Pasé demasiado tiempo intentando agradar, preocupándome solo de servir a los demás, entregando sonrisas sin obtener respuesta... hasta que decidí vivir.
Me di cuenta de que merecía la pena actuar según mi criterio. Para bien o para mal. Me di cuenta de que no tenía sentido comportarme como me decían los demás, porque las consecuencias siempre las iba a pagar yo. Y así, ahora tomo mis propias decisiones, porque son mías. Y acepto encantado todas las consecuencias. Para bien o para mal.
Hoy ha sido un día agotador. Pero lo doy por bien empleado por el reencuentro con compañeros y amigos que me recargan de energía y que me aceptan como soy. Y porque mis decisiones de hoy me han llevado a disfrutar cada instante de esta vida que he elegido vivir.
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