viernes, 15 de marzo de 2013

Sentado al borde de la mañana


     Pasó el tiempo del miedo, el tiempo de la duda. Atrás quedó la época del pudor y del artificio. Soy como soy y ni puedo hacer nada por evitarlo, ni deseo complacer con actitudes fingidas. Las arrugas de mi rostro añoran una tersura perdida pero se alegran de todo lo que llevan dibujado.

     Ni cambio al último modelo de móvil para dar una imagen, ni sonrío sin ganas, ni, por supuesto, lloro para dar pena. Telefonearé, reiré y lloraré cuando de verdad lo sienta. Noto que cada día soy más niño para jugar, para divertirme y para disfrutar de todos los momentos. Pese a quien le pese y lo crea quien lo crea. Es lo que tiene la edad, que ya no tienes que dar explicaciones a nadie. Hace mucho que llegaste aquí.

     Muchos pasaron y muchos se quedaron, pero no forcé a nadie a seguirme. Respeto demasiado la libertad. Y respeto la opción de cada uno. Hasta esos límites. No debo nada ni quise que me debieran.

     Y, como cada día, sigo alimentando esta mente de niño de fantasías y sueños. 
     Así, cada día, sigo viviendo una nueva aventura.  




Sin demagogia


     "La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia, como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis donde nacen la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar superado.
     Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más los problemas que las soluciones. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos.
     Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.
     Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de eso, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la que tragedia de no querer luchar por superarla."

Albert Einstein 


miércoles, 13 de marzo de 2013

Desvaríos


     Crear, nacer, vivir...

     No me cerraré al tópico de que no podría hacer otra cosa en la vida. No. Podría hacer muchas cosas, pero creo que ninguna me haría temblar tanto de miedo ni me haría disfrutar tanto a la vez. 

     Buscar en el interior de un ser desconocido que harás tuyo. La desesperación que hace a tu puño empotrarse contra un mueble en expresión de la rabia interior que tienes contra ti mismo. Dolor. Y esas lágrimas de impotencia que no llegan a aflorar. Llegar al vacío para llenarlo de colores. Encontrar la senda de tus pisadas. Creación.

     Notar que tus impulsos acompañan al personaje que empieza a cobrar forma. Indagar en el motivo de cada movimiento, cada sensación, cada expresión. Observar. El momento mágico de una reacción que sorprende hasta a uno mismo. Mirar al compañero y ver su complicidad, la emoción que emana de su mirada a la tuya. Nacimiento.

     Sentir la mano en el hombro. Caliente, como latido de corazón. El consejo esperanzador. La comprensión a una disculpa, y las palabras de aliento. Apoyo. El "sé que puedes, confío en ti" del compañero. La chispa de momentos fugaces. El silencio y la expectación. Vida.

     ACTOR.



lunes, 11 de marzo de 2013

La vida entre costuras

     
     Martina aprendió a poner costuras a la vida cuando la vida apenas había comenzado para ella.
     Desde los siete años sus dedos ya empezaron a dibujar con su agudo pincel a través de sábanas, paños y franelas. Las sedas vendrían después, cuando su destreza aseguraba que no daría mal fin a tan delicado lienzo. Intuitiva y perseverante fue aprendiendo todo tipo de artes, desde la difícil tarea de zurcir un calcetín, hasta la vistosa labor de crear una camisa. En su proceso no había patrones, éstos los aprendería muchos años después. Sólo existía su visión magistral a la hora de encarar un encargo. 

     Y así, puntada a puntada, un día decidió montar un pequeño negocio. Una tiendecita de retales donde todo se traía por encargo (no tenía posibles para comprar telas para almacenar), y que le servía como taller para los encargos que iban surgiendo. Poco a poco aquello fue prosperando hasta que logró tener un interesante catálogo de materiales ya en su propio almacén. 

     Tanto crecía el negocio que requirió de la ayuda de dos empleados. Coral y Diego empezaron a trabajar en la tienda que ya tenía una buena clientela. Todo fue como la seda hasta que los jóvenes empleados empezaron a poner en duda la forma de llevar el negocio de Martina. Le decían que perdía dinero haciendo favores a cualquiera (algunos trabajos que no llegaba a cobrar), que no ponía la dedicación que el negocio requería, que sus métodos eran anticuados, que ya sólo pensaba en su jubilación... En fin, que la pobre Martina llegó a sentirse abrumada por el nuevo rumbo que había tomado aquello y su imposibilidad de redirigirlo. Así que tomó la única decisión que le reportaría tranquilidad: traspasó por un precio simbólico el negocio a sus empleados y con lo que tenía ahorrado montó una tienda de ropa.

     Pasó el tiempo y el negocio que fundara Martina mucho tiempo atrás iba decayendo. Los clientes dejaron de ir porque no encontraban el consejo diestro de la antigua dueña, ni la confianza del trato cercano que antes se les daba, ni la posibilidad de aprender los mínimos conocimientos de costura que ella les ofrecía. 

     Martina, entre tanto, consiguió que su flamante tienda de ropa le diese para vivir holgadamente y llegar a la jubilación con unos hijos y un marido que disfrutaban de su próspero establecimiento.

     Y colorín, colorado... este cuento no ha acabado.       


sábado, 9 de marzo de 2013

Escucharlo de su boca


     Hay palabras que van más allá de su simple significado.

     El tiempo ha curtido su piel y la vida se ha alimentado de sus músculos. Su cuerpo se ha debilitado y se ha hecho ligero como su voz. Las arrugas de su piel son la obra maestra de una vida.
     Sus palabras, sus miradas, las llevo impregnadas en la piel como parte de mí.

     Nadie me ha dado tanto a cambio de tan poco. A cambio de mi ausencia, de mis escasas llamadas, pero jamás de mi olvido. Cada día ella es parte de mí, de mi memoria y de mi camino. 

     Sus manos han tocado el sufrimiento y el amor. Esas manos que aún intentan sujetar a los demás cuando no se bastan para sujetarse a ella misma. Amor y entrega en estado puro. Esas manos que saben repartir lo poco que tiene y dar a cada uno la mejor parte. Esas manos que, temblorosas, muestran orgullosas una foto o una fotocopia ajada de un recorte de periódico. Esas manos que tejen bufandas con el mismo cariño que preparan un guiso o calman un corazón quebrado. 

     De ella aprendí lo que es amar a su hombre hasta el último momento. De ellos dos aprendí lo que es el respeto, el cariño, la paciencia y la lucha. Aprendí que la comprensión vence al rencor y al resentimiento. De ellos aprendí que ser humilde y pasar necesidades no era deshonroso, que no había que asustarse ante el trabajo duro y que, aún en las situaciones más difíciles, siempre había una salida.

     Puedo tener muchos héroes y personas a las que admiro, pero a nadie más que a ella.
 
     Nada me estremece más que escuchar cómo me llama "hijo". Ni un "te quiero" mío puede superar eso.


La ventana de la verdad


     El teatro es esa gran mentira que parece decir verdades. 
     Verdades adornadas, verdades con tintes de realidad.

     Pero lo cierto es que si el teatro contase las auténticas verdades, el público no lo soportaría. El público quiere ver la verdad en otros, en los personajes. Y siempre hay un punto de voyeurismo en el espectador que le hace aguantar esas evidencias pensando que se refieren a otras personas.
     Es preferible verlo como "les pasa a otros", porque de lo contrario sería insoportable.

     Y, mientras al público se le muestra un mundo ilusorio envuelto en luces y premeditación, en la trastienda bullen emociones y vidas empapadas de su propio melodrama.

     Por eso hay que seguir haciendo teatro de lo que les pasa a los otros para aliviarse de lo que nos pasa a nosotros.



jueves, 7 de marzo de 2013

Amar demasiado y perderlo.


     Amar y perderlo da paso al resquemor.
     El resquemor que te atormenta y te cierra los ojos.
     Cuando amas demasiado y lo pierdes no puedes evitar esa época en la que el odio o, en el mejor de los casos, el resquemor, llega a ocupar gran parte de tus días.
     Es el problema de haber querido y entregado demasiado. Inconveniente que no tienen los que no arriesgaron nada en ello. Éstos pueden cambiar de rumbo con un simple volantazo.

     Pero hay un maravilloso momento, en el que, superada esa época, consigues sacudirte ese lazo invisible y concluir que aquello no merecía la pena, que tu vida ha ganado con el cambio y que deseas lo mejor a la otra persona. De corazón. Pero lejos. No permitirás volver a revivir esas etapas de nuevo.

     Y así la vida va pasando.
     Entre afectos perdidos y amores ganados.
     Entre cariños y resquemores.
     Entre la obsesión y el olvido.
     Para llegar al sosiego del vacío. 



 

miércoles, 6 de marzo de 2013

Soneto de primavera

      
     Quiero desayunar la clara mañana,
     contemplar pisada a pisada el jardín,
     admirar la tierna soledad del jazmín
     que, al roce del sol, hoy renace temprana.

     Observar las hojas que lloran rocío,
     saborear la escarchada tierra silente,
     prodigiosos brotes de color ardiente
     asoman suaves, en humilde desafío.

     Se esfuman los claroscuros del invierno,
     la gelidez se desvanece entre brumas,
     y el verde despliega su camino tierno.

     Tibio roce de alivio tu humedad rezuma,
     devuelves tu lienzo tonal sempiterno
     y de nieves a vientos tu fulgor trashuma.

Eduardo Gutiérrez


 

lunes, 4 de marzo de 2013

Vengo

     
     Vengo del silencio de los muros de barro,
     de las manos endurecidas de abrazos,
     del sudor solidario
     y del amor sencillo.

     Mis manos tocaron las más altas copas
     sin dejar de sentir la tierra.

     Mis ojos brillaron al triunfo
     y lloraron lágrimas ajenas.

     Mi memoria ha sentido
     el frescor de la caricia,
     el dardo del desierto
     y la iniquidad de la mentira.

     Con el mismo ardor ha sentido
     el beso de una mirada
     la sonrisa de una palabra
     y la devoción de una espera.

     Y el corazón, cargado de latidos,
     se desgarra por existir, día a día.


domingo, 3 de marzo de 2013

Las luces del cielo


     Pequeño, como un retoño de higuera, el pequeño Manuel no levantaba tres cuartas del suelo. Desde allí abajo el mundo se veía grande, alto, inmenso. Correteaba por el huerto queriendo hacerse dueño del dulce olor de los tomates, y saboreando cada aroma que desprendían a su paso pepinos, pimientos, girasoles...

     Observaba la furgoneta que venía cada mañana a recoger la leche de las cabras y, en un alarde de fortaleza, intentaba moverla para que arrancase. Lo había visto hacer muchas veces a los mayores, pero a él le debían de haber puesto alguna trampa, porque no conseguía ni que se balancease lo más mínimo. Algún día tendría fuerza suficiente para mover aquel vehículo cuyas ruedas tenían su misma altura. 

     Una tarde las nubes oscurecieron el cielo y unas extrañas luces empezaron a caer desde lo más alto. Rompían el silencio con gran estruendo después de haber dibujado brillantes brechas que cruzaban desde allí arriba hasta el suelo, allá en el horizonte.
     Se vio desprotegido ante tamaña exhibición de crujidos y luces cegadoras. Corrió y corrió para ponerse a salvo. Encontró un trigal que verdeaba ya los en los primeros días de mayo y que podría servirle de cobijo. Cuando estuvo totalmente cubierto por él, se sentó a esperar que aquello pasara.

     Unos cuantos fogonazos después, oyó a lo lejos las voces a distinta escala de su madre, su padre y sus hermanos. Cuando los tuvo suficientemente cerca, se atrevió a gritar "¡Estoy aquí!". 

     Su madre lloraba, su padre lo miraba con ojos asustados y él sólo se atrevió a decir "Vine a esconderme, porque la bruja estaba tirando cerillas".  


 

sábado, 2 de marzo de 2013

Estamos en el aire


     Eduardito llegó aquel día, como otros antes, con el anhelo de pasar un rato junto a los que hacían la magia de unir a miles de personas a través de las ondas.
     En aquella plaza que a él le parecía inmensa porque era la antesala a la ilusión, respiró hondo y se dispuso a entrar en esa emisora de radio.

     Pero aquel día algo iba a truncar sus esperanzas. El portero lo detuvo cuando se disponía a tomar el ascensor. Sus palabras sonaron como un golpe en el cogote, lo que se conoce como colleja. "¿A dónde vas, chaval?" La voz de Eduardito tembló al decir "voy a... a... a la radio". 
     "Lo siento, no se puede subir si no estás acreditado" le dijo aquel señor de evidente poder en la cuestión de quién entraba y quién salía. El chaval ni estaba acreditado, ni sabía en qué estanco vendían ese título. Sólo era un pobre muchacho sin padres influyentes ni más estudios o prebenda que su ilusión.

     Volvió de nuevo a la plaza y se sentó con los ojos puestos en el cielo sin saber qué hacer. Había hecho un viaje que resultaba muy largo para un chico de 14 años.
     Varios minutos pasó así hasta que vio la luz de lo que le podría llevar a su objetivo. Dos famosas cantantes de la época se acercaban a la entrada. Momento que él aprovechó para colocarse discretamente y, mientras el portero hacía reverencias a las eminencias recién llegadas, pasó sin ser visto y se coló en el montacargas. No podía esperar al ascensor porque lo pillarían, y el montacargas que circulaba sin parar era la única posibilidad de llegar a la novena planta. 

     Tuvo que saltar al llegar a su destino porque, de lo contrario, hubiese vuelto a bajar boca abajo en aquel montacargas que era como una noria sin fin.
     Entró en la emisora y le saludó la técnico y el locutor que ya lo conocían de otras veces. Después de un rato allí, el locutor le dijo "¿quieres presentar el próximo disco?". Las piernas de Eduardito temblaron y las manos le empezaron a sudar, pero sin pensarlo un momento dijo un "Sí" que debió de retumbar en toda la planta.

     Se colocó frente al micro y dijo "a continuación, Rod Estúar con el tema Tunáit Is De Náit" y la música empezó a sonar.

     El corazón de Eduardito latía a una velocidad inaudita, sin imaginar siquiera que en el futuro pasaría muchas horas ante un micrófono dirigiéndose a millones de personas.


Dedicatoria


Dedico mi día:

     -A los que preguntan "¿cómo estás?" y se esperan a la respuesta.
     -A los que te dan energías cuando a tí te faltan.
     -A los que no esperan a tus tristezas para animarte y así sentirse mejor consigo mismos.
     -A los que te animan incluso en los proyectos más descabellados, si éstos son tu ilusión.
     -A los que te hablan sin buscar una razón ni pensar en tu posición social.
     -A los que te consideran interesante pero no necesario.
     -A los que te buscan para hacerte partícipe de su vida.
     -A los que te cuentan sus penas y no te hacen responsable.
     -A los que te cuentan sus alegrías para que disfrutes con ellos.
     -A los que, sabiéndote imperfecto, no te fuerzan a que cambies.
     -A los que, tras tu error, no dicen "te lo dije".
     -A los que le quitan importancia al error por el que sufres.
     -A los que te aceptan como eres y lo consideran un valor añadido.
     -A los que sueltan lo que tienen entre manos a tu grito de socorro.
     -A los que te echan de menos y no te lo reprochan.
     -A los que no se escandalizan cuando te descubren como persona.
     -A los que te dejan vivir a tu manera.

A los demás, ya les dedicaré otro día. 
(Quizá Drácula tenga una dedicatoria para ellos)


     

viernes, 1 de marzo de 2013

Púrpura bajo el blanco


     Los suaves copos de nieve bailaban su danza entre las luces del amanecer. Posaban su frialdad en la suave alfombra que iba cubriendo la tierra azotada por el tiempo.

     Unos pequeños tallos con una flor de color púrpura intentaban mantenerse sobre el húmedo manto. 

     Silenciosamente, los copos de nieve seguían deslizándose a través del aire y cubriendo más y más los áridos surcos del campo. 

     Se erguía la flor en un último esfuerzo por mantenerse a la vista del sol que ya asomaba por el horizonte. Sus pétalos resistían levemente, esperando que la cálida luz de la mañana le ayudasen a mantener su integridad.

     La insistencia de la nevada hizo que el suelo se cubriese de un palmo del blanco lienzo.

     El diminuto tallo quedó enterrado en una muerte prematura sin saber si la calidez del día llegaría a tiempo para evitar su muerte.     
     



martes, 26 de febrero de 2013

Y no tenerte

    

Tanto ama el sol a la luna
que, aplacando sus deseos,
por el temor a abrasarla,
le basta con darle luz. 

No puedo evitar estremecerme
al recordar tus palabras;
y el espejo es mi cómplice
en busca de mis ojos olvidados. 

No pienses más allá, 
y no influyas en el rumbo,
ni detengas tu caminar. 

Avanza, como avanza el mundo. 




lunes, 25 de febrero de 2013

Me gusta


     Me gusta
     el púrpura sobre los montes, 
     el silencio de la mañana,
     los campos enharinados de invierno,
     la bruma que acaricia con su brillo,
     el sol que despereza a los pájaros,
     la sombra del junco cruzando el arroyo,
     las ramas del árbol cosquilleando al cielo,
     la nube que observa desde su soledad.

     Me he asomado a la ventana
     y me gusta este día.



domingo, 24 de febrero de 2013

Donde el vuelo le lleva


Volaba.
Sobre un campo de rubios trigales, 
volaba.

Sus alas empujaban con fuerza 
contra un viento duro como piedra.
Se dejaba caer exhausto
y remontaba en un hálito de coraje.

Un abedul erguido le rozó con su copa la cara
y sintió que la cuchillada le llegó al alma.
Notó correr su sangre por la mejilla y, 
sin dejar de batir las alas,
puso sus ojos más arriba.

Las nubes parecían ofrecerle su tierna caricia.
Las imaginó como algodones celestes
y se lanzó hacia lo alto.

Y subió, subió, subió...





sábado, 23 de febrero de 2013

Sonríe, payaso


     Sonríe, payaso, colócate tu nariz y píntate tu sonrisa, aunque el dolor te haga torcer el gesto. 

     Si pudiese coger un trozo de mi corazón y dároslo para aumentar vuestras fuerzas, lo haría. Pero sé que no es necesario porque no se puede tener más corazón que el que tenéis vosotros. 

     Sé que vuestra vitalidad puede con cualquiera de los enemigos que intentan apoderarse de vuestra salud. Ahora que vuestras noches se plagan de dragones nocturnos, en un alarde de fortaleza, aún seguís pintando de colores las ovejas y organizando vuestro ejército espartano para librar esta batalla. Una batalla que os llevará al triunfo.

     No os conocéis entre vosotros, pero yo sí. Vuestros enemigos no son los mismos, pero la lucha es igual.
     La bendita casualidad ha hecho que forméis parte de mi vida y que me estéis enseñando lo que de verdad merece la pena. Hace falta mucha bondad para dar tanto; hace falta mucha generosidad para ser payaso y, hasta en los momentos más duros, regalar vuestra genialidad y vuestro buen humor.

     Gracias por estar ahí, gracias por vuestras energías, gracias por enseñarme tanto, gracias por ser tan extraordinarios.


     Dedicado a dos artistas, actores, personas y amigos que hacen tan grande el oficio de payaso.

viernes, 22 de febrero de 2013

Recuerda


"Recuerda...
Que siempre existen tres enfoques en cada historia: mi verdad, tu verdad y la Verdad.
Que toma mucho tiempo llegar a ser la persona que deseas ser.
Que es más fácil reaccionar que pensar.
Que podemos hacer mucho más cosas de las que creemos poder hacer.
Que no importan nuestras circunstancias, lo importante es cómo interpretamos nuestras circunstancias.
Que no podemos forzar a una persona a amarnos, únicamente podemos ser alguien que ama. El resto depende de los otros.
Que requiere años desarrollar la confianza y un segundo destruirla.
Que dos personas pueden observar la misma cosa, y ver algo totalmente diferente.
Que las personas honestas tienen más éxito con el paso del tiempo.
Que podemos escribir o hablar de nuestros sentimientos, para aliviar mucho dolor.
Que no importa cuan lejos he estado de DIOS, siempre me vuelve a recibir.
Que todos somos responsables de nuestros actos.
Que existen personas que me quieren mucho, pero no saben expresarlo.
Que puedo hacer todo o nada con mi mejor amigo y siempre gozar el momento.
Que a veces las personas que menos esperamos, son las primeras en apoyarnos en los momentos más difíciles.
Que la madurez tiene que ver más con la experiencia que hemos vivido, que con los años que hemos cumplido.
Que hay dos días de la semana por los que no debemos de preocuparnos: ayer y mañana. El único momento valioso es AHORA.
Que aunque quiera mucho a la gente, algunas personas no me devolverán ese amor.
Que no debo competir contra lo mejor de otros, sino competir con lo mejor de mí.
Que puedo hacer algo por impulso y arrepentirme el resto de mi vida.
Que la pasión de un sentimiento desaparece rápidamente.
Que si no controlo mi actitud, mi actitud me controlará a mí.
Que nunca debo decirle a un niño que sus sueños son ridículos, ¿qué pasa si me cree?
Que es más importante que me perdone a mí mismo a que otros me perdonen.
Que no importa si mi corazón está herido, el mundo sigue girando.
Que la violencia atrae más violencia. Que decir una verdad a medias es peor que una mentira.
Que las personas que critican a los otros, también me criticarán cuando tengan la oportunidad.
Que es difícil ser positivo cuando estoy cansado.
Que hay mucha diferencia entre la perfección y la excelencia.
Que los políticos hablan igual en todos los idiomas.
Que es mucho mejor expresar mis sentimientos, que guardarlos dentro de mí.
Que al final de la vida me doy cuenta que las únicas cosas que valieron la pena son: Dios, mi familia, un grupo muy selecto de amigos y unas experiencias que me dieron crecimiento personal. Para ser exitosos no tenemos que hacer cosas extraordinarias. Hagamos cosas ordinarias, extraordinariamente bien.
Si alguna vez no te dan una sonrisa esperada, se generoso y da la tuya, porque nadie tiene tanta necesidad de una sonrisa como aquel que no sabe sonreír."
Mahatma Gandhi
 

jueves, 21 de febrero de 2013

De caminar solo.


     Manuel se volvió a calzar los zapatos de caminar solo. Los cordones se empeñaron en estrangular sus dedos durante un rato, hasta que consiguió dominarlos y organizar sus idas y venidas a través de los ojales.
     
     Manuel se miró al espejo y se colocó su suave sonrisa.

     Suavemente, como llevados de la inercia, sus pies comenzaron su rutina. Arriba, adelante, abajo, flexión, empuje... arriba, adelante, flexión... 
Con total coordinación compartían el espacio derecho e izquierdo. Ni uno suplantaba al otro, ni el otro relegaba al uno.

     ¡Qué sencilla convivencia!

     Manuel salió a la calle y pensó en las infinitas posibilidades que le ofrecía el mundo. Solo.

     Sus pies seguían discretamente las instrucciones silenciosas de su amo.

     Manuel se encontró con infinidad de personas ese día. Compartió, rió, se emocionó y vivió. Y al final volvió a donde había empezado. Solo.

     A Manuel no le apenaba estar solo. Porque tenía soledad suficiente para compartir con los viajeros que encontraba en su camino. 

     Manuel se descalzó y guardó por un rato los zapatos de caminar solo. 


Desiderata


    Camina plácido entre el ruido y la prisa, y piensa en la paz que se puede encontrar en el silencio. En cuanto sea posible y sin rendirte, mantén buenas relaciones con todas las personas. Enuncia tu verdad de una manera serena y clara, y escucha a los demás, incluso al torpe e ignorante, también ellos tienen su propia historia. 

     Evita a las personas ruidosas y agresivas, ya que son un fastidio para el espíritu. Si te comparas con los demás, te volverás vano y amargado pues siempre habrá personas más grandes y más pequeñas que tú. 

     Alégrate tanto de tus realizaciones como de tus proyectos. Mantén el interés en tu propia carrera, por humilde que sea, ella es un verdadero tesoro en el fortuito cambiar de los tiempos. 
     Sé cauto en tus negocios, pues en el mundo abundan las gentes sin escrúpulos. Mas no dejes que esto te impida reconocer la virtud; y dondequiera que mires la vida está llena de heroísmo. 

     Sé sincero contigo mismo, en especial no finjas el afecto, ni seas cínico en el amor, porque cuando aparece la aridez y el desencanto en el rostro, se convierte en algo tan perenne como la hierba.

     Acepta con serenidad el consejo de los años, abandonando con donaire las cosas de la juventud. Cultiva la firmeza del espíritu para que te proteja de las adversidades repentinas, muchos temores nacen de la fatiga y la soledad. Sobre una sana disciplina, sé benigno contigo mismo.

     No eres más que una criatura del universo, no menos que los árboles y las estrellas, tienes derecho a existir, y si no tienes ninguna duda, el mundo se desplegará ante ti.
     Por eso debes estar en paz con Dios, cualquiera que sea tu idea de Él, y sean cualesquiera tus trabajos y aspiraciones, conserva la paz con tu alma en la bulliciosa confusión de la vida.

Aún con todas sus farsas, penalidades y sueños fallidos, el mundo es hermoso todavía. Sé cuidadoso, esfuérzate por ser feliz.

-Max Ehrman


miércoles, 20 de febrero de 2013

Mi limón, mi...


     Aquel día, Diego había encontrado un limón de plástico en el trastero. Extraño elemento, pensó. ¿Y qué se puede hacer con un limón de plástico? Sus amigos tenían el Scalextric, o el Ibertren, o aquel coche teledirigido del que nunca recordó la marca, sólo la sensación de que sus dedos se movían en el aire para imaginar cómo sería manejar aquellos juguetes.

     Su limón de plástico estaba hueco y había sido contenedor de un sabroso helado, pero de aquella golosina ya con conservaba nada. Sin embargo, algo le atraía de ese plástico cítrico sin sabor.
     ¡A comer! oyó decir a su madre. Y guardó el limón en su caja del tesoro donde guardaba su libreta alopécica de hojas, su lapicero despuntado y su cuchilla Gillette. 

     Pasó la tarde pensando en la utilidad que podía dar a su limón de plástico. Con esa idea en la cabeza, le costó concentrarse en los deberes que le habían mandado en el colegio. Los terminó y abrió con expectación su caja del tesoro. Tomó casi hipnóticamente el lapicero y afiló su punta con la cuchilla de afeitar, abrió su libreta por una de sus escasas hojas y empezó a escribir "Clara y Miguel aparecen en escena y se sientan tras la mesa que está en el centro del escenario. Un limón es el único alimento que está sobre ella. Se miran... "

     Estaba seguro de que aquella función sería un gran éxito.