, jugad, haced vuestros los personajes y vivid la magia del escenario".

     Alejandro cabalga en pos de grandes conquistas.


sábado, 15 de enero de 2011

"Te prohibo que me obligues"



     Este es el argumento que están utilizando últimamente nuestros políticos y "salvadores de almas". Parece que algunos obligamos a otros con nuestras costumbres. Tan incongruente como el luchar contra una dictadura imponiendo otra. Y no se me asusten con la comparación, pero el fundamento es muy parecido: limitar libertades individuales y controlar al vulgo en pro de un, tramposamente llamado, bien común.

     Se nos prohíbe aparcar cada vez en más sitios sin antes pagar una cuota; cuando el impuesto de circulación es justamente eso, un impuesto que se abona por el espacio que el vehículo utiliza de la vía pública. ¿Sólo sirve para cuando está en marcha? (Y cada vez menos, con las carreteras de peaje).

     Se prohíben las corridas de toros en defensa del rumiante. ¿Alguien le ha preguntado al astado? ¿Alguien se ha planteado realmente las consecuencias ecológicas, sociales e incluso laborales de esta decisión? Por poner un ejemplo, las dehesas donde se crían los toros de lidia forman un rico ecosistema donde conviven vegetación, y animales que no sería posible sin el sustento económico que esta industria les aporta. Prueben a eliminar las águilas para defender a las gallinas que habitan pacíficamente en la granja; verán cómo el problema pasa a ser la proliferación de ratones.

     Se nos prohíbe fumar en defensa de los fumadores pasivos e incluso de nosotros mismos. Nosotros mismos ya somos mayorcitos y sabemos lo que hacemos. Y a los fumadores pasivos hay otra forma de defenderles que no pase por coartar las libertades de otros. Por otra parte, ¿sólo hay fumadores pasivos? ¿Y qué hay de los borrachos pasivos, o los "dueñosdeperros" pasivos o los enfermos pasivos, o los malos conductores pasivos? A mi me molesta que un tipo o una tipa apestando a alcohol me dé la brasa. Me tengo que aguantar cuando piso una de las innumerables cacas de cánido. Me juego el tipo cuando un enfermo me exhala sus virus a escasos centímetros en el metro, y expongo mi la vida en la carretera por culpa de algún conductor inconsciente no tiene en cuenta que otros también utilizamos la vía pública. Pero en este caso es preferible cobrar por un exceso de velocidad que reprender por un uso inadecuado de los carriles viales.

     Se nos eliminan letras que son nuestras, e incluso se están planteando suprimir la ñ porque no aparece en los teclados ingleses. ¿Dónde vamos a vivir, en Espana? ¿Nos vamos a felicitar el ano nuevo? (Esto tiene su lógica, por todo lo que nos dan por él). ¿Cómo diferenciaremos el sexo femenino de la figura geométrica? ¡Que no, cono, que no!

     Y ahora, amén de cientos de prohibiciones más que surgen cada día, se plantean prohibir el doblaje de películas. En defensa de no sé qué cultura que debe de ser más importante que la propia. Se achaca el desconocimiento de idiomas a la costumbre de ver películas dobladas, se acusa al doblaje de desvirtuar la obra original, se culpa al doblaje de la mala marcha del cine español (¿o será espanol?), se tilda al doblaje de invento franquista... Vayamos por partes y lo más brevemente posible:
-El desconocimiento de idiomas sólo es el resultado de un mal sistema educativo. Y no olvidemos que hay muchos más idiomas que el inglés. ¿Aprenderemos cantonés o kazajo?
-El cine es un arte que "desvirtúa" el sonido real, la iluminación real, la personalidad del intérprete, e incluso el guión original, para conseguir un producto digerible y atractivo para que el público pague su entrada y disfrute de él. ¿Es menos desvirtuación impostar unas letras bailarinas sobre una imagen perfectamente estudiada por el director?
-Si el cine español va mal, dejen de mirarse el ombligo y reconozcan las auténcias causas. ¿Si una tienda va mal, hay que cerrar todas las que están a su alrededor? Quizá es que no tenga unos productos que interesen a sus potenciales clientes.
-En cuanto a lo del invento franquista, sólo tiene un argumento: Es MENTIRA. Si el régimen lo utilizó como arma de censura es otro cantar, pero ese no es el propósito para el que se inventó el doblaje. La televisión, la radio y los libros también sufrieron la censura y nadie se plantea que fuesen inventos franquistas.

     Así que, ni yo quiero obligar a nada, ni quiero que me prohíban más.

jueves, 6 de enero de 2011

El pozo de la sabiduría


     Ya podríamos buscar por los parajes más lejanos y recónditos, que difícilmente encontraríamos unos exponentes más claros de ello que algunas personas que tenemos muy cerca de nosotros. "Viejos" les dicen. Yo los llamo "mayores", porque así es su saber: mayor.

     Esta sociedad de las prisas, la innovación y el cambio parece relegarlos a meros objetos de coleccionismo. Su antigüedad los incapacita para su uso y, a lo sumo, los exponen en vitrinas como retazos del pasado. Nuestros mayores no son personas de otro tiempo, son maestros del presente, y si supiésemos escuchar sus enseñanzas disfrutaríamos del valioso tesoro que nos ofrecen.

     Hace unos días, trabajando con uno de esos veteranos de mi profesión, se me abrían las carnes al oírle decir "perdóname, Eduardo, soy muy lento y te estoy retrasando".¡No, maestro, no! Tu haces tu trabajo como debes. Soy yo quien debe estar agradecido y me siento honrado de trabajar a tu lado.
     No es justo hacerles sentir incompetentes para un trabajo por el que han entregado la mayor parte de su vida. Ellos son los que tienen el conocimiento y es el método actual el que debe adaptarse a ellos para que sigan aportando su experiencia y su saber. Respeto, sí, y mucho, por estas personas que han hecho grande mi profesión. Y es inmoral postergarlos. Siempre que ellos lo deseen, puesto que el descanso se lo han merecido, debemos hacer que el nuevo sistema de trabajo los admita no como uno más, sino como lo que son: instituciones vivas. Los madrugones, las prisas, las exigencias, las incomodidades, y demás, que se queden para los demás. Pero ellos merecen un mínimo de consideración.

     Sigo abriéndoles las puertas, cediéndoles el asiento, doy las gracias cada día por poder contar con ellos y les tengo un respeto reverencial por todo lo que nos aportan, como personas válidas, como profesionales irrepetibles, como POZO DE SABIDURÍA.


sábado, 25 de diciembre de 2010

La dulce caricia de la eternidad

     Todo lo relacionado con la muerte suele adquirir tintes difuminados de vacío y soledad, pero cuando la relación se une a la muerte de un artista del doblaje, la cosa cambia o, al menos, así me lo parece. Los primeros fríos de otoño se han llevado a Antonio de Vicente y Salvador Arias, dos históricos profesionales del mundo del doblaje. Para conocer su historial artístico les remito a la página de Internet http://www.eldoblaje.com, en la que podrán satisfacer su curiosidad sobre la trayectoria de estos dos fantásticos personajes, pero, a modo de avance, les diré que Antonio dobló a Din Don, el simpático reloj de La Bella y la Bestia, y que Salvador, además de ser el pionero en lo que a escuelas de doblaje se refiere, dirigió el doblaje de Ciudadano Kane, siendo felicitado por el mismísimo Orson Welles. Hechas las presentaciones, permítanme compartir con ustedes la curiosa teoría que he desarrollado sobre la vida, la muerte y el atril de la sala de doblaje. 

     Los constantes avances en el apartado técnico permiten registrar el sonido de los diálogos interpretados en el atril, y capturar el gráfico de la onda sonora, una especie de raspa de pescado. En el dibujo trazado de esa onda se localizan fácilmente los picos de la intensidad del volumen emitido; se pueden cortar respiraciones; se puede variar la velocidad; y se puede cazar una silaba o una letra, copiarla, y añadírsela a otra palabra. En definitiva, se pueden hacer maravillas con un archivo de sonido, pero lo que aun no se ha localizado en ese gráfico es la simple y sincera emoción. 

     En el atril de una sala de doblaje nos manejamos básicamente con emociones, emociones que rescatamos de nuestras vidas y las incorporamos a la intensidad de la frase dicha por el personaje de la pantalla, dentro de una trama compleja de ritmos que logran que el espectador reciba la sensación de sobrecogerse, de emocionarse, de reír o de llorar. En el atril, fundidas con las frases, depositamos pequeñas porciones de vida, sutiles cargas de vida que rescatamos de nuestros recuerdos y nuestras más intimas intenciones. Las emitimos, se graban, y, al ser escuchadas, producen el efecto del chispazo vital. La emoción queda por tanto registrada, pero se mantiene invisible, de momento, para la ciencia informática. Y eso ocurre cuando escuchas el doblaje de un actor que ya se ha ido. Escuchas sus diálogos y compruebas que esos chispazos vitales continúan estando ahí, produciéndote el mismo escalofrío de la dulce caricia de la eternidad. Un tono que nos estremece porque simplemente, tiene vida. Una inflexión que nos conecta con la emoción y nos hace sentir vivos. Por eso, entre los locos que jugamos a las películas en un atril de una sala de doblaje, sabemos que cuando uno de los nuestros se va, la distancia emocional es menor, porque gracias a esas pequeñas porciones de vida que han quedado grabadas en la onda de sonido, seguimos estando ahí, y, si nos vamos, nunca nos hemos ido del todo.


Salvador Aldeguer 
(Artículo publicado en "La voz del Tajo")


sábado, 11 de septiembre de 2010

Asamblea de grafemas


     Ha sido una asamblea memorable.  Paso a relatarles lo que allí se vivió. 

     Se quejaban la ¡ y la ¿ de que estaban perdiendo su puesto de trabajo. Sus primas, la ! y la ? seguían con su empleo, pero las del puntito arriba sentían que las habían relegado. Y veían cómo, día a día, cada vez se prescindía más de ellas en frases como "Vienes a merendar?"  o "Jonathan, ven aquí!"  y todo tipo de exclamaciones y preguntas. 
     Por su parte, las mayúsculas protestaban del respeto que se había perdido hacia las letras mayores, que no se les tenía en cuenta y que se las mandaba al asilo como algo inservible. Y de la pensión ni hablamos, porque como son las que menos han trabajado tienen poca cotización. Por otro lado, si ya las utilizan pocas veces, son casi inexistentes las ocasiones en las que les dejan ponerse el acento. ¿Es que una mayúscula no tiene derecho a vestir peineta si lo requiere la ocasión? A lo que el acento apuntilló que él era el primer perjudicado, porque pocos lo tenían en cuenta, como si él no hubiese contribuido en innumerables ocasiones a la comprensión y el entendimiento entre palabras. Algunas letras le "tildaron" de "puntilloso" y "machacón" e incluso de querer destacar. En ese momento, se reclinó hacia atrás y dijo que tendría que irse a trabajar a otro país como "acento grave".

     La c le decía a la k que no fuera egoísta e hiciese su labor y que no le quitase a ella sus atribuciones. La k se hacía la sueka, lo que enfureció aún más a la c que le dijo en un grito "¡¡Devuélveme la palabra sueca!!". El signo ¡, suspicaz como estaba ante estos detalles de menosprecio, se unió en duplicado a la letra c, como habréis podido observar. 

     Entonces aparecieron la a, la o y la e y rodearon al signo @ para decirle (apoyados por la ninguneada ¿) "¿cómo te atreves a suplantarnos? ¿no te das cuenta de que tú sola cubres los puestos de trabajo de nosotras tres? ¿eh? ¿ah? ¿oh?"   La @ se arrobarizó, que es la forma que tienen éstas de ruborizarse, y prometió intentar dedicarse a lo suyo que era el servicio postal. Por algo había aprobado unas oposiciones al cuerpo de correos. 
     A todo esto, la preposición a se lamentaba de que la considerasen una inválida, porque cada vez que salía con el verbo "ver" le colocaban una silla detrás, como si ella necesitase descansar. Le irritaba que le colocasen el asiento en frases como "ha ver, dígame usted"

     La d también tenía sus quejas, porque a ella no le importaba ir al final de las palabras, lo que le molestaba es que al pronunciarla la confundiesen con la marca del Zorro para decir "verdaz", "calidaz" o "sociedaz". Esta última especialmente, porque sonaba muy parecida a otra que significa "guarrería"... Eso, suciedaz. 

     Allí estaba hasta el signo + que, a falta de trabajo en su empresa, la aritmética, se había venido a la gramática para ocupar el puesto de cuatro compañeras, las añoradas de "más". Tilde, eme, a y ese cada vez tenían menos servicios que cumplir en conjunto, así que se veían poco. 

     Además, todas añoraban los tiempos de los agentes  que vigilaban la buena convivencia entre las letras. Ahora habían sustituído aquella policía tan humana y cercana por otra que era como los porteros automáticos, fría e impersonal. "Correctores ortográficos" les llamaban.

     Tanta crispación se produjo, que comenzaron a saltar unas sobre otras y decidieron ir por libre y hacer cada una la guerra por su cuenta. Por eso, empezaron a hacer asociaciones como tq para declarar el amor; M1ML por ahorrar el gasto que supondría unir a tantas letras para decir "mándame un mensaje luego"; o NSN d ti kntm q acs? para expresar "No se nada de ti, cuéntame, ¿qué haces?"

     Posiblemente las veamos representadas en la próxima huelga general del día 29 por sus representantes sindicales entre los que se encuentran el signo | y el ¬, que no es que sean muy productivos, pero ahí están.